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Corzos de Burgos, a patacón.

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(@Usuario anónimo)
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Por regla general, la vuelta a casa tras una jornada de caza suele resultar agradable, a pesar del cansancio acumulado y de los resultados obtenidos, el lapso de tiempo que va del cazadero a la puerta de tú casa, al menos en mi caso, se convierte en un momento idóneo para rememorar los lances, saborear el dulce resultado obtenido o intentar enmendar la amargura de lo que ha quedado en el campo, burlando al cazador, quizá cuando vuelve uno bolo de una aventura lejana, es cuando más se revivan las ascuas para intentarlo de nuevo, y esa pieza, sea corzo o cualquier otra cosa, se nos aparece en cada kilómetro del trayecto, me consta que esos lances son el compañero habitual de muchos que andamos volviendo solos a casa tras nuestros recechos en otras tierras más lejanas.

Por una ironía del destino, este año, mi temporada ha comenzado a principios de Abril, pero quien me iba a decir a mí, que sería lejos de casa, donde los corzos tienen puesto nombre y apellidos, este año, por probar y por aquello de que lo cotidiano se convierte en vulgar y lo inusual se anhela, se me presento la oportunidad de cazar en Burgos.

La leche, Burgos, un corcero no viajado como yo, que oiga mentar los pagos del Campeador se imagina la jauja del trofeo y a pesar de que uno ya no está en edad de andar buscando un “percance” que de ciento y la madre de puntos, harto de lances, pica el gusanillo y te embarcas.

Pobre insensato, tenía que haberme leído con mas detenimiento el Cantar de Mío Cid, y habría sabido las que paso el de Vivar para salir de su tierra sin menguar sus carnes obligados como estaban sus paisanos a no dar ni agua, ni sal, ni cobijo, vaya penitencia que le impuso el soberano Alfonso y es que Burgos, amigos míos, es muy grande.

Mi cazadero se orientaba al norte, poco difiere de algún lugar de mi verde Galicia, en el que pasamos gran parte de la temporada, poco difiere, en cuanto a la cobertura vegetal, a las gentes y por supuesto, a nuestro objetivo, los corzos.

Sin embargo, tras dos días de periplo corcero, aparte de las excursiones para conocer el norte de Burgos y dar rienda suelta a los jugos gástricos con las morcillas y el asado, la vuelta a casa, pese a no volver de vacío, se convirtió en un precipitado retorno, deseando poner tierra por medio y haciéndome replantear el sentido que tiene darle un sartenazo a un pobre animal sin arte y con mucha parte.

Recordaba las palabra que le oí a nuestro presidente honorífico, Pablo Ortega, cuando explicaba y recordaba a todos, el porque se había embarcado en esta nave que lleva el nombre de la ACE, simple y llanamente, porque el corzo le atraía tanto que se sentía obligado a velar por este pequeño cervido, los más cursis dirían que, amaba el corzo, pero eso, hoy en día que cuesta tanto decir por favor, parece trasnochado, sin embargo, a Pablo no le movía, y creo no le mueve, sacar algún beneficio personal o en conjunto de la asociación que no redunde en el propio corzo, ya obtenemos bastante vanidad colgando de un muro su trofeo, como para no respetarle al menos un mínimo.

Lo que Pablo piensa, creo que lo pensamos muchos, tal vez también nos cueste admitir que en el fondo lo que nos une al corzo es una pasión filantrópica, pero los grandes cazadores de corzos que yo conozco y que considero amigos, van en esa línea.

El mismo Pablo, me recordaba hace unos días, en un paseo a orillas del Cantábrico, que ancha y grande es Castilla y no conviene generalizar, mi caso, sin duda puede ser una excepción, pero lo que yo he visto en el norte de Burgos, no me ha gustado un pelo, como cazador me ha repugnado, incluso me parece inexplicable, absurdo, sin coherencia y a pesar de que puede resultar una gota (que no lo creo) en un mar, no me he quedado a gusto hasta que lo he escrito, sobre todo, no me he quedado a gusto por que los corzos del norte de Burgos, necesitan que alguien hable de ellos y lo necesitan con premura.

He asistido el día de la apertura, el 1 de Abril, a una marabunta de cazadores con una sola obsesión, matar y matar rápido, desde la atalaya que me había tocado recechar, el sábado de amanecida, entre las siete y media y las ocho de la mañana, hemos contado diecisiete disparos, con los prismáticos y el catalejo podía ver como la sierra era un continuo safari de todos terreno, carrileando, con las ventanillas erizadas de armas, en las siembras he visto corzos que llevan zurrados por lo menos un mes, eso se nota, he visto trofeos plagados de borra por “malas interpretaciones”, disparos muy próximos al lugar donde recechaba (que por cierto me han erizado el vello), me han arrollado con su vehículo dos ¿cazadores? con claro acento del nordeste español mientras entraba, a pié por cierto, a un corzo que merecía la pena, y no solo eso, se han mostrado extrañados de vernos a mi amigo Jaime y a servidor que le hacía de guía, entrando a pié al Capreolus, deteniéndose para comentar la jugada e inquiriendo sobre la posibilidad de dar “la mano” ellos en otra dirección (como si fuésemos a perdices), he visto tíos apostados en las siembras a las 6 de la tarde para “coger sitio”, en fin, he visto de todo, y no se crean que solo había gente del norte, había gente de todas partes (hasta un gallego despistado)...y sinceramente, lo que no he visto, es gestión.

Sin duda, si fuese la primera vez que salgo a recechar corzos, tal vez fuese la última, me habría quedado para siempre tras las patirrojas y picudas en mis verdes fragas.

Algo me ha quedado claro, lo que necesita esta marabunta de gente, que llega a lomos de los Cayene, Tuareg y Range Supercharged, con el casco blanco en la bandeja (y supongo que la paleta en la guantera) es, como decía mi abuelo, un “Cabo de Varas” que con un buen vergajo les diga como, cuando, porque y sobre todo, a que, han de disparar, aunque tal vez antes de todo esto, lo que realmente es necesario, es repartir unas cuantas camadas de palos, porque algunos, por mucho que se les diga, la única forma de que entiendan que no tienen ni puta idea (iba a poner pajolera) es notar en las costillas el siempre reparador calor de unos palos bien pegados, total, ahora que estamos en Semana Santa, lo de flagelarse o que te flagelen no estaría a destiempo y es que hacen falta más “Picaos” en Castilla, sobre todo porque en Cayene, Tuareg y Supercharged, se llega muy rapidito a cualquier parte.

Y es que el poderoso caballero, ahora, no es Don Rodrígo Díaz, ahora en Burgos campean los billetes de la Unión (la Europea no los azulados Yankees), a lomos de más de 200 caballos, una pena que tanto denario se desperdicie en moles de hierro andantes y no se invierta más en adquirir un poco de la barata cultura, pero lo que mola, es comprar un corzo de “a patacón” para darle gusto al gatillo del blaser puesto a tiro a 486 metros.

Hay que joderse.

Chaín.



   
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(@Usuario anónimo)
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Impactante crónica que, en mi opinión, demandaría rápidas y tajantes medidas.



   
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(@Usuario anónimo)
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Chaín, tienes toda la razón, el corzo por suerte (Esta página web es un buen ejemplo) y por desgracia en muchas ocasiones, está de moda, y a todos los niveles. Tirarlos desde el coche es más que habitual, y no creas que tiene que tener siempre muchos caballos y neumáticos de asfalto, que los 4L y todoterrenos de cuarta mano también manchan sus maleteros de sangre corzuna.

No hay más que fijarse, qué pena me da, en las colecciones de cráneos que juntan los grandes tiradores (¿cazadores?) en las vastas llanuras centroeuropeas. Esas fotos con el corzo muerto al pie del carril, con el trigo verdeando detrás, y casi adivinándose el Lada desde el cual se fusiló al animal... qué ganas de aparentar lo que no se es tiene el ser humano.

Pero tampoco hay que irse tan lejos, hace unos años en un coto de León al cual inocentemente accedí, nada más entrar al mismo en la primera mañana de caza acompañado por un guía local, minero prejubilado a los 40 por más señas (qué peligro tienen y cuántos hay), vimos un hermoso ejemplar entre los brezos a unos 30 metros del camino, no sería más. Yo sin moverme del volante lo disfrutaba con los prismáticos a placer, el individuo después de unos segundos ya se empezó a poner nervioso -¿No coges el rifle?- Pues creo que no- Lo estuve mirando un rato más, arranqué y el paisano me miraba bizco del todo.- Que sepas que no hay mucha gente que haga lo que acabas de hacer- me dice. –Desgraciadamente, así es-

A esa excursión fui con un amigo, el que me lió para el coto, que pegaba saltos de rabia por no haberle tirado, creo que todos conocemos “cazadores” de este cariz. Y después de dos días me fui sin pegar un tiro, pero sinceramente no me arrepiento de la decisión. Ese trofeo en la pared me daría más vergüenza que otra cosa.

Pero lo mejor de aquél coto era el presidente del mismo, tenía un Mercedes clase G corto, con el que en más de una ocasión pensé que rodábamos hasta el fondo del barranco por la forma que tenía de conducir, era de los que pilotan, no conducen, y para el que su máxima ilusión cinegética era cobrar un cochino con un arma fina de verdad: las enormes defensas de acero que adornaban la delantera del coche. Ya por entonces casi lo había conseguido en dos ocasiones en que el guarro le había cruzado por delante. Viendo ese ejemplo se puede uno imaginar el resto.

Saludos cordiales,

Joaquín d’Aubarede.



   
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(@Usuario anónimo)
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Chaín se ha quedado a gusto después de despacharse públicamente con el asunto burgalés. No le culpo por ello. De hecho, a mí, y sin llegar a esos extremos, también me quedó un regusto agridulce.

Uno tiene la suerte, para algunas cosas, y la desgracia, para otras, de ser y vivir en Madrid con lo que gastamos mucho neumático al año para ir tras los corzos. A diferencia de mi querido amigo gallego, yo no tengo la suerte de abrir la ventana de casa o de conducir diez minutos y ver capreolus por todas partes. Por este motivo cada inicio de temporada me dejo caer por CyL – primera de las CCAA en abrir – para mis primeros corzos, en parte por culpa de la cabezonería de mi querida CLM que se empecina comenzar el desvede del corzo el 1 de Mayo – cuando llevo 1 mes viéndolos descorreados y los furtivos hacen su agosto – y también, porqué no decirlo, por intentar cobrar alguno mayor de los que tenemos por ahí abajo.

Dicho esto, es obvio que me resulta menos “sorprendente” que a Chaín ver los “comandos” que serpentean por los carriles de Burgos, si bien me desagrada tanto como a él a pesar de la costumbre. Quien escribe hubo de echarse literalmente cuerpo a tierra dos veces durante uno de los recechos de alba, y esconderse en otro vespertino. Es de obligada mención que ni todo el Norte de Burgos es así, ni siquiera esa zona lo es siempre, incluso pueden verse no pocos cazadores de los que todos tenemos en mente recechar a pie y como mandan los cánones. Pero he de reconocer que no se les da tregua en este sitio en concreto. El año pasado, por ejemplo, estuve en dos ocasiones en la zona que nos relata Chaín, la última de ellas durante el celo, y no vi un solo macho - la razón está muy clara – mientras que este año el día de la apertura vimos más de quince machos, alguno con borra aún. Otro amigo común de Chaín y mío dejó de cazar allí por esta misma razón., y es que el rececho, más allá de la propia captura, debe ser un ejercicio de disfrute, relajación, descanso mental, y superación, justo lo que no se obtiene cazando de la forma descrita por nuestro gallego.

Aún así dimos buena cuenta de algún corzo al que le ganamos la mano en buena lid cambiándonos los roles de cazador-acompañante consecutivamente, y es con esto con lo que me quedo y del resto me olvidaré – la comida y compañía también se vienen conmigo - . Mi memoria es muy selectiva, y siempre me quedo con lo bueno, pero espero por el bien de esa preciosa zona castellana que alguien ponga orden allí, y a falta de las autoridades la propia sociedad de cazadores debería tomar cartas en el asunto.

Saludos.

Jaime



   
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(@Usuario anónimo)
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Esto es precisamente lo que me paso con "mi corzo" en pagos burgaleses, hay inocente de mi, que pobriño como dice mi mujer, como buena gallega, en cuanto abrí la bocaza, que había visto un buen corzo, aquello parecía la guerra, coches, tios, vamos de todo, así que la verdad, yo llevo cazando 2 años en el norte de Burgos y el tema de ASESINAR corzos desde los coches es lo normal aquí, y además tiran a todo lo que ven, supongo que no todos, pero es lo que he visto.
En la zona del valla de Losa, cogí un precinto y no lo gasté, pues la gente no lo entendía, con los que hay, pero yo no ví ninguno bueno, y eso no lo entienden, dicen pues mata uno malo, pues NO SEÑOR, yo no mato, YO CAZO.

un saludo.
Txema García



   
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