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La Nieve

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(@Usuario anónimo)
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En este país, la previsión va en función de la necesidad, se suelen hacer las cosas teniendo en cuenta el presente, procurando remendar un roto, antes que un descosido, y sin hacer memoria del pasado, lo cual en algunas ocasiones resulta muy interesante para predecir el futuro, por aquello de que la historia siempre se repite.

Tras este crudo invierno de heladas, al menos en la parte norte que me toca vivir, ha sido mucha la sal que se ha vertido en toda la red viaria, pocas alternativas se ofrecen a unos pavimentos que deberían haberse adaptado a la normativa común europea, tanto es así que en los almacenes se ha agotado este producto, curiosamente, las heladas no han remitido, aplicándose de nuevo tratamientos de sal, para evitar fatales desenlaces, otros años, por estas fechas, las heladas daban paso a la lluvia y la lluvia se encargaba de diluir el salobre tratamiento en los márgenes de las vías, pero este año no ha llovido, y dándose una vuelta por las carreteras, tanto de primer orden como de segunda categoría, se puede ver la sal depositada en los márgenes de estas, adonde ha ido a parar empujada por las ruedas de los automovilistas, en algunos casos, hay tanta sal acumulada que la carretera da un aspecto de haber sido tratada con una capa de zahorra.

Pues mira por donde, esta sal, que resulto providencial para evitar colisiones y salidas de carretera, ahora atrae a gran cantidad de fauna de distintos tamaños, no resulta extraño, sobre todo ahora que a finales del invierno escasea y tanto la comida, encontrarnos con piaras de jabalí (las que se han librado de los sartenazos), raposas, ardillas, tejones, y por supuesto, corzos, y no lo digo porque me haya inventado nada, sino porque lo he contrastado yo mismo.

¿Qué va a pasar, cuando estos blancos móviles comiencen a chocar contra los coches?.

Muchos cazadores o titulares de cotos, se frotarán las manos, ha salido el Real Decreto y “ego me absolvo”, quizá no debiéramos pasar tanto del asunto, porque cuando empiecen los accidentes y sobre todo cuando aparezca el primer muerto, Dios no lo quiera, tal vez se vuelva a legislar, pero a la inversa.

Tampoco deberían olvidar los titulares de los cotos, de aquello que dice “corazón que no ve, corazón que no siente” y es que los cuernos del “capreolus” próximos al asfalto despiertan oscuros instintos.

Con lo fácil que sería reclamar al que lo ensucia que lo limpie, pero claro, como dice mi mujer, somos muchos a tirar y muy pocos a recoger.

En fin, que nunca llueve (sal) a gusto de todos.

A. Chaín



   
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