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Asturias, tierra de agua

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(@Gerardo Pajares Bernaldo de Quiros)
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Registrado: hace 7 años
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Parece un contrasentido, tierra-agua, pero es la materia de Asturias. Los que conocéis esta tierra y sus corzos, y sabéis de su abundancia, sabéis también que la dificultad la suele añadir el medio y sobre manera el clima. Unos días es la niebla -vapor de agua- otros días la lluvia y otros el viento seco del SW.

Estos días tras las corzas nos han ofrecido un buen catálogo de sucesos climáticos que ponen cuesta arriba el éxito. Y todo depende del agua, bien por exceso o bien por defecto.

Pero en Asturias el agua es algo más. Es la esencia de esta tierra. ¿Imagina alguien una Asturias que no sea verde, sin ríos, sin manaderos y fuentes por doquier? Imposible.

A la vez este agua, su abundancia, ha dado lugar a este paisaje agreste y difícil. Las riegas, arroyos y ríos, profundos y crespos tajos que han tallado la roca durante siglos y han dividido a las gentes y animales en valles inconexos, delimitan el espacio y dificultan el desarrollo. Pero así es esta tierra, agreste, dura, pindia y verde.

Pero a la vez la gente ha sabido explotar esta abundancia y ha desarrollado multitud de ingenios maravillosos. Si en alguna ocasión os acercáis por el Occidente de Asturias no dejéis de visitar O Teixois en Taramundi. O sorprenderá el ingenio y la sencillez del planteamiento de como el agua puede pasar a ser útil físicamente para multitud de cosas.

A estas alturas alguno se preguntará qué demonios nos quiere contar éste en un foro de corzos. Pues bien, el pasado sábado, intentando una vez más cazar una corza, arco por medio, me di de manos a boca con un ingenio que su autor había colocado para espantar corzos de unos pequeños prados. Había visto reproducciones y restos de trastos de este tipo, o parecidos, para espantar osos y jabalíes, pero eran ligeramente distintos. Este, sin embargo, está destinado a evitar a los corzos por capricho de su autor, con quien departí un rato, ya que considera que le estropean la hierba.

El "artefacto" consta de una cañería hecha en madera de castaño y un embudo, del mismo material, que canaliza el agua de un pequeño manantial, de modo que cae en vertical sobre una rueda o "rodezno" hecha de madera con unas pequeñas paletas metálicas, que se une a un eje de hierro de forja que tiene a su vez una pestaña. Hay igualmente un martillo o mazo de hierro, soldado a otro eje de modo que al girar el primero hace que el mazo caiga una y otra vez sobre un cazo. Para darle más sonoridad el autor coloca un trozo de loza entre el mazo y el cazo.

El aparato queda desembragado durante el día y lo pone a funcionar de noche.

Los que conocía hasta ahora cargaban agua hasta un punto que obligaba a alzar un mazo y descargaba un fuerte golpe. De esos aún quedan algunos por ahí, pero este es insólito. Realmente dudo de su eficacia para evitar a los corzos, pero es señal de un ingenio asociado a la convivencia con el agua que me ha parecido gracioso y digno de señalar.

Por cierto, respecto a las corzas nada hice, ya que el viento del SW las hacía recelar y salían de naja con nada. Cosas del agua y sus caprichos.

Saludos



   
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