Leía ayer en un momento de asueto un artículo publicado por Don Patricio Mateos en una de las muchas revistas del sector cinegético, evidentemente, como es menester en estás fechas, año tras año y erré que erré, con el corzo como protagonista.
Pues bien, en el mencionado artículo, este cazador, encontraba que ciertas afirmaciones sobre las “realidades”(como comenzaba el titular) del corzo, provocaban extrañeza en cuestiones que yo, a lo largo de los años, había tenido ocasión de comprobar, echando por tierra alguna de mis teorías sobre el llamando duende, como carezco de base científica y no he publicado nada, de poco pueden servir mis cavilaciones, aunque yo, díscolo empedernido, difiero sobre algunos casos mencionados, en concreto la afirmación sobre la monogamia del pequeño cervido.
Por lo que he visto, evidentemente en los corzos de mi pueblo, estos se parecen más a los escoceses (los de la falda y malta fermentada) ya que su organización estructural está más próxima a un clan que a otra cosa, además, ese aspecto pelirrojo del estío, como algún pelo de mi barba, tiene ancestros normandos que evocan a druidas celtas, adoradores de Lug, el Dios del bosque.
Pero no es este el motivo de mis diatribas, lo que realmente me ha hecho pensar, y es que yo pienso poco y mal, Gallego soy, ha sido la negrita entre interrogante del segundo párrafo la que realmente ha sido el acicate de mi “post”.
“¿cuál es la época ideal para la caza del corzo?”, comenzaba a desarrollarse el artículo, por supuesto, como se supone, los meses de marzo y abril salen a colación para abrir el desvede y comenzar a abatir los machos, descorreados y medio pelados, feos, créanme como ellos solos e incomparables, en su fase plástica, a un rojo corzo de primavera, sin embargo en cuestiones estéticas hace mucho que uno no entra, ni siquiera se me ocurre últimamente entrar en la éticas, pero uno, que sale muchas veces al campo, se ha dado cuenta de varias cosas que han venido de esa mano prematura que ha abierto cuando antes la caza del corzo.
Sepan Vds., que la caza del corzo resulta sumamente agradable, e incluso dichosa, entre otras cosas porque permite al cazador fundirse con el campo, ver y oír muchas otras cosas y animales, que el objeto, que no objetivo, de sus anhelos, digo objetivo, porque en eso es lo que parece se han convertido estos pequeños animales, ya que de nuevo, sepan vds. que es el mes de Abril el más propicio para darle un sartenazo a uno de estos machos de graciosa “cuernecilla” apoyado en la ventanilla de cualquier vehículo, o incluso, rececharlos desde el cómodo asiento de nuestro TT para hacer una entrada, sin calentar y a lo bruto, los últimos doscientos metros, eso, si no probamos fortuna con veinte aumentos “paralelados” con el rayo de la muerte wehatherby para evitar mojarnos los pies con el rocío mañanero.
Pero también sepan que en Mayo, las cosas, cambian (de carallo que diría un gallego), la hierba pasa del metro y los corzos que en abril se quedan pasmados ante nuestra ventanilla, sestean al resguardo del verde manto y gracias a nuestra exuberante vegetación, desde el coche no se ve....un carallo.
Dificultad añadida, pues, que al verdadero cazador, se la pone dura, pues es ahora, cuando como un halcón busca esa atalaya que le habrá llevado años encontrar y que cada uno guarda celosamente en su memoria, para desde allí, en el anhelado silencio de un amanecer, localizar en las querencias a su objeto de deseo, por fin llega la época del halcón, y de nada les vale a los buitres, hacer pasadas rasantes al volante de sus cuatro por cuatro.
Es por esto, por la caza a la Polaca, que tanto denosta y descasta, no se crean, porque cualquier tonto al que le aprieten las botas y que curiosamente visten de camouflage para ir enlatados en cuatro ruedas, anda dando sartenazos aquí y allí, por cuanto camino ven, cierto que los corzos aprenden de un año para otro y cuando oyen el ralentí suelen salir zumbando, pero en abril, los corzos son más tontos que los de los coches y su cabaña paga el pato de lo lindo.
Tal vez habría que complicar un poco la cosa, retrasando la apertura, para encontrar una verdadera época ideal para, disfrutar, de la caza del corzo.
Seguiremos.
Tu comentario sobre abril es de lo más sensato y no creas que estás solo en esta línea.
Son ya muchas las voces que se están levantando pidiendo un poco de cordura pero estamos en el país de los bandazos y esto del corzo es como un coche loco conducido por borrachos que va dando bandazos. Igual que sucedería si el mismo coche fuese conducido por ignorantes desconocedores de la mecánica y del código de circulación. Es más, creo que ni siquiera está establecido un código elemental sobre cómo llevar este vehículo y corremos el peligro de que el primero que llega y dice "por aquí" pueda convertirse en una especie de flautista de Hamelin y llevarnos a un precipicio de dificil salida.
Indudablemente, abrir en abril en la ladera sur de la cordillera Cantábrica y en altitudes superiores a los 900 metros es algo que habrá que revisar y pronto para que no sea demasiado tarde.
saludos al foro, este es mi primera intervención y espero que no moleste.
Robles SI.
Lo cacemos o no lo cacemos en Abril, el corzo lo lleva jodido. Y lo peor de todo, lo más daño le hace, es su propio éxito. Entre todos hemos conseguido ponerle de moda, a ahí está el peor mal.
Tanto artículo y tanta foto y tanto dale que te pego y erre que erre con el corzo. Si es que no se nos cae el corzo de la boca ¡coño! que en todas las revistas para arriba y para abajo sin parar.
Y luego están los Ayuntamientos, o las sociedades de caza locales dedicados a ordeñar la vaca pero sin cuidarla, buscando nada más que el rendimiento económico, nada más que sacando sin aportar nada. Juegan con el mercado a su favor -léase gran demanda- para conseguir unos precios desorbitados que no dejan hueco a los compradores para poner ó compartir un guarda. Ni para rozar unos rosales silvestres siquiera, la verdad es que no deja hueco para nada.
Ellos cobran, cuanto más mejor, y miran para otro lado.
Y el que todo el mundo mire para otro lado ha permitdo construir el sistema perverso actual en el que tantos cotos se pagan por el número de precintos recogidos en su plan de caza, cuanto menos, mejor, porque menos se paga, y luego se matan los que se puedan, que así están todos cayendo como moscas, pillados con el precinto sin poner. Que es lo último, ser un furtivo en tu propio coto. Robando de la nevera de tu casa... absurdo ¿no?. Y que por cierto, qué fácil de pillar son estos "palomos" y que difíciles de pillar otros tipo águila a los que los Sepronas ¡cagoenlaputa! es que no pillan nunca.
Ni que decir tiene que existen las excepciones y sé por ejemplo de aprovechamientos que no se le han vendido al que más dinero pagaba simplemente.
Es todo una espiral jodida de la que no sé cómo logrará salir el corzo.
Yo creo que lo mejor es dejarlo un poquito en paz. Que a él solito le ha ído extraordinariamente bien sin que andemos todo el día tocándole las orejas.
A cazar en Abril, o mejor dicho a poder cazar en Abril, porque nadie nos obliga a ello y al que no le guste que el corzo se le peleche entre las manos al cobrarlo que se espere hasta Junio, a que estén como dice mi amigo Kachy de color rojo-Zeiss (por aquél anuncio de Zeiss que seguro que recordais que salía un corzo rojo, rojo vermellón casi) pues que se espere.
Yo no le veo más que ventajas porque facilita enormemente el cumplir el plan de caza. Además, en una época en la que no tengo la sensación de poder estár haciendo un roto en ningún sitio, como puede suceder a final de Julio o principios de Agosto. Y aquí de lo que se trata, ahora que a cualquiera sin puta idea de nada te lo presentan como Gestor que ¡manda huevos!, es de cumplir el plan de caza. Se trata solo de cumplir el plan.
Y no se trata de nada más. Y si cazar en Abril nos ayuda a cumplir el plan, pues a ello.
Venga, un saludo.
Esto de cazar o no en abril el corzo me recuerda a otras situaciones ya vividas con otras especies y en otras disciplinas. Me recuerda, por ejemplo, el caso del salmón. Es sabido que el salmón abrileño, e incluso el salmón de marzo, es más noble en la picada, proclive a morir por puro afán de tomar cualquier cebo, y son peces de mayor peso y por ende más valiosos para el río. Bien es verdad que la naturaleza, en su infinita sabiduría, proveé al salmón de una defensa grande cual es el gran agua de los deshielos que pone a prueba la valentía del osado pescador, que debe atreverse a vadear las frías y rabiosas aguas de nuestros cauces cantábricos. Mucho se ha debatido sobre la inconveniencia o no de pescar en marzo o sobre cargar las tintas en los meses cálidos donde los añales son legión y cuando le calor torna al salmón perezoso para tomar engaños. Así las cosas, el salmón se continúa pescando en marzo o abril, y sus capturas, aunque menguadas si lo comparamos con las cifras de principios del siglo pasado, son estimables sobre todo si lo valoramos frente a lo que sucede con las truchas. No voy a entrar a valorar las causas de lo uno ni de lo otro, ya que queda fuera del contexto de esta lista, pero que el "campanu" lo pesque un guaje de un mal cucharillazo, a primera hora del día de la apertura en un mar de agua que puede ser el Narcea en el mes de marzo, no hace que el salmón sea una pieza indigna, fácil, ni hace que viva amenazada.
Creo que el problema del corzo es la ausencia de responsabilidad de los cazadores en general, de los titulares de los derechos de caza en particular y de algunas administraciones (no todas son iguales). No entiendo que un coto con 4 ó 5 precintos tenga el "derecho" a cazar desde el 1 de abril al 31 de julio (5 meses, aproximadamente 146 jornadas de 40 a 30 días, o 80 a 60 salidas/corzo). A cualquiera se le ocurre que eso es un disparate, o a mi me lo parece. Con estas cifras debería ser necesario fijar un calendario concreto -sé que esto disgustará a los amantes de la libertad, pero es que esto no es El Yukón- de forma que se ajusten los esfuerzos de caza ( días necesarios para conseguir abatir un ejemplar de corzo) con el cupo de capturas.
En las Reservas de caza, donde a pesar de los pesares, la gestión es racional y se ajusta a principios regidos por cifras y eficacias -aunque estas estén limitadas por el número de guardas o de cuarteles o ol que sea y sean manifiestamente mejorables- las cosas se hacen así y a la vista está que la caza ha prosperado en general.
Sé que esto no me hará más popular de lo que soy, pero debo decir alto y claro que el problema no está en las fechas de desvede sino en la actitud que los cazadores tenemos. Queremos batir records de forma constante, más corzos, más grandes, más rápido, más lejos, más difícil, más fácil. Somos de natural ansiosos.
Toda la información disponible sobre biología, comportamiento, accidentes de tráfico, supervivencia, etc. abunda en lo oportuno de cazar la mayor cantidad de machos en época prerreproductiva, al margen de si pesan más los cuernos, están descorreados, sea fácil o difícil. Esa es la óptica de la gestión sin otras interpretaciones (por cierto que lo de la prevención de furtivsimo nunca me lo he creido).
No obstante, el cazador amante del "juego justo" puede que quiera cazar corzos difíciles, imposibles. El corzo, como el salmón, se vedan casi solos. Desde mediados de mayo a mediados de julio el corzo no da la cara, ni bien ni mal. Hay que meterse en su terreno y ganarle la partida. Es el momento en que haremos más daño y por eso se defienden. Matar alguno no es malo y queda para los cazadores sabios. Lo que habría que hacer es ser consecuente y quedarse en casa hasta bien entrado mayo. Si el permiso o el coto es nuestro no debería pesarnos tal decisión, salvo que envidiemos al tuercebotas (yo mismo) que caza en abril. Sucede que en esto de los permisos hay más trampa que otra cosa y un precinto rueda y rueda hasta que como por milagro se multiplica pasando de mano en mano para gozo del titular del coto y contento de los cazadores que luego se quejan de lo que sucede, pero claro, eso de aguantarse las ganas no es posible.
Saludos
Gerardo Pajares
Aunque ya hemos habaldo de este tema en este foro, y sabes que no estoy de acuerdo con las limitaciones, prohibiciones, etc. me vas a permitir que comente algo.
Lo que propones, Gerardo, es algo así como dictaminar por decreto que las joyerías habran sólo cinco minutos cada día para bajar la incidencia de los atracos. Como los atracadores sólo disponen de cinco minutos bajará por fuerza el número de atracos.
Estoy de acuerdo y es de cajón que en un terreno donde hayan de abatirse muchas piezas, donde el cazador no está relacionado con el titular, no conoce el terreno y donde hay que poner a disposición del cazador un personal de guía, no haya más remedio que poner limitaciones en el plazo de ejecución de cada abate, porque no se puede estar eternamente buscando un bicho, y limitaciones en la ejecución del plan completo.
Esto está relacionado con la parte económica de la gestión racional de un coto, ya que no se pueden asignar recursos sin límite para ejecutar una parte mínima -o la suma total- del plan de gestión, cual es un ejemplar a abatir, porque no puede salir más caro el coste o gastos -aquí no vamos a discutir si son churras o merinas- del bien obtenido que el precio percibido por ello. Hasta ahí de acuerdo.
Sin embargo, esto implica que la oferta sea amplia, por la que el cazador tenga suficientes oportunidades de jugar el lance durante el tiempo de caza asignado. El que la oferta sea amplia significa que la densidad sea alta en relación al número de abates, de manera que por cada bicho a abatir se hayan podido tener varias oportunidades en caso de problemas meteorológicos, fallos, no corresponder con lo deseado, etc. Entonces nos encontramos con el problema de que como el porcentaje de animales a capturar con el sistema de rececho es menor del total del cupo, por aquello de que ha de haber más que los exclusivamente abatidos por rececho, hay que completar el cupo de capturas posteriormente con otros sistemas mucho más eficientes y baratos, lease batidas.
Pero esto no es posible al menos a priori en algunas CC.AA. Y por otro lado ¿por que tengo que tener una densidad alta en mi coto si mi esquema de gestión va en sentido contrario? Esto que voy a decir podría tener discusión, pero ¿por que tengo que completar mi plan de caza con batidas si no me gustan?
Por otro lado ¿por que tengo que hacer una gestión viable económicamente hablando, si para mí le gestión del coto es un hobby carente de finalidad lucrativa?
No has de olvidar que normalmente los terrenos gestionados por la administración tienen cupos de caza muy inferiores a los posibles, pero eso nace de la filosofía de que estos terrenos han de ser la madre o reserva de todos los demás, y aún así hay casos en los que al final no queda más remedio que actuar energicamente, como viene ocurriendo en los últimos años en Urbión con los ciervos, por poner un ejemplo.
Habría que recordar que en los planes técnicos se han de indicar cupos por cazador y día, jornadas cinegéticas por especie, número de cazadores por jornada y especie, etc. por lo que cualquiera puede limitar las cosas a su antojo, sin necesidad de que mamá administración nos coarte nada, y de cualquier manera si mamá administración ve en el plan que las cosas se plantean mal, debería actuar no aprobándolo.
Por último, a ti, a mi, y a muchos de nosotros nos pueden gustar las cosas difíciles, pero no creo que seamos nadie para decirle a alguien que le guste lo mismo que a nosotros, ni tampoco para decidir que los corzos cuando son fáciles no se han de matar. No me apetece, pero entiendo que a alguien le guste más obtenerlos cuando más fáciles son.
El problema no es ese, el problema son esas otras cosas que has mencionado y que se han mencionado en otros lugares de este foro.
Hay que reparar en que no todos los corceros tienen coto. Así, la mayoría de cazadores van cuando tienen tiempo, que suele ser dos o tres fines de semana, a todo tirar. Si cazan con la Administracion, maximo tres dias, y te toca cuando te toca.
Por ello, aunque la temporada sea larga, no significa que todos los corzos tengan todos los dias a un tio tras ellos. Lo normal, es que un guarda o guia, tenga localizados dos o tres y los vaya cazando hasta que los consiga. Nadie quiere que el cazador se vaya sin ver ninguo...
Cazar en Abril, tiene su tecnica y su dificultad, como Mayo, Junio y Julio. Por supuesto que todos sabemos que depende mucho del terreno, la metereologia, la densidad etc, por lo que el grado de dificultad de la caza del corzo en Abril, es dificilmente mesurable. Dicho de otra forma: Depende.
El corzo, para mi, es el rececho mas complicado en España, pues incluso puedes estar cazando un machazo durante semanas y el dia que te haces con el , no da ni bronce. Es dificilisimo, por no decir imposible, juzgar un trofeo en vivo y ademas, aunque sea territorial, estacional, puntual y todo eso que sabemos todos, es impredecible.
Por ultimo, pensar que la mayoría de cazadores, no tienen los conocimientos ni la experiencia de los foreros, con lo que para algunos es "facil", para la mayoria es imposible, bien sea en Abril, o en pleno celo.
Juan Morera
No querido Yago, lo que comento -que no propongo- es que en mi opinión debe haber una correlación entre el esfuerzo de caza y el cupo. Eso es algo que se maneja, por ejemplo, en las Reservas de Caza de toda España. El como calculan los cupos es cosa aparte, y por cierto no es mucho peor a como se hace en la mayoría de los cotos. Insisto en que me refiero al esfuerzo expresado en número de jornadas por pieza o a la inversa.
Por otra parte es algo conocido que, en muchos cotos de Castilla y León y quizá en alguna otra región, los permisos -iba a poner precintos porque en realidad es eso los que funciona- se van rotando entre los socios con el acuerdo de que nadie lo "gaste" hasta que todo el mundo haya tenido oportunidad de darse el gusto de salir. Sucede que el problema muchas veces está en que el turno pueda dar la fortuna a un cualquiera (dicho sea con todo el respeto) y que mate un corzo. Esto pasa logicamente más en abril que en otro mes, sobre todo porque llegado mayo los corzos se conocen hasta las matrículas de los coches.
Saludos
Gerardo Pajares
Totalmente de acuerdo, y eso es una cosa que poca gente analiza. El esfuerzo de caza es un factor más medir en nuestra gestión, porque nos dará un parametro más en el analisis de lo que estamos haciendo.
Como complemento leí una vez a Rafa Centenera en un artículo, que el mero hecho de salir de rececho nos puede dar información muy valiosa de como evoluciona la población de nuestro coto.
Lo que ocurre es que eso se puede medir y comparar cuando tenemos una muestra muy homogénea, y eso a veces es dificil.
Cuando se cazan varias docenas de corzos al año como en Valdés, y los cazadores que vienen son de fuera, lo normal es que el porcentaje de chambones, tíos buenos y figuras sea más o menos el mismo a lo largo de los años.
Cuando cazo en mi coto, pasa igual porque los que cazamos somos siempre los mismos, pero cuando la gente cambia pero dentro de un reducido número de cazadores, puede salirte un año el cazador no muy experto o el manta que te trastocan la estadística porque su peso en ella es mucho.
De cualquier manera también en este caso el esfuerzo de caza habría de ser libre. Yo por ejemplo, no soy un tío que me frustre irme a mi casa un día tras otro sin apretar el gatillo, por lo que el esfuerzo de caza que daría mi estadística sería muy grande en comparación con otros. Pero eso es algo personal, que no creo que se deba imponer. Por otro lado los tipos de monte, la orografía, etc. son aspectos que afectan de una manera muy particular a cada coto, por lo que si la administración sintiera la tentación de regular el esfuerzo de caza, seguro que se cometerían injusticias, ya que muy posiblemente unos se quedarían por debajo de ese límite y otros irían sobrados, con la que el agravio comparativo se vería servido.
En cuanto al tema de los precintos rodando de mano en mano y siendo depositados en un buzón al final de cada jornada, creo que es un mal sistema de hacer partícipes a todos, que lo único que trae es que se maten tantos corzos como participantes en el juego hay, y no se utilice al precinto hasta que más o menos todos han obtenido su fruto.
Yo obligaría al titular a asignar por escrito cada precinto a una sóla persona, si quieres con posibilidad de asignarlo a otra u otras dos en caso de alguna incidencia, comunicando al Seprona de la zona y la Guardería de Medio Ambiente esta referencia de manera que sean personales en intransferibles. Pero esto supondría el carecer de precintos para invitar a nuestros amigos y habría que arbitrar un sistema para ello, porque una de las cosas bonitas que tiene la caza es poder invitar a tus amigos a cazar en tu casa.
Posiblemente la solución fuera definir los precintos de "invitados" con la obligación de comunicar con una mínima antelación su adjudicación, que en caso de no ser exitosa, pasaría al siguiente invitado cuando así fuera.
Yago, yo tampoco he dicho que las fechas las deba fijar la administración... es más defiendo que sea el Plan de Ordenación Cinegética donde eso encaje de modo que forme parte de la responsabilidad del titular de la caza (fíjate que no digo de los permisos de caza) de modo que exista un vínculo entre explotación (no digo tampoco gestión, ojo) y conservación del recurso. Pero es que además esto no nos puede sonar a chino, hace años que en mucho lugares se aplica a la perdiz, por citar un ejemplo, o en la caza de algunas aves migratorias. En todo caso tómese todo esto como una simple reflexión en voz alta y a tenor de la preocupación que parece atenaza a algún buen amigo por lo de cazar en abril.
Abrazos
Gerardo Pajares
Totalmente de acuerdo una vez más.

