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Asociación ladridos

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(@Usuario anónimo)
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El otro día cazando con dos buenos amigos por tierras sorianas me sucedió una cosa con el perro, que no acabo de entender muy bien porque significaría que el perro ha sido capaz de asociar dos cosas que se me hacen imposibles.
Ibamos de rececho actuando mi anfitrión de guía. En un momento dado en la ladera de enfrente comenzó la bronca un corzo macho que evidentemente nos había localizado, y repechaba la ladera evadiendonos. Yo no lo pude ver porque ibamos detrás de nuestro guía y una encina nos tapaba, y el perro menos porque con su altura no podía ver nada a causa de la vegetación. Además la ladera estaba en la sombra y nosotros teníamos casi el sol de cara.
Pues bien, el perro empezó a ladrar como un loco, cosa que corté de inmediato. Bien es cierto que momentos antes habíamos pasado por el rastro de una corza que nos salió como una liebre, pero no acabo de entender como el perro ha podido relacionar ladridos con corzo, de manera que los ladridos le han desencadenado una reacción de acometida hacia su presa, máxime cuando un rato antes estuvimos muy cerca de una hembra que nos localizó y estuvo un buen rato ladrando ante la impasividad de Blas -que así se llama el perro-. No es la primera vez que oye ladrar los corzos, cosa que habrá sentido docenas de veces, pero nunca había reaccionado así. Siempre muestra atención pero nada más.
Para que el perro llegue a asociar esas dos cosas tendría que tener una capacidad de abstracción y unos mecanismos mentales que ningún animal irracional posee, por lo que no lo entiendo bien.



   
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(@Usuario anónimo)
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Los perros y sus cosas:

En una finca extremeña de mis abuelos teníamos unos mastines magníficos, descendientes en su mayor parte de unas parejas compradas por mi padre en Sierra Segundera, tenían fama en el entorno y los ganaderos vecinos tenían lista de espera para los cachorros, los lobos eran abundantes y daban mucha guerra, nuestros perros sabían de lobos y tenían esa sabiduría grabada en sus genes.

Las batidas grandes de lobos no solían dar resultado, las que se daban con los perros de las majadas por los cabreros, pastores y guardas de las fincas, con poca gente y sabiendo cada uno muy bien cual era su sitio eran bastante más efectivas, hace un porrón de años fui avisado para una de esas batidas, en una finca colindante a la nuestra, , fui a caballo acompañado por nuestro guarda mayor, que tenía cobrados once lobos, cada cual tenía su puesto (puertas los llamaban) preasignado, ese día, por deferencia, y seguramente por ser el único rifle del grupo, me mandaron a uno que dominaba un paso cercano y un par de claros entre el monte como a cien metros, el guarda me acompañó con su vieja escopeta bien repleta de postas, dejamos los caballos al cuidado de un muchacho que tenía asignada esa misión y se los llevó lejos, me colocó prácticamente por señas, si recuerdo que levantó el cuello de su chaqueta para cubrir el blanco de la camisa y se tumbó en el suelo sobre una manta, un par de cohetes, de los que se usaban para defender las montaneras de las palomas, avisaron del comienzo de la batida, después silencio absoluto, ni una voz ni un ladrido y eso que yo veía desde lo alto como media docena de hombres y una docena de mastines se movían dentro del monte abiertos en mano, durante media hora nada de nada, hasta que ... unas mirlas salieron volando y protestando cerca de uno de los claros, creí ver una cabeza asomar al borde, cuando la quise meter en la lente nada había, pero .... cruzando por el mismo borde del otro claro vi venir de frente al lobo, el rifle estaba bien apoyado en la horquilla y la lente estaba puesta en tiro dos días antes probada y bien probada, puse el pelo y el viejo Mannlincher del 30.06 mandó una TUG de 180 grains derecha al pecho del lobo, fue una tontería y una precipitación pero dio resultado el lobo ni rechistó, quedó en el sitio, Angel, el guarda, se levantó de un salto y se lió a darme abrazos de oso mientras gritaba “Los has dejado seco, menudo tiro que le has pegado ... que pedazo de lobo” pero ... ambos vimos como la loba se daba la vuelta con la agilidad de una ardilla, creo que si está quieto y callado lo mismo hago doblete claro que lo mismo no lo hago, sospecho que fue la cabeza de la loba la que vi asomar en el borde del otro claro.

El lobo cargado sobre una mula, a la que costo Dios y ayuda convencer, fue transportado a una majada de cabras y descargado en un corral con paredes de piedra, allí quedó, mientras tomábamos un bocado, yo no le quitaba el ojo de encima, la verdad es que ese bocado fue lo peor del día, el queso de cabra me espanta y el vino de Cilleros me sienta como un tiro pero no se podía decir que no y en honor al difunto lobo tuve que pechar con las consecuencias y “disfrutar” de ambos manjares, al dueño de las cabras de esa majada le habíamos regalado dos cachorros que como eran todavía muy jóvenes, pues no tendrían más de seis meses, no habían participado en la batida y acompañaban a las cabras cuando estas regresaban a la majada mientras nosotros estábamos todavía charlando sentados alrededor del queso y el vino, que suplicio, fue un verdadero espectáculo ver como aquellos cachorrones erizados como puerco espines adelantaban a las cabras y se colocaban en la puerta del corral interponiéndose entre ellas y el lobo muerto, arañando el suelo con las manos y ladrando a lobo con su voz todavía de adolescentes.

Esos cachorros eran hijos de los mastines de las casas, siempre se tenía en las casas una pareja escogida para guardar y criar, no habían visto un lobo nunca mientras estuvieron en nuestro poder y el cabrero que los tuvo después aseguraba que tampoco bajo sus ordenes, pues como eran muy chicos dormían encerrados, especialmente para que no se volvieran a nuestra casa a buscar a papa y mama que estaban bastante cerca, ¿Como sabían aquellos perros lo que tenían que hacer?, ¿Como supieron parar las cabras en lugar de irse a olisquear al lobo? ¿Porque se atrevieron a dar la grupa al lobo mientras daban la cara a las cabras? ¿Como sabe un cachorro de seis meses que el lobo estaba muerto?, misterios que solo otro perro nos podría desvelar pero que a este enamorado de los mastines en particular y de los perros en general siempre le han impactado.

Supongo que a tu teckel le habrá pasado algo parecido en sus genes de cazador.

Mañana contaré la historia de Daisy y como una pastor alemán maquinaba de lo lindo con su mente, pero eso mañana que por hoy ya os he aburrido bastante..

Cordialmente. Julián Coca



   
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(@Usuario anónimo)
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Lo que ocurre Julián es que un perro no necesita aprender o asociar que el lobo es su predador, y que por lo tanto debe poner en marcha ciertos mecanismos de alerta. Eso es algo que reciben por su instinto aunque nunca antes hayan visto un lobo. El que un animal esté muerto es algo que se huele, porque hay sangre, y se nota porque a medida que nos vamos aproximando a él no existe reacción alguna por su parte. El perro no sabe que está muerto porque no sabe que es eso, simplemente se da cuenta que está inerte y se va acercando con todas las cautelas del mundo hasta que se da cuenta que no ocurre nada en su contra.
El hecho de que se adelantaran a las cabras no es porque tenían deseos de interponerse entre ellas y el lobo, simplemente sería porque habían detectado la presencia de algo extraño en la majada y se adelantaron a ver que era.
Las cosas son mucho más simples porque en la cabeza de un animal las cosas no admiten esa complejidad más bien propia de humanos, y a veces tenemos tendencia a atribuir cierta forma de inteligencia en los animales que no es más que una mezcla de aprendizaje e instinto.
Por ello no acabo de entender como mi perro llegó a asociar ladrido de corzo con bicho al que hay que cazar.



   
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(@Usuario anónimo)
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Más de perros:

Birke es una Teckel que ronda los 17 abriles, tiene unas cataratas como las Victoria y las del Niagara juntas, está sorda como una tapia, especialmente para las ordenes, la espalda le da algún problema y tiene la dentadura como un político las ideas, a pesar de su edad y sus achaques es quien manda en casa, en esta época vive dedicada a la caza y lo hace con aceptable éxito, lagartijas, mirlos y torcaces son sus piezas, se esconde en los setos del jardín y cuando se le ponen a la distancia apropiada se abalanza sobre la presa, tiene éxito en un alto porcentaje de ocasiones pues actúa sobre seguro, vamos que es amarrona, una cosa que la edad no le ha quitado es el hambre, la tipa es tragona como ella sola, como ahora solemos comer y cenar en el jardín ella vigila el entorno de la mesa y de forma insistente pide participar, la fruta y el queso son su manjar preferido pero .... hace unos días para quitarla de enmedio le tiramos unas guindas al jardín, lejos de la mesa, inexplicablemente en una tragona como ella, dejó algunas, nos hizo pensar que estaba enferma, pero no era eso precisamente lo que le pasaba, las guindas que dejaba estaban siempre muy cerca de un seto y pudimos comprobar como las usaba de cebo para los mirlos, las lagartijas las mata y las deja, pero los mirlos y las torcaces nos los trae muy contenta, mi hija mayor la llevaba a los ojeos de perdices y se acostumbró a cobrar, las broncas de la parienta cuando ve entrar a Birke en casa, con un palomo más grande que ella en la boca o un mirlo chillando, no son para contadas, pero la perra sabe muy bien a quien entregar la caza, rehuye el enfrentamiento con la autoridad competente y o bien se la entrega al mozo de comedor o me la trae al despacho, donde ha aprendido a cazar a espera con cebadero no lo sabemos pero lo hace.

Daisy era una pastor alemán de mis padres, cuando estábamos en la finca solía dormir a los pies de mi cama, soy madrugador y la perra salía normalmente a buena hora, pero una noche se prolongaron la charla y las copas y por la mañana decidí quedarme hasta tarde encamado, la perra debía tener necesidades fisiológicas apremiantes y decidió despertarme, recurrió al gemido suave, al lametón en la cara, al pellizco de monja en un brazo y yo .... ni caso, finalmente y con total decisión me destapó y tras recoger mis pantalones de la percha se sentó frente a mi con ellos en la boca, se puede hablar más fuerte pero no más claro.

Los perros maquinan ya lo creo que maquinan, tuvimos un fox terrier capaz de quitarle de la mano los bombones al chofer de mis padres y para eso había que ser más o menos como Einstein, pero en perro, pues aquel hombre tenía siempre varias novias y todas eran alimenticias, confiteras, churreras o restauradoras, y llegó a comerse treinta y seis pasteles seguidos, yo creo que el sexo le importaba un comino pero la tripa era el centro de su erotismo.

Creo que en eso de atribuir inteligencia nos equivocamos más veces atribuyendosela a determinados humanos, cierto que los animales no la tienen pero fijarse se fijan una barbaridad y asociar tambien lo hacen, como se entiende que un toro bravo de una ganadería andaluza le ojeara las liebres a un galgo, pues lo hacía y parecía divertirse haciendolo, por cierto se llevaban de maravilla algo así como esos caballos de carreras que necesitan la compañía de un gallo, una oveja o un perrucho pequeño para quedarse tranquilos.

Cordialmente, Julián Coca



   
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Querido Yago:

El otro día, aunque hablamos brevemente por teléfono de esta asunto, la verdad es que me quedaron varias cosas por comentar a cerca de los perros y sus cosas.

Creoq ue un error muy común es suponer que los perros tienen tan sólo un comportamiento conductista de forma que asocian la causa efecto sin más. Pero lo cierto es que además de ello tiene inteligencia emocional y ciertas habilidades deductivas.

Lo primero es que ellos saben percibir de nosotros ciertos signos de manera que quizás tu reacción a los ladridos sean tan importantes para él como el ladrido en sí mismo. No tengas ninguna duda que un perro sabe cuando su dueño está animado o desanimado, en alerta o relajado.

Recuerdo mis salidas con Tana, una perra cruzada con una afición enorme al campo. Cuando íbamos a los zorzales ella me miraba si veía que estaba distraido. Vigilaba el horizonte, y se veía volar un zorzal gemía, pero no lo hacía si lo que volaba era un pito real o un azor. En aquellos días de mis 18 primaveras reconozco que descerrajé algún tiro a los mirlos, pues bien, Tana cuando oía un mirlo chillar se mataba para sacarlo del zarzal. Es obvio que cuando disparé a algún mirlo y lo cobré chilló y ella asoció aquello con la caza o tal vez me vió ponerme en guardia al sentirlo en una espera, no sé, pero está claro que aquel chillido siempre la estimulaba. No obstante, en Madrid viviá cerca de un parque en el que los mirlos eran legión y allí nunca los acosó ni reaccionó de tal manera. Ella discriminaba lo que era un paseo de lo que era una oportunidad de caza. Eso es inteligencia.

Los perros son individuos y cada uno tiene sus facultades para asociar sucesos y sacar sus conclusiones. Los hay que son más espabilados o incluso que llegan a ser geniales.

Abrazos.

Gerardo Pajares



   
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