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La Ley de la Primera Sangre

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(@Usuario anónimo)
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Hola tocayo:
Espero poder ayudarte algo con este tema que siempre es peliagudo.
Nunca he leido en los numerosos libros de monteria que he leido que el perrero pueda acojerse a la ley de la primera sangre. La rehala tiene la función de levantar y acosar la caza hasta las posturas o pasos, y en su trabajo se encontrarán con el caso de los agarres, bien sea por que el jabali se crea poderoso y piense que puede zafarse de los perros, o por cualquiera de las opciones que comentaba el amigo Alfonso.
He comentado el tema con varios amigos propietarios de rehala y ellos opinan igual que yo, si la res muere por el cuchillo del perrero es de la rehala, si se suelta y es abatida por una postura el propietario es el puesto.



   
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(@Usuario anónimo)
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Tal y como habeis apuntado algunos, creo que la distinción en estos casos, la hace una vez más el dinero.

No es lo mismo que las rehalas vengan por invitación, que cobrando.

En el caso de que las rehalas vengan por invitación, tienen todo el derecho sobre la caza y los perreros vienen a hacer un servicio a la propiedad y lo que cacen les corresponde. En este caso la Ley de la primera sangre les favorecería y el guarro era para ellos.

En el caso de que las rehalas vengan cobrando o a puesto, la situación cambia y según las tradiciones, las piezas muertas por el perrero pertenecen a la propiedad y es ésta la que determinará en última instancia si la rehala se lleva el trofeo o no. En el caso que nos ocupa, la Ley de la primera sangre, otorgaría la pieza al perrero y por ende a la propiedad, y es ésta última la que debe decidir, con su buen hacer, si cede o no el animal al montero que le dió muerte o no, ya que en éste caso es circunstancial que le haya dado muerte, ya que ya venía rematado del agarre. En ningún caso, ni el perrero ni el montero tienen derecho sobre la pieza y debe ser la propiedad la que determine el fín de la misma.

Esto por lo menos, es lo que a mí me han enseñado.

Buena caza a todos



   
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(@Usuario anónimo)
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¡¡Dios mío!! Cada opinión es distinta a la de cualquier otra vertida, para volverse loco. Si vale de algo, decir que es muy probable que el cochino si no fuese abatido en la postura hubiese conseguido marcharse, toda vez que las puñaladas asestadas no lograron llegar al arca del animal.Un saludo de nuevo y Gracias a todos.
Fdo.- Óscar Garriga



   
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(@Usuario anónimo)
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El tema es más complejo de lo que parece, con dependencia de las tradiciones locales que desconozco y de otros datos, intentaré decir lo que las viejas leyes de la montería mandan, empezaré por apuntar que la solución de la moneda al aire, en el caso de dos cazadores que han disparado prácticamente al mismo tiempo sobre la misma pieza no es una solución justa, existe otra más lógica y más justa, me la enseñó un cordobés dueño de rehala él y dueña de rehala su mujer, de las buenas rehalas ambas por cierto, dirimió una amable discusión entre dos monteros de una forma muy sencilla, midió la distancia al lugar donde la pieza recibió los disparos desde cada uno de los puestos y otorgó la pieza al cazador más próximo pues indudablemente el otro, por poco o por mucho que eso da igual, había disparado fuera de su sitio, entremos ahora al tema que nos ocupa:

Premisa primera, en una montería de invitación todos los trofeos son de quien invita y con ellos hace lo que quiere.

Premisa segunda: Una pieza NUNCA es del perrero, el perrero es un asalariado que cobra del dueño de la rehala y la pieza puede ser de la rehala o de un cazador pero nunca del perrero, en el caso de que coincidan en la misma persona la condición de dueño de la rehala y la de perrero tendremos que aclarar varias situaciones diferentes, lo tradicional es que la rehala tiene derecho a un puesto que ocupa el titular de la rehala, si la situación es diferente a la tradicional, cabe que el dueño de la rehala y a la vez perrero no ocupe ningún puesto ni él ni nadie en su lugar ni cobre nada por llevar su rehala, en ese caso si el cochino queda en el agarre y es rematado por EL DUEÑO DE LA REHALA o por su perrero el trofeo es de la rehala, si la rehala va cobrando el trofeo es de quien ese día paga a la rehala, es un mero contrato de arrendamiento y durante esa montería el dueño de la rehala es quien la paga, si la rehala vende el puesto que le corresponde a un cazador, fea costumbre pero cada vez más frecuente, el trofeo es de quien ocupa ese puesto que para eso lo ha pagado y es puesto de rehala, aunque ese sujeto en mi casa no cazaría ni la rehala que ha vendido el puesto tampoco, si el puesto de la rehala lo ocupa un invitado del dueño de la rehala, con la anuencia de quien organiza la montería, el trofeo es del dueño de la rehala aunque ese día se encuentre haciendo ejercicios espirituales en el Tibet.

Premisa tercera: Para reclamar un trofeo se tiene que llegar hasta él por la sangre y demostrar así que ese trofeo es el mismo que va dando sangre y no otro, esa es una regla indiscutible, y no valen las huellas, tiene que haber sangre, ni vale decir que ese era mi tiro o aquella mi cuchillada o se llega por el rastro de sangre o callar y para la próxima apuntar mejor … y eso lo dice quien perdió el mejor cochino de su vida por no hacer esa reclamación y Álvaro Mazón lo vivió en directo.

Premisa cuarta: También sin posible vuelta de hoja, toda reclamación se tiene que hacer en el campo y sobre el terreno, el resto son discusiones de mangantes, cuando alguien se presenta en la casa o en donde están los coches, o donde sea, reclamando un trofeo es un ineducado que pretende reclamar con voces y maturrangas lo que no ha sabido defender como montero, a ese yo no lo volvería a llevar a ningún sitio conmigo es un buscalios impresentable.

Premisa quinta: Si a un perrero se le escapa un marrano después de darle tres cuchilladas es un pinchauvas al que habría que poner en la picota, toda reclamación de un perrero de ese tipo es obra de un sinvergüenza si le quedará una pizca de vergüenza eso no se lo cuenta ni a su mujer, si un tipo así lleva una rehala mía lo despido esa misma tarde.

Premisa sexta: El cuchillo son los colmillos del perrero, los trofeos de la rehala son los que cobra la rehala en un agarre, da igual que lo maten los perros hasta el final o lo REMATE el perrero, el perrero nunca mata solo remata, y al igual que para la ley de la primera sangre no vale la sangre de los bocados de los perros, menudo cisco si fuera de otra manera, no vale la sangre que un pinchauvas pueda hacerle a un cochino, ni con el cuchillo ni con una lanza ni con una pistola, el solo remata y su obligación es llevar la caza a los puestos y cuidar de montear bien si no lo hace así es un mal trabajador que está incumpliendo el contrato que tiene con quien da la montería, si no sabe ni rematar, cosa clara pues se deja escapar el cochino tras varias cuchilladas, como serían ellas, es un elemento a desterrar del entorno de la caza.

Esa es mi opinión y creo que al cazador le robaron el trofeo entre el sinvergüenza del perrero y el cobarde del organizador, que no tuvo valor para poner las cosas en su sitio.

Cordialmente, Julián Coca

Postdata: Lo siento se parece duro me mi sangre se altera cuando las viejas tradiciones son violadas por unos sujetos que ... mejor no sigo



   
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(@Usuario anónimo)
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Estimado Duende,

Como he comentado el par de veces que he intervenido, lo hacía hablando de "mi entorno". Y en mi entorno, los dueños de rehala van a puesto y por tanto, no cobran por ello.

El problema, como siempre, surge cuando el dinero va de montería. Con la Iglesia y la cartera hemos topado como acertadamente comenta el compañero Rubén.

Un abrazo fuerte,

AB



   
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(@Usuario anónimo)
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Ole y ole, Julian, en nuestra España, se ha puesto de moda el tema agarre, y muchísimas rehalas llevan perrros para este cometido, aunque no sea por el que han cobrado, que es llevar las reses a los puestos, así que en vez de ir a trabajar, y a la vez disfrutar de su trabajo, que no muchos podemos decir lo mismo de los nuestros, van a CAZAR, y además cobran por ello, y los demás pagamos. Hace dos semanas en una monteria venía un cochino de 60 kilos aprox. a mi postura derechito, lo estaba dejando cumplir y a unos 100 mts de mí, vinieron dos perrancanos enormes y lo pararon en seco, ni se movió, luego llegaron unos 30 perros más y despues sucedió el remate del rehalero, y yo me quedé con una cara de gilipoyas que no te menees, la proxima vez que lleve un león o un par de tigres y de paso que me coman a mí, en vez del pobre jabalí. Es la leche, otra cosa es que los rehaleros u ojeadores, sean de la cuadrilla y no cobren, tan cazadores como nosotros, si matan pues a eso hemos ido todos.

Muchas, pero muchas veces estoy en el monte y escucho a los rehaleros decir: calla, calla, que los cochinos vienen hacia nosotros", pues JODER, gritar más para que vayan a las posturas, en vez de cazar vosotros, que para eso cobrais.

y que conste que siento admiración por los rehaleros y por el trabajo que realizan, pero eso, a los que lo realizan como debe de ser.

Este año ha sido curioso, en la primera monteriapinché un venado bastante majo y se fué contra el puesto de la izquierda , que lo remató a 200 mts de dos certeros tiros, y luego salió otro a 40 mts. y lo pasé de lado a lado por toda la paletilla y se chocó lieralmente con la postura siguiente a la mia que le decerrajó dos pepinazos a 7 mts en el pecho, pues sabeis que hice?, nada de nada, se los llevaron, los dos, la cara de ilusión que tenían ambos era tan expresiva, que no dije ni pio, y se compensó con la última que estube que casqué un venado de 93 cm de largo y muy bonito, pero no todos somos iguales.

Yo al monte no voy a discutir, voy a disfrutar y si puedo a que disfruten mis compañeros.

Un saludo
Txema García



   
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 Oli
(@Oli )
Estimable Member
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Sin ir más lejos el otro día, tuve que abrir un cochino en la junta porque un sujeto llegó a la casa vociferando y buscando como un poseso al que decía él le había levantado un cochino.
Cuando me di cuenta que la guerra iba conmigo se me atragantó el canapé de salmon y tuve que ir a escuchar los maleducados reproches que el "amigo montero" profería.
Su argumento era que la salida mi disparo era un tiro suyo y que el cochino le pertenecía (que cosa mas extraña que siempre discuten los cochinos buenos), le explique como mejor pude como había tirado el cochino y le invité a que viniera conmigo al lugar del lance para que comprobara que el cochino no venía dando sangre... a lo que se negó en rotundo y se dedicó a hacer corrillos entre los demás monteros cuchicheando e intoxicando al personal sobre el marrano en cuestión.

Tanto se me hincharon los bemoles que agarré el puku finlandés, destripé al guarro y lo abrí, metiéndole el hocico al individuo el hocico entre las dos paletas del guarro, y fue allí cuando ya torció el brazo y se dio cuenta que el marrano tenía un solo disparo...con todas y con esas, pienso que el tipo aun se fue pensando que era suyo..... en fin cosas de la caza.

os adjunto foto del marrano discordante,

un saludo para todos.

Oliver Prieto



   
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(@Usuario anónimo)
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Gracias Julián, Oliver, Txivi, Joaquin,....parece ser que empieza a volverse mayoritaria la opinión que otorgaria el trofeo al montero, y asi creo que debe hacerse, ya no por que se lo otorgue la tradicion y buen hacer montero, sino porque de lo contrario se sentaría un precedente de error incalculable.Gracias a todos.
Fdo.- Óscar Garriga



   
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(@Usuario anónimo)
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"Los doce del patibulo"

Hacer una rehala que cace bien y mantenerla así en el tiempo es cosa difícil, requiere un buen saber, un buen hacer, una buena afición, una buena cartera y una buena autoridad en el dueño de la rehala y una gran afición, un saber y una entrega en el perrero, las rehalas cazan para los que ocupan los puestos, no para ellas ni mucho menos para sus perreros, me contaba Mariano Aguayo que el general Queipo de Llano, con cuyo hijo también general tuve el honor de cazar en bastantes ocasiones, llamó muy severamente al orden a dos dueños de rehala cordobeses, de dos de las mejores rehalas del momento, cuyos perreros andaban picados entre si por ver quien remataba más cochinos a cuchillo:

“Os lo advierto si vuestros criados continúan un día más con esa actitud, vuestras rehalas no vuelven a ninguna de mis monterías, yo doy las monterías para que se diviertan mis amigos no los criados de los rehaleros a los que convoco”

Se acabaron los piques y los agarres indebidos, si D. Gonzalo daba ese aviso no se podía desatender.

Tener una rehala que coja muchos cochinos es lo más sencillo de este mundo, en un mes la tengo hasta yo, basta con una rehala de facinerosos, vamos que la llamaría “Los doce del patíbulo”, no más de doce perros hacen falta, y que cacen solo dos, dos buscas chiquitos y cobardones, chiquitos para que no impongan respeto a los cochinos, cobardones para que no sufran percances, pues como son los dos que cazan hay que conservarlos, de los otros cuatro serán perrigalgos grandotes de esos que acuden como tiros cuando otro llama, muerden como el hambre y cazan con la vista, se ponen encima del cochino en cuatro trancos le muerden en los huevos y el cochino se para, claro que se para, los seis perros restantes … pues ya se sabe dogos argentinos, medio alanos y mastines no demasiado ligeros, todos ellos con poca afición a cazar y mucha a morder, todos juntos y pegaditos al perrero.

Desgraciadamente rehalas de esas cada día vemos más y todo desde que los perreros y los dueños de rehala coinciden, una pena y una estafa.

Cordialmente, Julián Coca



   
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(@Usuario anónimo)
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Gracias de nuevo Julián, aprovecho para enviarte mi más sincera enhorabuena por "Cuentos de la Dehesa", me hizo pasar un rato agradable.Un saludo.
Fdo.- Óscar Garriga



   
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(@Usuario anónimo)
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Como el tema está muy sobado voy a ser muy escueto, y siempre hablaré de las monterías de aquí más al sur, porque lo de por ahí al norte se me escapa.
1º.- Si el perrero cobra por llevar la rehala no tiene ningún derecho a la pieza.
2º.- Si el perrero no cobra, tampoco.
3º.- Las piezas son siempre de la propiedad, incluso en el caso de los monteros que pagan. De hecho siempre que voy de caza a casa ajena, por mucho que haya pagado, siempre solicito permiso a la propiedad para llevarme el trofeo. Es de buena educación y es necesario hacerlo aunque hayas pagado 3.000 Euros por el puesto. Otra cosa es que la propiedad no le vaya a negar un trofeo a un señor que ha pagado, pero si quisiera lo podría hacer y todo el mundo a callar. En el caso del perrero pasa igual. El propietario no le va a negar un trofeo agarrado por unos perros que vienen sin cobrar, pero podría hacerlo. En el caso de que venga cobrando el perrero lo reclamará por si cuela, pero lo suyo es decir que no se le ofrece. En este caso se va a trabajar, no a cazar, y el trofeo es de la casa.
4º.- La sangre hecha por el cuchillo de un perrero vale tanto como la hecha por un disparo, por lo que se definen las prioridades y derechos de la misma manera.
5º.-. Referencias sobre estas costumbres o "leyes" consuetudinarias se podrán encontrar en el Manifiesto de la Montería, documento consensuado entre los sectores implicados en la montería para poner orden en aspectos de este tipo, y que pretende aúnar todos los criterios antiguos, actualizándolos para el dominio público.
6º.- En el caso que nos ocupa el trofeo no ha de ser nunca para el montero. Podría ser para la rehala si no cobrase y la propiedad así lo estimara.
Saludos.
Santiago Segovia Pérez



   
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(@Usuario anónimo)
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Gracias Santiago, pues otra opinión más, ¡¡nunca pensé que hubiese tanta discrepancia sobre este tema!!.Un saludo.
Fdo.- Óscar Garriga



   
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(@Usuario anónimo)
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Santiago siento disentir de ti, en parte solo en parte y amigablemente, las cosas suelen ser más complejas y complicadas de cómo las expones en tu intervención, la propiedad es un ente demasiado etéreo en muchas monterías, si cazas invitado por un amigo y lo haces en su finca la cosa está clarísima, pero … ¿si ese mismo amigo ha comprado la montería a un tercero y te invita? ¿ Y si ese amigo es el arrendatario de la caza de un monte público? ¿Y si ese amigo ha comprado unos puestos a un “orgánico” que a su vez ha comprado la montería a los titulares de un coto que son los arrendatarios de un monte propiedad de un ayuntamiento? y estos son los casos sencillos pues en todos ellos asistes como invitado de tu amigo, ¿Quién es para ti la propiedad en esos casos?, para mi en todos ellos “la propiedad” es tu amigo.

Veamos un caso muy normal, un ayuntamiento saca a subasta la caza de un monte bajo su titularidad, o de su propiedad para ser más claros, ganan la subasta un grupo de cazadores de la comarca que constituyen un coto de caza mayor y menor bajo su titularidad en ese monte, como a los titulares del coto les interesa cazar lo más barato posible y el coto tiene varias manchas venden una montería a una organización, una de las muchas, el “orgánico” a su vez “vende” los puestos, en realidad lo que vende “el orgánico” es la opción a participar en un sorteo mediante el cual se adjudicaran los puestos, esa opción se ejercita en el momento del sorteo y el puesto es asignado en ese momento al cazador que pasa a ser su titular pues al ejercitar la opción ha comprado el puesto, para mi ese puesto se corresponde con una figura muy parecida a la de las acciones privilegiadas, que tienen derecho preferente al dividendo pero carecen de derecho al voto, el titular propietario, por ese día y de ese puesto, tiene derecho al dividendo, los trofeos de la caza que abata en él, pero no tiene derecho a participar ni en la organización ni en la gestión, es decir no tiene voto, el orgánico cobra por su intermediación y por su gestión y lo hace de dos fuentes, el diferencial entre lo que paga y lo que cobra y la venta de la carne, esto último no siempre pues en algunos casos especialmente en fincas privadas la carne es vendida por la propiedad, en una montería de pago aquel que compró la opción a participar en el sorteo, la ejercita y ocupa el puesto es su propietario durante el desarrollo de esa montería y en esos casos la propiedad de la finca carece del derecho a quedarse de los trofeos pues ha vendido ese derecho durante el tiempo que ha durado la montería.

Expongamos otro caso, real pues lo he vivido, los perreros encuentran el gastadero de venado con un magnifico trofeo, se quieren quedar con él, el orgánico se niega, lo quiere para él, pues no es para él ni es para el ni organismo público que era propietario del monte, es para el titular del coto que había comprado los derechos de caza y esa pieza muerta en el coto lo estaba antes de que se diera la montería por la que había pagado el orgánico.

En algunas ocasiones monteando acompañado por mis hijos en monterías de pago, el organizador ha tenido la deferencia de darle un puesto a mi hija o mi hijo, en esos casos siempre les he dejado claro que eran sus invitados y que como tales debían comportarse, nunca les han aceptado la entrega de un trofeo pero siempre lo han ofrecido a quien los invitaba, cosa que yo en la misma montería ni hacía ni tenía porque hacer pues en ese día y para esa montería era el propietario del puesto que ocupaba.

Con frecuencia no he podido asistir a monterías de pago para las que tenía adquirida la opción a la que antes me he referido, en esos casos un amigo, cualquier amigo, ocupa mi lugar y ejercita la opción en mi nombre, previa comunicación y consentimiento del organizador a quien por supuesto corresponde el aceptar o no la suplencia que le planteo, en esos casos si al amigo le digo que le invito ese amigo debe de tener claro que los trofeos me corresponden, en dos casos me han llamado al día siguiente para ofrecérmelos y en ambos el montero era un joven, de la edad de mis hijos, quien lo hacía, si al amigo le digo que le cedo o le regalo el puesto he perdido el derecho a los trofeos, pues desde ese momento es él quien ostenta la titularidad de la opción, no es lo mismo ceder ó regalar que invitar.

En lo que respecta al tema de la sangre y el cuchillo disiento de ti, aclarando que después de cincuenta años monteando es este que nos ocupa el primer caso que conozco en el que un perrero reclama un cochino que no ha muerto a sus manos en el agarre, lo normal es que sea el perrero quien remate muchos cochinos heridos previamente de un disparo, en toda montería existe un grupo de personas asalariadas cuyo trabajo consiste en propiciar el buen fin de esa montería, guardas, perreros, arrieros, conductores de los camiones, y hasta la pareja de la Guardia Civil, a todos ellos los he visto rematar piezas, si incluso a la pareja de guardias que no eran del Seprona, a ninguno de ellos le corresponde el trofeo, que unos casos es de la rehala, del cazador que ha herido primero al animal, o de “la propiedad” si el que remata es el perrero, y en todos los demás de quien ese día da la montería, bien sea como propietario de la finca, titular del coto o bien organizador de monterías que la ha comprado a cualquiera de los anteriores.

Si el que remata a cuchillo es un cazador que ocupa puesto, el trofeo es suyo o de la propiedad, según los casos, pues la sangre que hacen los perros no cuenta y la misión de la rehala es llevar la caza a los puestos, como la mate quien ocupe ese puesto es de su cuenta y riesgo, si tras un agarre la pieza se les marcha a los perros y la mata de un tiro un cazador, por muy mordida que venga el trofeo no es de la rehala, y he visto venados a los que se les veía el hueso del jamón tras el agarre y algún cochino capado o con las tripas fuera, y en esos casos tras el agarre daban sangre, si el perrero interviene con el cuchillo y tras ello la res se suelta de los perros y se larga esa res para mi es de quien la abata, si al que se le suelta la pieza tras un agarre al que ha entrado a cuchillo y ha pinchado al animal es a un cazador que ocupa su puesto si cuenta la ley de la primera sangre y para mi esa pieza le corresponde por mucho que otro la abata de un tiro.

Monteando en casa de Cesar Mora, en Cardeña, mi hija en dos lances diferentes cobró dos venados a los que el montero del puesto contiguo previamente había volado una cuerna, al final de la montería se presentó, siguiendo la sangre, en el puesto de mi hija con un trozo de cuerna en la mano, resulta que uno de los venados tenía un tiro en la cuerna muy bajo, prácticamente en la roseta, el tiro le había arrancado no solo la cuerna que colgaba por la piel sino un trozo de cráneo el animal daba sangre, y esa era la sangre que seguía el montero, pero el trozo de cuerna era del otro venado, con el tiro un poco más alto, ese venado no daba ni gota de sangre, el cazador, un hombre ya mayor y muy serio, cuenta mi hija que se quedó un rato mirando los dos venados y el trozo de cuerna, al final le dio el trozo de cuerna diciendo:

“Niña toma y que se la peguen a tu venado, pues ese es tuyo que yo no le he sacado ni gota de sangre, el otro es mío … para mi vergüenza, haz el favor de marcar los dos que yo no quiero saber más de este desastre”

El hombre si quiso saber más, era un tipo honesto y montero viejo, durante la comida contó el sucedido que mi hija había callado para no molestarle, las cuernas de los venados se quedaron en Santa María, pues ni él ni mi hija los quisieron.

Hace años Carlos Ajamil le pegó, con un 338 W. Mg., un tiro en la cuerna a un gran venado que fue a morir de un balazo del 264 W. Mg. de Carmen Torre de Silva (Piva), que era la dueña de la finca que manteábamos, el agujero en la cuerna, unos diez centímetros por encima de la roseta, era perfecto como hecho con un sacabocados, no existió discusión alguna por el venado pero si una amigable conversación sobre el asunto, el disparo no había producido ni una gota de sangre, probablemente porque estábamos a primeros de febrero y el gran venado estaba ya a punto de desmogar, si ese mismo lance se produce a primeros de octubre con toda seguridad el tiro si da sangre, poca pero alguna da, estuvimos de acuerdo en que el calendario hubiera cambiado el resultado … siempre que hubiera sucedido en otro sitio y que la señora no hubiera sido la del disparo final, pues era un gancho de invitación y todos los trofeos eran suyos.

Creo que en el caso que nos ocupa como era una montería de pago el cazador era “la propiedad” del puesto, por lo tanto estoy de acuerdo contigo en que los trofeos son siempre de la propiedad, pero no lo estoy en quien es la propiedad en ese momento y circunstancias.

Lo que yo defino como opción, por considerarlo más apropiado y quizá también por deformación profesional, es conocido vulgarmente como “acción”, se dice “ … he comprado una acción para tal o cual montería”, “ … Tengo una acción en tal conjunto de monterías….” Pues bien la acción es la parte alícuota de la propiedad de algo, y ese algo en este caso es esa montería.

Por el tema de la propiedad de un trofeo y la primera sangre, al menos dos casos, que yo sepa, han llegado a los tribunales, uno de ellos incluso hasta el Tribunal Supremo, uno fue el de un venado oro abatido en la mancha Doña Mencía de la finca que en Guadalupe tenía la sociedad maderera Hijos de Eusebio González, S.A , el otro fue el de un lobo abatido en Sierra Morena, en ambos casos los tribunales fallaron a favor de quien hizo la primera sangre, pero en ambos casos se habían cumplido el resto de los requisitos, es decir llegar por la sangre y discutirlo en el campo, si bien es cierto que la propiedad respectiva no reclamó en ninguno de los casos, los tribunales tuvieron claro el que el trofeo era de los cazadores pues eran monterías por acciones.

Perdona la larga perorata y el que disienta, creo que en Madrid somos vecinos muy vecinos, me gustaría poder haberla tenido delante de un plato de queso y una botella de Rioja, si te apetece la podemos continuar en casa cualquier día.

Un muy cordial saludo, Julián Coca



   
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(@Usuario anónimo)
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Va a ser largo, aviso.

Mi respuesta va limitada a nuestro universo galaico, amigo Oscar, ya que la montería al parecer se ha celebrado en Galicia, imagino que en Orense y no quiero imaginar si la famosa Cinexetica San Mamede ha tenido algo que ver.

La caza mayor en Galicia, resulta cuando menos, peculiar, lo cierto es que nuestra tradición cinegética o cinexetica, para ambientar un poco el tema, se remonta a un lapso espacial bastante corto y a mi juicio demasiado precoz y precipitado, algo imposible de evitar en este mundo que vivimos, donde tan de moda se ha puesto la &#8220,esencia&#8221, y el ansía por consumir la jalea real obviando para ello la miel de todos los días.

Cuando la caza mayor y los cazadores de mayor esbozaban una tímida sonrisa en los tiempos donde el único rifle iba parejo con la capa y el tricornio, lo que realmente importaba no era la primera gota de sangre, sino la última, el fin consistía, básicamente, en dar matarile a la pieza buscada, por supuesto el goce de la jornada, justificaba el uso de los pocos perros que los menos parroquianos utilizaban para abatir a la pieza que por excelencia justificaba añadir mayor a la palabra caza, el jabalí, el corzo, por aquellos años, gozaba de la sacrosanta protección de doña administración y de la divina providencia que hacía suponer a la gente de los pueblos, la repoblación de Capreolus por el ICONA además de ir dotados de un &#8220,microchip&#8221, que detectaba cualquier ofensa sobre su pellejo, algo digno del mismo Julio Verne, curioso que todavía hoy, quien menos te imaginas con cinco años de carrera y un doctorado, opina lo mismo, pero me voy por los cerros, decía, que el objeto de la caza, en sí mismo, era el animal, el disfrute su cacería, y el goce, añadirle unas patatas en alegre compañía.

¿Los dientes?, pero hombre, los dientes.......no se comen.

Por lo tanto, situados en el espacio temporal y geográfico que nos ocupa, la caza, mayor, fue adquiriendo relevancia, tanto en cuanto, las piezas codiciadas iban en aumento, y la otra caza, la menor, entraba en declive, así, los vicios adquiridos en la caza menor, partidas de &#8220,conejeros&#8221, acostumbrados a sabuesos de rastro, tocados de ala por la mixomatosis, se apañaron como pudieron unos perros de más talla, sabuesos de liebre, y comenzaron a dar sartenazos al suido, pero mantenían las costumbres de sus piezas menudas, por tanto, el que mata, es aquel que para la pieza delante de los perros, lleve esta un grano, o un ciento, y la pieza misma, pertenece a la partida de cazadores.

Pero hete aquí, que entro la fiebre de arrancar piños, luego trasladada a las cornamentas y muy recientemente a los cráneos mondos plagados de buenos caninos, en la cual he de reconocer yo también me he visto arrastrado, entendiendo por supuesto esta opción, tal vez para dar testimonio fehaciente de nuestra puntería, aunque conste que a mí todavía se me atraviesa a veces y puede que no valore justamente mis despojos, lo cierto es que muchos de aquellos testimonios quedaron enterrados en mil y un lugares, envueltos en los pellejos que defendían, abonando el campo para alegría de las margaritas de primavera, sin embargo, esta opción, totalmente comprensible, siguió, hasta hace bien poco, estrechamente ligada a la muerte del conejo, la pieza, es de quien la para.

Curiosa frase, uno que ha nacido inquieto, cruzo el puerto de Piedrafita a temprana edad y desde su primera cacería fuera de los límites de nuestro meloso acento, conocía la máxima rigurosa de &#8220,la primera sangre&#8221,, aunque bien es cierto que en más de una ocasión, debido a la nefasta puntería del que escribe, los objetos de deseo, fueron parados por compañeros de armada, unos más tocados que otros, pero jamás se le ocurrió discutir el más mínimo rasponazo, porque aquí la canción tenía otro estribillo, con toques de gaita y fol, &#8220,La pieza, es de quien la para&#8221,, por lo tanto, a pesar de la incipiente tradición venatoria, sobre corzo, jabalí, lobo o ciervo, el sistema de cacería es en si mismo tan distinto, que para respetar, habría que comenzar a respetarlo desde sus inicios, sin calco alguno, ni posible, ni deseado, ni prudente.

Tal vez, doña administración, en su pasotismo, se ha cargado de un plumazo la tan manida hoy &#8220,memoria histórica&#8221, o tal vez le parecía al redactor de la primera y única Ley de caza de Galicia, que deberíamos calcar los términos, modalidades y normas de otras partes con una tradición más antigua, pero sin embargo, bien distinta de nuestra realidad, de un plumazo los cotos pasaron a llamarse Tecores, y la batida fue sustituida por un termino solo utilizado por estos lares en ambientes baloncestisticos &#8220,gancho&#8221,, la tradicional (aquí) montería, que no era otra cosa que una batida sin perros a una sola especie, el lobo, engrosaba los vocablos de nuestra ley de caza, lo que me causa estupor es que los legisladores no fuesen más viajados, deteniéndose en los páramos castellanos a la hora de buscar glosario venatorio, tal vez debieran haber ido más lejos y recurrir a nuestros vecinos Franceses, pues sus términos, cuando menos, resultan más melodiosos.

Cuestiones aparte, debiéramos y debiésemos los cazadores gallegos intentar inculcar lo que hemos mamado de pequeños, imponiendo un criterio sobre los que han nacido contaminados y conservar, aún más, respetar, una tradición, corta, pero muy nuestra, ansiemos el despojo, o no lo ansiemos, pero a sabiendas de que la prudencia, excepcional consejera, será determinante a la hora de respetar unas normas, que han de establecerse de antemano. Por lo tanto, amigo Oscar, respetando la vieja norma, &#8220,La pieza es de quien la para&#8221, y ciñéndose a la 4/1997, Artigo 28. Da propiedade das pezas de caza, punto 6.- &#8220,...e ó autor do primeiro sangue, cando se trate de caza mayor&#8221,, pa cagarse, &#8220,autor&#8221, sea cazador o Perico el de los palotes.

Y Ahora, la batallita.

Batía yo coto muy querido, hace ya algunos años, cuando en la espesura de una fraga, los cuatro sawes rompieron a latir de arrancada, el rítmico latido confirmaba que una pieza iba delante, luego, un solo disparo, seguido,en el fondo de la fraga, de una sarta de improperios y santos en procesión.

Menda que armaba una cuerda, además de reconocer al perro que comandaba la refriega, sabía por el acompañamiento del disparo que el autor no podía ser otro distinto del que había entrado con los perros, el montero, que a diferencia de otros lugares y heredado de las batidas lobunas es como se denomina al &#8220,perrero&#8221, que además, en las batidas porta arma de fuego, pues bien, la pieza, como ocurre siempre que tira el montero, se salía de la armada, cruzando una amplia ladera pelada, en la que como ocurre siempre habían situado uno de los únicos rifles, el mío, con la esperanza de hacer puntería más allá de donde la lógica resulta cierta, más o menos, como siempre.

Cuando vi la pieza, que a buen paso les había sacado un buen trecho a los sawes, reaccione como si hubiesen aplicado una descarga en mi columna vertebral, evidentemente no se trataba de lo que yo espera ver, así que desde mi posición de fortuna me dispuse a cortar el paso, nada complicado pues su escape, hacía un inmenso pinar, precedido de una fraga de acebo, apenas distaba doscientos metros de mi postura.

A veces, es imposible describir algunos lances, sobre todo a los que somos incrédulos y dudamos de la existencia del divino creador, tal vez en estas ocasiones, a solas, se vuelve uno creyente, a mis pies, un venado de quince puntas, grande como una catedral venía derechito a cascaporro y lo que era mejor, los cuatro sawes, apretaban, poniendo un acorde musical, lo cual mezclado con la plomiza luz de un atardecer de otoño, plagado de ocres, grababa una imborrable pintura en la mente del que escribe, imposible a todas luces, de colgar en una pared, esto, aquí, pueden creerme, que no ocurre muchas veces.

La suerte en la caza hay que aprovecharla en segundos, porque tan embobado haciendo el canelo se queda uno, que cuando quieres echar el rifle a la cara, la pieza se ha metido justo en el lugar donde pierdes la visión y entonces, aparecen esos malos compañeros que son los nervios.

Y fueron ellos los que me obligaron a salir pitando, cuando el ejemplar se metió en la fragita de acebos, preñados de bolas rojas como en cuento de Navidad, con la total convicción de que el pájaro había volado y que servidor se quedaba con palmo y medio de narices, sin embargo, en los cinco minutos que me llevo salvar la fraga, oí claramente como los perros latian a parado, así que salvando los dos últimos acebos, gordos y viejos como solo se ven aquí, llegue a un claro, donde a no más de treinta metros, los cuatro sawes habían rodeado al ciervo, ladrando y mezclando el vaho que salía de sus gargantas con el que suyo propio saliendo por el hocico....la imagen, no tenía parangón.

Los sawes latian desconcertados, pues nunca habían tenido un &#8220,corzo&#8221, tan grande, parado frente a ellos, tal vez al ciervo le pasaba lo mismo y entre perseguidos y perseguidor parecía mantenerse un tenso y macabro pulso, nerviosos los canes, sin dejar de ladrar daban vueltas en torno a su presa, esta con los ojos desorbitados luchaba por no perder de vista los afilados caninos, tan bello era el lance, que hube de sentarme temblando y apoyado en un acebo, con el mannlincher en las piernas, tire de un truja, sin saber que hacer.

Mi negra conciencia, a solas, me incitaba a soltar un sartenazo y romper el encanto, sin embargo, tal era el embrujo y tal la pieza, que yo mismo estaba desconcertado, impidiendo el otro lado de mi cerebro soltar un tiro tan sencillo y en esas estaba, cuando el más valiente de los perros se tiro a la jeta del cervido, este, en un instinto heredado de sus ancestros, coloco al sawes entre los candiles y lo volteo en el aire, lanzándole cinco metros mas allá, fue la yesca que mi conciencia estaba esperando para dirigir mi dedo índice al disparador.

Daba las últimas caladas al Marlboro, cuando llegaron los seis o siete compañeros, me entretenía en comprobar el estado del Negrin, el sawes volteado, y entre risas recibía palmadas y enhorabuenas, admirándose del tamaño de la cuerna, fue entonces, cuando repare en un rasponazo que asomaba sobre la grupa del venado, el primer tiro, el del montero, claramente le había pegado.

Nadie reclamo nada, nadie dijo una palabra sobre la propiedad de la pieza, &#8220,La pieza es de quien la para&#8221, y a buen seguro ese rasponazo no la hubiera parado, sin embargo, mientras pelábamos, no podía sacarme de la cabeza el rasponazo, y si a las siete de la tarde era una minucia a las diez se había convertido en un tropezón imposible de tragar, sin duda mi contaminada conciencia no encontraba ubicación posible, así que sin más y saliendo a escape para mí casa, le dije al montero:

- La cabeza, para ti &#8211,

El hombre me miro asombrado, no le di tiempo a decir nada y rumiando, me volvía para casa con la satisfacción del lance y el anhelo del percance.

Al fin de semana siguiente, ya más relajado, inquirí por la testa, y el hombre, sin más preocupación me dijo.

- Pues como no sabía que hacer con ella, cogí un hacha, la pique y enterré todo con el pellejo &#8211,

Siempre que cuento esto, creo que lo hago para convencerla a ella, a mi negra conciencia, para convencerla de que he obrado bien, de que la pieza no era mía, de que la primera sangre es lo que cuenta y de que ya esta bien de escuchar como desde el fondo de mi alma, no se cansa de decirme....... Eres un gilipollas.

Chaín.



   
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(@Usuario anónimo)
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Chain eres un gilipollas ... cierto que lo eres un gilipollas total ...,.pero no por lo que hiciste, lo eres por lo que no haces, por haber dejado de escribir de caza como solo tu sabes hacerlo.

Rectificar es de sabios y determinados personajes merecen ser resucitados.

Un fuerte abrazo del amigo y otro del admirador.

Julián Coca



   
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