Hace un par de días leía la columna mensual que Ramón J. Soria Breña tiene en Trofeo. He de reconocer que me gusta el estilo y las ideas del columnista sociólogo pero creo que en esta ocasión "Elogio a la lentidud" ha estado espléndido. La página glosa lo que es la caza para el autor y para algunos que pensamos como él. Un sitio de retiro y de sosiego, de mero esparcimiento, donde disfrutar del lento discurrir del tiempo es más importante que el sacrificio de la bestia o el reconocimiento social que propicia el acúmulo de piezas muertas o sus tamaños. Sr. D. Ramón J. no tengo el placer de conocerle pero sepa que en mi tiene un discípulo.
Saludos
Creo que somos muchos los que pensamos igual. Hay ejemplos a los que alguna vez hemos asistido como modalidades de caza en la que impera la competición por la cantidad, o calidad, donde se valora la garantía, y sobre todos esas competiciones de menor en los que el cazador corre arriba y abajo con la escopeta en todas direcciones, es terrible y estresante. Esto no quiere decir que esté en contra de ello, pero para mi es todo menos relajante y sosegado y en dirección opuesta a mi práctica de la caza.
Hay días memorables en los que culminas con un gran lance, pero en mi caso, estadísticamente los más numerosos son los días en el que te vuelves BOLO, pero también tengo que añadir que hay muchos dias de BOLO MEMORABLES.
ejemplos.
- Días que por inclemencias acabas de chachara en una lumbre.
- Finalizar rececho en una cumbre.
- Reunión de amigos al rededor de un gran almuerzo a las 10 de la mañana.
- He visto a una persona dejar el rifle y salir detrás de una collera de pájaros para fotografiarlos (Elanio Azul) y entenderlo perfectamente.
- Pasar un día de montería con los pies llenos de cartuchos/bala del 20 de tu hijo. (no fue relajante en su momento, pero el recuerdo es cojonudo)
- Día de descaste con tus tres hijos y tu mujer en el que tu hija de 4 años no te deja tirar las crias y las hembras.
Los que disfrutamos de la caza como lo has definido Gerardo, somos el doble o triple de agraciados, ya que volvemos más veces más felices del campo.

