Buenas tardes,
Alguno me podría decir si existe alguna relación entre el peso de la cuerna de los corzos y su época de caza. Me refiero a que pesen menos los cazados en abril y más en junio. En alguna parte creo haber leído algo de esto, pero buscando en los foros no lo he encontrado.
Si que he encontrado otras cosas, que van algo en contra de esta teoría pero quisiera cerciorarme. Muchas gracias.
Un abrazo
Juan Arce Aliseda
buenos días, Juan.
no te de vergüenza, y expón aquí tus hallazgos, hombre...!
te digo mi opinión.... yo siempre he pensado que una vez que la cuerna está "hecha" pierde toda vascularización por lo que no puede sufrir alteraciones estructurales. lo que pasa es que me resisto a pensar que esos corzos que mato a finales de julio o en otoño no resulten más "densos" porque desde luego que tienen todo el aspecto.
me imagino que en sitios tipo Valsemana donde los tienen cautivos podrían serrarles un cuerno tan pronto esté duro y compararlo con el reciente desmogue del otro cuerno.
como al homologar los corzos pesamos todo el cráneo y luego medimos el volumen solamente de la cuerna, no sé si el cociente podría proporcionarnos una indicación realista dela densidad del cuerno únicamente. me gustaría saber qué piensa la gente más experta al respecto... si créeis que pudiera tener interés me pongo con ello.
y no seas tímido, anda.
un abrazo.
Alvaro Mazon
Buenos días, Juan y Álvaro:
Soy consciente de que hay en este foro gente mucho más autorizada que yo para hablar del tema, pero voy a echar mi cuarto a espadas. No pretendo en absoluto sentar cátedra, mas como da pereza volver a escribir algo que ya se tiene y es mucho más fácil cortar y pegar, procedo a esto último con lo que yo escribía hace algunos años en mi libro Cosas de Corzos. Allá va:
"Una creencia bastante extendida entre los cazadores es la de que el peso del trofeo aumenta conforme avanza la temporada. Aunque la comprobación de esta teoría resulte imposible (ya que habría que matar al mismo animal dos veces para poder cocer y pesar su cráneo y cuerna en dos momentos diferentes de su ciclo vital), la cifra de densidad media (es decir, el resultado de dividir en un número suficiente de ejemplares el peso entre el volumen) sí parece incrementarse de la primavera al otoño. Aunque la teoría oficial en el mundo científico era -hasta hace poco- que, una vez formada la cuerna, el proceso de mineralización quedaba definitivamente concluido y que, al suprimirse la irrigación del tejido poroso de aquélla -más o menos simultáneamente al descorreado-, el trasvase de materia resultaba imposible, recientemente se ha comprobado que, aún después de ese momento, sigue existiendo internamente flujo sanguíneo, por lo que "a priori" no habría obstáculo fisiológico para que, a lo largo de los meses de verano, la cuerna pudiese ganar en densidad y, por tanto, en peso (*58).
Al hecho de que "la mayoría de los corzos cazados tardíamente en la temporada parecen tener cuernas muy densas y duras en comparación con los trofeos de aquellos animales abatidos recién descorreados", encuentra R. Prior sin embargo una explicación diferente, que se basa en la saturación de los poros de su superficie por resinas y otras materias vegetales o minerales procedentes del entorno, que penetrarían en la cuerna durante las frecuentes labores de marcaje y escodado en las que el animal la restriega contra arbustos o matas (*59). La impregnación de toda la superficie del trofeo por diversas materias se produce, sin embargo y según mi personal criterio y experiencia, bastante rápidamente, en las primeras semanas que siguen al escodado, durante las que el animal se muestra particularmente activo en frotar la cuerna contra la vegetación. (De la intensidad de esta labor puede hacerse uno clara idea si abate un animal recién descorreado: además de la calidad blanquecina y porosa de su cuerna llama enseguida la atención su carácter pinchudo, ya que los abultamientos o excrecencias que pronto se convertirán en perlas -al ser redondeados y pulidos por el frotamiento- aparecen aún como salientes agudos y afilados, que impiden, por ejemplo, arrastrar en esa época un corzo tirando de su cuerna sin dañarse las manos). Como el oscurecimiento de la cuerna y el redondeo y pulido de perlas y rosetas se puede comprobar que queda realizado en gran medida en pocas semanas, parece lógico que el incremento de peso en la cuerna por la impregnación de resinas y saturación de poros que sugiere Prior se produzca sólo en ese período inicial (de no más de un mes o mes y medio de duración, al cabo del cual ya los corzos cobrados presentan los trofeos perfectamente teñidos y con sus perlas y puntas bien pulidas. Por ello, la teoría apuntada por Prior sólo serviría para explicar un posible aumento de peso entre los trofeos de los corzos cobrados en abril y los abatidos en junio, pero no justificaría un posterior incremento -que, aunque empíricamente parece comprobado, aún está por demostrar de modo científico- hasta septiembre u octubre.
Seguramente en una suma de ambas causas (aporte interior de materia ósea aún después del descorreado y saturación de los poros del perímetro de la cuerna) se encuentra la razón de que en general los trofeos cobrados ya avanzada la temporada resulten más pesados y arrojen puntuaciones más elevadas. Es difícil, sin embargo, que pueda darse el caso de que alguien -localizado un gran ejemplar de corzo en su zona de caza- sea capaz de arriesgarse, aguardando unos cuantos meses hasta su abate, por mor de exprimir algunos gramos a la báscula, aunque no sea malo tener conocimiento de que la caza de otoño conlleva esta inesperada recompensa (que puede sumarse a la no desdeñable satisfacción de saber que los animales cobrados han cumplido ya íntegramente con su misión reproductora, dejando en el campo con toda seguridad la siembra de sus genes).
58.- Gracias a G. Pajares tuve noticias de las recientes investigaciones histológicas de H. J. Rolf y A. Enderle, publicadas en 1999 en la revista científica "The Anatomical Record" bajo el título "Hard Fallow Deer Antler: A Living Bone Till Antler Casting?". Estas investigaciones demuestran que, efectivamente y contra la creencia establecida, existen células vivas en el interior de las cuernas de los gamos (especie sobre la que se realizó la investigación) hasta al menos tres semanas antes del desmogue. Como conclusion de su trabajo, los autores afirman taxativamente: "A sufficient blood supply of the antler core is maintained almost till the time of antler casting by vessels passing trough the antler base". Parece lógico deducir que, en el caso de los corzos, se dé la misma circunstancia. Esta irrigación interna de la cuerna permitiría un aporte suplementario de calcio (con el consiguiente aumento de peso) después del momento del descorreado, durante los meses en que el trofeo parece ya estar totalmente mineralizado.
59.- Epígrafe titulado "Colouring" del capítulo 9 "Antlers good and bad", del libro de R. Prior "The Roe Deer. Conservation of a Native Species" (Swan Hill Press, Shrewsbury, 1995)".
Un abrazo:
Pablo Ortega.

