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Reflexiones de un cazador reconvertido

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(@Chaín )
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Hace unos treinta y muchos años, más o menos, tuve mi primer contacto con los corzos, en aquella época andaba yo preocupado en levantar codornices furtivamente, mi arsenal para toda mi temporada estival estaba compuesto por, una del dieciséis de perrillos y dos tiros de mostacilla, debía salir temprano de casa, todavía de noche descolgándome por la “figal” que había crecido hasta aventurar una rama cerca de la ventana de mi cuarto, todas las mañanas, una hora antes de amanecer, me descolgaba por la higuera y con el cinturón le hacía un bozal al pointer, para evitar que saliese del “aira” ladrando a los mastines, que velaban en las “alzadas” (los lugares donde en verano se dejaban pastar libres vacas y ovejas) en aquella tierra de lobos, había que evitar hacer ruido, pues con once años, uno, corría el riesgo de probar el verdejo de cuero que aferraba el “focico” del can, ya que ni por asomo, suponía el resto de la familia, que me “despistaba” tan temprano para amanecer monte arriba, en las praderas que coronaban aquella inmensa fraga, antes olvidada, hoy en boca de toda esa nueva horda del senderismo de fin de semana, creo que fue mi primer encuentro con un corzo, en este caso hembra, surgió como fantasma entre un piorno, a postura de perro, ambos, perro y aprendiz, esperábamos a una pequeña codorniz que nos alegrase la mañana, así que ver saltar el culo blanco de la corza nos dejo traumatizados para las dos horas que nos quedaban de caza, salimos corriendo corza por la siniestra, perro y cazador por la diestras, yo como vampiro atemorizado ante los rayos solares, volaba monte abajo para llegar antes de que se despertase el resto de la familia, no pude quitarme la corza de mi cabeza, por un lado la curiosidad y por otro el ansia de hacerme con ella, un instinto primitivo, propio de un neathertal e imposible de describir a un neófito, que todavía hoy sigue tirando de mí cuando, a pesar de que ha pasado tanto tiempo, me levanto cada amanecida, lejos de aquella fraga y sin figal en forma de escalera, la familia queda durmiendo igual que antes y cuando entro en el cazadero, bien temprano, me saludan, como me saludaban hace treinta y pico años, las codornices madrugadoras....hace tanto que rececho, que ya, ni me acuerdo.

Si con once años no había otra posibilidad que la de andar escondido, recechando, fue otra caza, más social y en camarilla , la que me puso en contacto directo con los corzos, eso sí, había pasado tiempo desde mi primer encuentro, del que ahora guardo un buen recuerdo, pero del que rehuí muchos años por las funestas consecuencias que tuvieron aquellas excursiones para mis nalgas cuando una mañana la figal dejó de soportar mi peso y caí, como vulgarmente se dice, con todo el equipo.

No puedo evitar sentir nostalgia al recordar aquellas primeras cacerías en pos del corzo, cuando el rececho estaba proscrito en casi toda Galicia (excepto nuestra querida reserva nacional de caza en Ancares) y solamente se podían utilizar perros para sacar a los duendes del bosque, quizá porque mame entre cazadores, cuyo fin era disfrutar del concierto que daban sus perros de rastro dentro del corazón de la fraga, haya asistido desde mi palco de honor a cacerías cuyo saldo en gramos de carne, no solía acompañar la jornada, en la inmensidad del bosque, el corzo jugaba cuantas veces quería con aquellos tres o cuatro sabuesos que se desgañitaban para poner, pocas veces, una furtiva sombra a tiro de escopeta, denostar a estos cazadores y a sus perros, sería de una imprudencia manifiesta, aunque comprensible si uno no ha tenido la suerte de vivirlo, de chico, en primera persona.

Nunca medí mis trofeos en gramos de calcio, por aquella época el verdadero trofeo, lo que te hacía resplandecer con un halo fulgurante, consistía en poseer el mejor “sabues” y el orgullo de un cazador andaba vivo y coleando entre sus piernas, no tristemente colgado en forma de macabra calavera, en una desvencijada pared, eran otros tiempo donde quizá todos estábamos un poco más vivos, nunca, repito, se me ocurrió pensar que estaba jugando con ventaja y que mi pieza, el corzo, se metería ciego y reventado delante de los cañones del doce, entre otras cosas, porque si los perros eran buenos, y lo eran, los corzos entraban volando entre las urces, demasiado rápido para los quinientos metros por segundo de una gruesa bala del doce.

No tengo entre los despojos que cuelgan de la pared, muchos recuerdos de antaño, pues la cuerna solía acabar abandonada con el pellejo, tampoco tengo plaquitas de metal con el nombre de los “sabues”, verdaderos cazadores de corzos, solo de vez en cuando se me pasan por la mente y he de recurrir a mis notas para recordar las cacerías, las leo poco, porque pensando en los perros y en sus humanos conductores, muchos hoy tristemente desaparecidos, me veo como una hormiga entre aquellos auténticos cazadores de corzos y “jabalines” e incluso aparece algún pasaje, como uno que leí ayer, que me da dolor de orejas, que no de oídos, recordando un mal día, en el que se me paso por la cabeza, al haber visto un corzo macho de buen porte pastando en una pradera, con los perros en el maletero del 1.500, entrarle a rececho y apoyado en un murete soltarle todo el plomo que llevaba la repetidora italiana, errándolo pasmosamente, pero no fue el yerro lo que recuerdo, sino los gruesos dedos de un cura, habitual, cazador con sotana de esta partida, que me asió por las orejas y de puntillas me empujó hasta el asiento triple del negro estandarte de la SEAT, inexplicablemente para mí, mientras el mosén de “San Martiño” me espetaba.

- La caza a rececho, es la caza del furtivo –

Y tarde mucho tiempo en comprender aquella frase, entendiéndola hoy perfectamente e interpretándola como se merece; ahora que uno se cree cazador aguerrido por colocarle una balita de siete milímetros a lo que le da la real gana, pudiendo jugar con la muerte, a ser juez divino, administrador de sentencia, verdugo de testa embozada en camuflada prenda, al fin y al cabo, para su deleite y para que su conciencia, en todo caso, quede apaciguada y convencida porque en justicia, ha matado bien, ha matado lo que debía y ha matado cuanto debía....que fácil era antes, cuando al igual que los Neathertales cazábamos para comer lo cazado y dejábamos que nuestra conciencia viajase, administrando equidad, en las gargantas de unos buenos perros de rastro de cuyos nombres....si quiero acordarme.

Antonio Chaín



   
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(@Gerardo Pajares Bernaldo de Quiros)
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Estoy plenamente de acuerdo que el desprecio a la caza en batida solo se puede hacer desde el desconocimiento si no desde la ignorancia. Entre sus múltiples virtudes está la de orientarse de modo natural a la captura de jovenes dispersantes, a hacerse con posterioridad al celo, y sobre todo de haber servido de instrumento de cohesión social en el medio rural. Para mi lo mejor de las batidas son los amigos ¿Cómo si no hubiera podido conocer yo a personajes de la talla de los hermanos Zardaín, el Cholo, Luis de la Fervencia, Manolo Mingón, Chaín, Fernando El Luso, Luis Barata, Luis Ochoa, Manel, Genito y tantos otros? Hay personas y personajes, empezando por mi abuelo, que dedicaron su tiempo a estos menesteres que permitían y permiten una relación social trasversal con auténtica convivencia. La batida es mucho más que "ceibar os caes" (soltar los perros), es charlar al amor de una cocina atizada con leña de roble tomando un café negro mientras sientes los cencerros del ganado y las choclas de los sabuesos, es interesarse por la salud de una familia a la que, a lo mejor, no veíamos desde febrero, es comerse la empanada o el taco rememorando el lance, mientras los cazadores laten y los perros se mantienen "deitados". Esta de la batida es una caza de matar poco y en la que el valor nunca está ni en el trofeo ni en el tirador, si no en el perro, en el montero y en la estrategia del grupo.

Lamentablemente la batida agoniza. Hoy son legión los que tienen por único interés matar y destacar, incluso en las más populares de jabalí.

Decir que para el corzo la caza en batida es mala es obviar que en los únicos lugares donde en los peores tiempos se mantuvieron los corzos fue allí donde la tradición era la caza con perros. Afortunadamente a día de hoy incluso las mejores fincas de Cádiz, donde el interés por el corzo es enorme y el esfuerzo de gestión incomparable, se revitaliza la caza en batida, hecha allí con perrillos pondencos, manetos y con algún sabués también.

Yo cada otoño intento acudir a la cita con las batidas de corzo en esta bendita tierra asturiana -y también si puedo a la vecina Galicia- porque para mi es música el "llansido" del sabués cuando toca a levante, el abrazo cálido del amigo, el aroma y sabor de las viandas y la charla intrascendente de los camaradas.

Saludos



   
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(@Alfredo Elvira Serrano )
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Hermosos recuerdos y buenos sentimientos.

Lo único negativo es que seguimos poniendo a parir a la caza al rececho.

Tan ignorante es criticar la caza en batida como hacerlo con la caza a rececho.

Seguimos encarrilando los debates hacia la modalidad, en lugar de hacia cómo se practica cada modalidad. Tan carnicero puede ser un cazador de batida como un recechista sin escrúpulos, y ni la caza al rececho es de furtivos, ni todos los que cazan al rastro son unos faltos de criterio.

Seguimos defenestrando a los cazadores que no son de nuestra zona porque son de la otra, a los que cazan con perro de rastro, a los que cazan con perro de muestra, a los que...

En fin, el eterno debate, tras el cual sólo queda el campo quemado y ninguna conclusión, salvo la de que los cazadores siempre estamos desunidos y a la gresca por decir que lo nuestro es lo mejor.

Cortedad de miras. Mejor nos iría si reconociéramos la riqueza cultural, cinegética y de raíces que todavía poseemos por ser tan diversos, en lugar de mirarnos el ombligo.

Reconozco, no obstante, el sentido único que he podido encontrar en lo dicho, acerca de la necedad que los cazadores "de trofeo" han metido en la pureza de la caza de camaradería, eso es lo único que reconozco de todo lo escrito.

Un saludo.

Alfredo Elvira Serrano.



   
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(@Gerardo Pajares Bernaldo de Quiros)
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Alfredo, una vez más yerras. Tanto Chaín como yo somos devotos "rececheros" como dice un guarda que conozco. Cosa distinta es lo que pensaba el cura rural, cosa que por cierto tienen por tal multitud de cazadores rurales aquí en el norte. Desde siempre he escuchado juicios sobre la batida de corzos de boca de gente que nunca la vivió, por lo general despectivos y que son solo fruto de su inexperiencia y prejuicio.

Por cierto, hace unos días un buen amigo y colega me hacía llegar unas cuantas páginas de la Enciclopedia de la Caza en España dirigida por Conde de Yebes. Entre otras cosas recibía el capítulo escrito por Francisco González Bueno, miembro de aquel original grupo de cazadores llamado Alcyón, que versa sobre la batida de corzo con sabuesos. Es para enmarcarlo. Frases como: "Bosque y montaña mandan en la caza en el Norte, la teoría, siempre difícil, de la caza mayor es en él, antes que nada, una ciencia de la tierra"." No se habla jamás en el Cantábrico de perros por su número, que nunca fue igual llevar al Roque famoso que a otro cualquiera." "Sobre el rastro que dejó la caza no hay perro como el sabueso". Amén.

Y sobre desuniones y otras historias, supongo que no más que en otras aficiones, que veo yo que en el futbol los del Barça no se han alegrado este año de la victoria del Madrid, por poner un ejemplo. Por cierto, recomiendo la lectura de la magnífica columna que este mes escribe en una revista de caza, sobre estas cosas de las militancias y las uniones, mi buen amigo Mario Saez de Buruaga.

Saludos



   
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(@Alfredo Elvira Serrano )
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Hombre, Gerardo. Entiendo que los del Barcelona no se hayan alegrado de lo del Madrid, sólo faltaría. El fútbol es una competición entre equipos, y el que pierde (ejem, ejem, este año ha sido el Barcelona, y se le ha ido la Liga de las manos, cuaj, cuaj, cuaj, que me entra la tos, cuaj, cuaj...) se escuece durante una temporadita y punto. Pero en la Caza no nos encontamos en una competición. Y menos entre cazadores.

Además, todavía estamos los que sostenemos que la caza no es un deporte, rarito que es uno.

Competir y envidiar a otros compañeros cazadores no es de recibo, porque esto no es una carrera.

Sí deberíamos, sin embargo, limpiar la casa, ventilar las estancias (ya enrarecidas de olor a pienso, tiros ultramegalíticos, supercalibres y peazotrofeos), tirar por la ventana todo lo que no sirve (medallitas, podiums, barrer el suelo de tanto pienso y tanta cagada), y quedarnos con la caza, lo que de verdad es caza. Sea en rececho, en batida, con perros o sin perros, con reclamo de perdiz o con arco, con paralela de perrillos o con un canto tirao a sobaquillo, lo que sea, pero que sea caza.

Y si en el Norte cazan con perros, bien está. Y si en el Sur les da por atizarle un garrotazo a una liebre, también. Y si en el centro nos gusta un poco de todo, pues también. Cada uno con lo suyo, y todos contentos.

Con esta base, se pueden hacer debates sobre ética o sobre lo que se quiera, pero siempre entendiendo que el frente común de todos los cazadores no debería ser una traviesa en medio de nuestras filas (salvo que en nuestras filas haya correos del enemigo), sino una trinchera frente a los que realmente nos atacan: la trofeítis, el comercio, el pienso y el furtiveo, amén de los urbanitas, los pichaflojas, los sensibleros y la mayoría de los que desconocen esta hermosa pasión que nos absorbe, día y noche, ya sin remedio hasta que pasemos al otro barrio.

Agradecido a Dios y a mis Ancestros por haberme envenenado con la caza:

Alfredo Elvira Serrano.



   
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(@IÑAKI G. )
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Joder Antonio¡¡¡

No se si tengo frío o calor, si los pelos se me han erizado por dicho frío cosa que no creo por ser Julio y en Madrid o por tan preciosa reflexión.
A partir de ahora te voy a llamar Papa Chaín. Lo de Papá tiene sentido para mi. como me has recordado a mi Padre¡¡¡¡ que por tierras Asturianas anda (en su publín) ya que sus vacaciones han pasado de ser de 1 mes a tirarse con los suyos sus 5 o 6 meses al año.
Me has recordado a él, que siempre en esos traslados de fin de semana de montería en montería, de safari en safari sus relatos siempre son los mismos, cuantas veces los habré oído y nunca me canso (pocas veces habla de sus elefantes, de sus viajes, que se yo, de todo) pero cuantas veces le he oído y le he visto soñar pensando con sus perros, con que ahorraba de chaval y se sacaba unos dinerillos cazando martas…para poder ir a León a pegarse un homenaje de codornices, de todos los cartuchos que ha recargado utilizando trocitos de alambre por plomo, de las horas y horas que se ha tirado tras una perdiz que echaba el vuelo de ladera a ladera (laderas Asturianas), que si el zorro, que si aquel primer jabalí que se cazó en la zona (año 45), el corzo, la torcaz.
Y ahora mi reflexión, que tendrá esa época, para que mi padre y muchos de vosotros retrocedas en el tiempo para recordar vuestros comienzos.
Las sonrisa más grandes se las veo cuando habla con su primo o con cualquier aldeano de su zona, que le dice ¿recuerdas aquella raposa que……….?`o cuando sigue hiendo al corzo por Valdés y le dice al guarda si cogemos ese sendero llegamos a tal prado que da a la casina de tal…. Y el jodío se acuerda y como le gusta (pero no se acuerda que el día antes le he dicho que maña tenemos una firma en el notario o cosas parecidas).
Gracias Antonio porque me has hecho estar más cerca de él y de sus pensamientos.
Un abrazo



   
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(@José Mª García Ruipérez)
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Hola amigos,
creo que todos tenemos un "algo" metido en nuestras venas que nos hace, además de cazar, sentir y vivir con eso que llaman caza.
Un buen día, allá por 1978, con mi buen amigo Pedro Medina padre, caminando por una vereda, que aún hoy está marcada y que lleva a una charca que pocos conocemos, me espetó sin venir a cuento, Txema, algún día tendrás mujer que te quiera, y no olvides nunca esto, " si es buena y te quiere, te esperará, pero nunca dejes una res, que esa sí que no esperará por tí".

y realmente así es, el primer día de conocer a mi mujer, el primer café, la solté, soy cazador y pescador y la mujer que esté conmigo toda la vida lo entenderá o no estará conmigo. nunca más se lo he tenido que recordar y de esto hace ya once años, y una hija.

Así que la caza marca una forma de vida, un no sé qué, que hace que cada día desee estar en el campo con mi hierro al hombro y viendo amanecer en la compañia del cuco, de los mirlos, de las torcaces que pasan palmeando las alas sobre mi cabeza, del olor de la hierba cubierta por el rocío lamiéndome las botas a cada paso.

Yo qué sé, es tan dificil explicar lo que se siente por la caza, y lo que somos capaces de hacer por esos momentos, que me harían falta 7 días y no terminaría.

un saludo

TXema García



   
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