El hombre propone y Dios dispone, el pasado viernes pensaba irme a la finca con tiempo suficiente para aprovechar la salida de la tarde en la berrea, tenía incluso todos los achiperres cargados en el Toyota, una llamada de teléfono cambió mis planes, un primo hermano muy querido acababa de fallecer en Salamanca, estaba gravemente enfermo pero no se esperaba un desenlace tan rápido, cambié de humor, de ropa, de coche y de destino, el sábado tras el funeral y el entierro me fui al campo, llegué justo para la berrea de la tarde, no tenía ni humor ni ganas de cazar y me dediqué a observar, en lo alto de un cerro, que domina un par de valles y unas laderas muy querenciosas, instalé el observatorio, una silla de plástico verde, el trípode con el larga vista Swarosky y los Leica 12X50 fueron mis herramientas, fue toda una experiencia pues pude ver dos cosas que no había visto nunca y son el motivo de esta intervención y las preguntas que en ella os hago, pues aunque no se trate de corzos con toda seguridad algunos sabréis mucho de sus hermanos mayores los ciervos.
La intrusión de los humanos en el campo lo descompone, por ello cuando lo observas desde la distancia suficiente ves lo que nunca puedes ver cuando de una u otra forma tu presencia lo ha descompuesto, aunque a ti te parezca que eres el rey de los sigilosos, el sábado presencié una escena que os cuento pues me gustaría conocer si habéis presenciado alguna parecida y cual puede ser la causa, vi salir una cierva sola a uno de los valles, bajó la cabeza y olfateando el suelo, con una postura muy parecida a la de un sabueso, se dirigió a un punto en el que se revolcó con las patas por alto del mismo modo como lo hacen las caballerías, tras una buena sesión de revolcones se levantó, se sacudió enérgicamente y se alejó para ponerse a pastar muy tranquilamente a unos cien metros del revolcadero, un cuarto de hora más tarde salió por el mismo sitio un grupo de ocho ciervas, todas adultas, las ocho hicieron exactamente lo mismo que hizo la primera y lo hicieron por riguroso turno y exactamente en el mismo sitio, ni el guarda que me acompañaba ni yo habíamos visto nunca un comportamiento semejante, a la mañana siguiente fuimos al punto exacto de los revolcones, se notaban perfectamente y solo pudimos ver que era una pequeña calva entre el pasto con tierra apelmazada y piedras muy pequeñas, como granos de arroz, nosotros hemos atribuido el comportamiento a que en ese lugar hubiese orinado y practicado el onanismo un venado muy encelado, revolcarse para disimular su propio olor es propio de los predadores, especialmente de los canidos, los equinos lo hacen para rascarse y algunos pequeños animales, las perdices por ejemplo, para quitarse parásitos, pero la verdad es que en el cervuno no conocía semejante afición, excepto a la que practican en el barro, especialmente en los bordes de las charcas, pero esos revolcones tienen como fin el librarse de los parásitos y refrescarse, ¿Habéis visto alguno cosa parecida? ¿Conocéis el motivo? ¿Consideráis acertada nuestra suposición?.
El otro sucedido curioso observado tiene una explicación mucho más sencilla, pero me hizo verdadera gracia y por eso os lo cuento, en los primeros días de la berrea las ciervas intentan librarse del acoso de los machos encelados metiéndose entre el matorral espeso donde la cuerna de los ciervos debe de suponer un serio incordio y procurando salir poco a lo limpio, pues bien, el sábado una cierva se puso a pastar en lo limpio y al poco tiempo tenía tras ella un venado haciéndole proposiciones muy deshonestas con malos modales, la cierva lo esquivaba como podía y poco a poco se dirigía hacia unos repechos muy pronunciados, el venado ciego tras ella, la cierva subió ligera la empinada cuesta, el venado cada vez menos dispuesto a aceptar un no como respuesta a sus pretensiones la seguía pareciendo poder alcanzarla, de pronto la cierva aceleró su paso y haciendo un quiebro violento bajó a toda castaña por donde había subido, el venado pretendió hacer lo mismo y lo hizo pero rodando, primero de cabeza y después de costado, la cierva miró hacia atrás un momento y se alejó a la carrera, los cuarenta aumentos del Swarosky no fueron suficientes para poder ver la cara de satisfacción de la astuta Pepa, me la imaginé pues sin duda la puso, el venado que era un buen mozo con un cuerpo como un mulo, cuando se recobró de la caída y las volteretas se quedó un rato como algo atontado, y supongo que cabreado y avergonzado, poco después estaba berreando con ganas bajo una encina, supongo que entre otras cosas para disimular.
Gracias anticipadas por vuestras opiniones y respuestas a mis preguntas, recibid un cordial saludo, Julián Coca
Julián, siento lo de tu primo. Tengo la fatal costumbre de asilvestrarme los fines de semana por lo que no me había enterado de tan lamentable pérdida.
Alfonso Pérez Briz
Julián, recibe mi sentido pésame por el fallecimiento de tu primo.
El pasado miércoles estaba yo intentando que no me comieran los mosquitos y las garrapatas, escondido entre los helechos intentando hacer alguna foto de la berrea y fui también testigo de un asunto muy similar al que cuentas. Un macho subió a un collado donde se dedicó durante un rato a romper brezos, helechos y demás con la cuerna a la vez que con las patas hacía como que escarbara en el suelo. Mientras eyaculó varias veces y orinó en el mismo sitio. Después se tumbó sobre todo aquello y durante un rato berreaba en aquella posición. Pasado un cuarto de hora se levanto y se fue con su "música" a otra parte. No había pasado ni media hora cuando una pepa con su gabata acudieron al lugar y se revolcaron en el mismo sitio. Tengo fotos del macho haciendo sus porquerías aunque resultan un poco "porno" para publicarlas, pero no de las ciervas, que mucho más pendientes de los peligros, se turnaban para hacer guardia y me vigilaban sin saber muy bien si yo era un matorral o una amenaza y esto me impedía moverme para retratarlas, una pena pero esperaba que subiera por allí mismo el jefe de la ladera, cosa que no sucedió.
Es verdad que no son corzos, pero bueno, son cérvidos y alguna relación tienen. Espero que el administrador sea indulgente.
Un cordial saludo
Estimado Julián, al hilo de tu post, recuerdo hace unos años en un coto soriano que cazaba con un grupo de amigos, me tocó recechar de madrugada, una zona preciosa en el soto de un rio entre montes.
Con una entrada sigilosa y al rumor de los bramidos de un ciervo, llegue a la explanada de donde procedia aquel ruido. En un principio, no veia nada hasta que se repitió cerca de mi la berrea de un ciervo grande echado entre el pasto, en un pequeño circulo de arena sin brizna de hierba a modo de cama.
Como luego descubri, era una calva perfecta de fondo arenoso, en mitad de un prado crecido a modo de redondel como los producidos por un hogo o enfermedal del suelo.
El espectáculo se merecía disfrutarlo y no invitaba a terminarlo con un tiro, por lo que me sente en el suelo a no mas de 50 pasos de mi vecino, encendido en amores.
Alli estuve veinte minutos, mirando y remirando con los prismaticos todos los detalles que normalmente se te niegan en un rechecho, sobre todo por la distancia y el movimiento de la caza.
El animal berreaba y se acomodaba en la arena como puedan hacer las perdices en sus baños de arena.
En momento dado el venao, inquieto por un ruido leve procedente del rio a mi izquierda, se incorporó de su postura y curvandose sobre su pecho con movimientos de cubricion, practicó el onanismo ( como tu dices) un buen rato, ante el cazador sorprendido. En ese momento, pude apreciar mejor la calidad del animal. Para entonces, mi condicion de "voyeur" me empezaba a molestar.
El lance acabó enseguida, al aparecer en escena el generador de aquel ruido que molestó al venao, un berraco de 10 arrobas que se plantó en mitad de la linea entre el cervuno y yo.
Como suele pasar en estos casos, mi ambicion e instinto, me llevo a intentar hacer un precipitado doblete, que nunca tuvo lugar con la consiguiente frustracion y asombro.
El asunto, es que cuando pasó el momento, me acerque a lugar de autos y mirando y remirando la cama bramatoria, era realmente un punto oloroso muy desgastado por el uso y el abuso, no solo de machos -pienso- ya que estaba, incluso, unos centimetros por debajo del nivel del prado.
Tu anecdota me ha hecho recordar aquello y aprender de la experiencia. Ahora, a pesar de todo y aunque suene mal, disfrute de aquel rececho, y recuerdo que luego, volviendo al coche no supe aprovechar la aparicion momentanea de un corzo bastante bueno. Enfin, cosas de la caza!
Saludos
Fernando Monereo
ACE nº6
Creo que la cosa vá de perfume y de las tonterías que hace un enamorado. No somos tan diferentes ¿No?.
Tengo una curiosidad ¿La finca en cuestión es cerrada? Esta tarde le voy a preguntar a nuestro guarda, que además de serlo y bueno, tiene el gusto de llevarse una pequeña cámara de video y , calidad a parte, consigue unos documentos muy interesantes.
Llevo unos años intentando convencerle de que me preste las películas para montarlas, pero cuando me vé la mirada de lobo que pongo, su natural astucia serrana se cierra en banda.
Una pena.
Pedro Camacho Ruiz
Perdonad la demora en agradecer y contestar a vuestras aportaciones a mi pregunta, Pedro se trata de una finca cercada, con veinte kilómetros de malla, y una zona externa sin malla de algo menos de 200 has. en esa zona hicimos una repoblación forestal y ahora tiene cochinos, algún que otro venado y cabras hispánicas cada vez en mayor número.
Que los venados son unos tipos bastante mal educados y aficionados a hacer cochinadas, como orinar eyacular encima y revolcarse en el charquito de tan “apetitoso” cocktail es cosa que les he visto hacer cientos de veces, basta pasear por el monte durante la berrea para impregnarse de esa fragancia, lo que nunca había visto es a una cierva buscar, nariz a tierra cual sabueso, ese sitio y revolcarse ella y después hacerlo otras ocho, guardando turno como en la cola del súper, la “loción para el afeitado” con la que se impregna el macho debe de tener como motivación el atraer a la hembra, el que esa misma loción la use la hembra solo tiene a mi entender una función de cobertura de su propio olor para despistar a los machos y que las dejen en paz, vamos algo así como el dolor de cabeza de nuestra féminas, pues me resisto a creer que nuestras ciervas sean tan poco formales y desconsideradas que se hayan cambiado de acera sin comunicarnos previamente su salida del armario, esta opinión personal no es muy científica que digamos y por eso preguntaba por vuestras experiencias al respecto.
Para mi hoy por hoy la caza es más un motivo de vivir la naturaleza que otra cosa, por eso prácticamente solo tiro caza selectiva y miro mucho a mi alrededor, este fin de semana pasado he visto, con verdadero placer dos batallas aéreas, una me ha parecido una mera demostración de facultades entre dos enemigos que pretenden ocupar la frontera de un territorio entre la planicie y el bosque, un halcón y un gavilán, claramente el halcón era más poderoso pero … el gavilán volaba mejor entre el bosque y allí quería meter a su oponente, supongo que con la sana intención de estrellarlo contra alguna rama, era como un juego entre el ratón y el gato, el gavilán incitaba y el halcón no caía en el engaño, pero si el gavilán se alejaba un poco del bosque tenía asegurado un picado espectacular del que se libraba en el sotobosque, estuve viendo el combate cerca de una hora, al final los contendientes se debieron cansar y cada “mochuelo se fue a su olivo”, me dio la impresión que ninguno de los dos se ensañaba en el combate, parecía que solo pretendían enseñar al contrario sus artes en el vuelo y marcar la frontera del territorio de caza, el otro combate sospecho que terminó de forma más cruenta aunque no pude ver el final, después de comer en el campo, estábamos un guarda y yo cómodamente sentados, charlando tranquilamente y tomando un café, cuando nos pasó prácticamente por encima y volando bajo un águila perdicera, por el tamaño una hembra, una preciosidad de bicho de cuya vecindad no teníamos noticias, lo mismo le debía de pasar a la pareja de águilas reales con la que compartimos la propiedad de la finca, que al momento picaron con saña sobre la intrusa que buscó defensa volando entre las encinas, le sirvió de poco, el macho de las reales volaba entre ellas con la misma habilidad que la perdicera y cuando la obligaba a elevarse la enorme hembra se abatía sobre la intrusa que a duras penas logró salvar varios envites haciendo malabarismos aéreos, tanto el guarda como yo suponemos que la cosa acabó mal para la perdicera pues poco a poco, y no por casualidad, las dos reales la fueron empujando hacia la extensa zona recién labrada de una finca vecina allí las perdimos de vista, sin refugio posible sus dos enemigos en ataque conjunto eran mucho enemigo para salir indemne, al atardecer las dos reales volvían a sobrevolarnos.
Rara berrea la de este año, tardía, fortísima en unos pocos días y muy silenciosa en otros, las reses gordas y lustrosas, los venados con buenas cuernas, pero … rara de verdad la berrea, debe ser cosa de la luz y la luna, encelados han estado a tope pero sin demasiados cantos, he tenido tres venados en tres ocasiones diferentes a menos de diez metros, uno de ellos incluso llegó a la amenaza seria con la cuerna, me los traje simplemente dando golpes con la vara de avellano en las ramas de las carrascas, entraban ciegos de furia berreando, no parece oportuno buscarles las cosquillas en esta época a esa gente tan rijosa, al final un sombrero volando hacía la cara del sujeto le hizo dar un extraño respingo y si bien no se alejó mucho si pareció aplacar un poco su animo, el guarda que me acompañaba me ha prometido que si sigo con eso de los palitos el se trae un brasero viejo puesto en el trasero, pues está empeñado en que los venado no querían cornearnos, que sus intenciones eran más bien tendentes a violarnos.
Cordialmente, Julián Coca
Por la poca experiencia que me dá el no haberlo visto, y la indicación de Julian nuestro guarda, el es del parecer que en una finca cercada por grande que sea (La suya es de más de 5.000 Ha) crea unos hábitos en los animales, distintos a los que campean en abierto. Coincide contigo en que pueden querer camuflar su olor a hembra, para que las dejen en paz pues tras el acoso del grande y de los pequeños y medianos posteriormente, debe ser un sin vivir. En abierto las cosas son más sencillas, para los dos sexos. Eso de ver un macho tumbado, con sintomas claros de no levantarse más derrengado de pelear con decenas de contrincantes, y ver machetes de tres años remojando sus partes en el pantano esperando la caída del jefe, solo lo he visto en cerrado.
Lo de la vara imitando a un macho, me lo hizo hace unos años el mismo Julian, y tuvimos que salir por piernas del jaral. El se reía, y yo menos, pues parecía que un búfalo se nos hechaba encima, y hasta que llegamos a lo limpio, no me quedé tranquilo.
Pedro Camacho Ruiz

