Ahora que los corzos esconden su vergüenza de verse despojados de sus cuernas, cuando la mayoría de los cazadores volvemos tras la pista de viejos contendientes en sierras, brañas y barbechos, pocas fotos de corzos seremos capaces de compartir, pero a buen seguro que la cámara de fotos nos acompaña en nuestro retorno a la primigenia inclinación de cazar. Por eso os propongo compartir esos escenarios de caza otoñales donde en algunos meses centraremos de nuevo nuestra vista tras el corzo.
En esta ocasión os traigo un paisaje olvidado, casi desconocido. Quien visita Asturias a buen seguro irá a los Picos, a la costa, puede que a Muniellos e incluso a Taramundi, pero pocos, o ninguno, visitrá el interior del Occidente. Esta inmensa comarca, que tiene casi el 50% de la superficie regional, está integrada por municipios -concejos decimos aquí- montañosos y grandes. Algunos son enormes. Donde solamente un puñado de hombres irreductibles continúa viviendo, domeñados ya por la modernez en un, en ocasiones, feo sincretismo donde plásticos y aluminios han ocupado el lugar de la pizarra y la madera. Concejos como Pesoz, Allande, Boal, Illano, Grandas de Salime quizás no le suenen a nadie pero están ahí. En ellos la caza se entiende como algo consustancial, como una manecilla de reloj que marca los tiempos.
Hace años comencé mi relación con uno de estos concejos, el de Villayón, un espacio de enormes contrastes y que contiene algunos parajes de una belleza arrebatadora. Una mezcla de agua, roca, tierra, maleza, bosque y viento. Es una tierra áspera que cría gente dura y leal. Een sus cocinas se respita el calor de la camaredería mientras fuera se mezclan los aullidos del lobo y el ulular del viento de suroeste. Sus ríos el Navia, el Polea, Cabornel, han escabado profundos y verticales tajos que por raudos y enrabietados olvidan formar vegas y que en otros tiempos criaron los más grandes y valientes salmones de España.
En sus laderas se crían los corzos, cuya caza cobra una belleza épica. Tengo recuerdos imborrables de batidas y recechos. Los jabalíes son bravos, habituados a lidiar desde siempre con el lobo, y las perdices...¡ay! las perdices. Las perdices aquí tienen usía. Son pájaros serranos, de vuelos larguísimos, oscuros de pluma y de un rojo intenso en pico y patas. Su caza es para mí la quinta esencia de la venatoria.
Os pongo unas fotos de hoy, un día duro de vientos intensos, agua y frío, en las laderas de Lendelforno, allí donde uno tiene la sensación de asomarse al fin del mundo.



Saludos
Enhorabuena y felicidades por disfrutar de paisajes tan bonitos, ausentes del exceso de civilización, y diría que misteriosos. Un extremeño tiene que sentir sana envidia de ese verde y ese tono rojizo del otoño norteño.
Magnífica la estampa de la perdiz y el drahtaar con ese mundo inacabable detrás.
Javier Hergueta.
Preciosos Paisajes Gerardo. Dan unas ganas terribles de darse una vuelta para conocerlos.
Y esa perdiz....todo un trofeazo. En esos montes como no bajes una al primer vuelo lo mismo tardas toda la mañana en volver a sacarlas. De esas que dan ganas de hacerlas de pecho.
Abrazo
Que bonita fotografia!... Que bonita!
Y que que lugar, que paisage!...
...Gracias, Gerardo!
Luis
Mucha aficion y muchas piernas para cazar una perdiz en esas brañas.
Felicidades Gerardo.
Gerardo, se me pusieron los pelinos de punta...........
Un fuerte abrazo y gracias!!!!!!!!.
Chema Poveda.
Eso es una percha, lo demás son milongas.
Preciosa foto y vaya pájaro chulo. Hasta el perro está posando para la ocasión, está como quitándole importancia, como el que lo hace todos los días.
Gracias.
Enhorabuena Gerardo, preciosos paisajes y precioso bodegón el del Barbas con la escopeta y la perdigocha, cuelgala en grande en el comedor, que muchos bodegones peores y mucho peores cuelgan de paredes solo a cambio de unos euros, sin esfuerzo y sin merito personal del pater familias que lo cuelga en su casa.
Un abrazo, Julián Coca
Chema, el sitio es una maravilla, la próxima vez que pases por Villayón me llamas y nos subimos a esa sierra y verás lo que vale un peine. Es el valle siguiente al del Polea, con nombres tan sugerentes como El Bauloso (Valle del oso), Cabanaolaya, Pena de los Monteiros, Valle del humeiro, Los Choureiros, La Baradoira, Peneoblanco, Feitaherbosa, y tantos otros de tan gratos recuerdos.
Julian, es hembra y fue un obsequio de Chaín. Es una animal inteligentísimo, con una gran nariz, pocas piernas, pero con una enorme voluntad y ganas de agradarme. Sin ser como aquellos pointer que tuve la fortuna de criar y cazar es una perra que me ha dado grandes satisfacciones, en especial en el cobro de acuáticas.
Las perdices en esta tierra son realmente "rara avis". La desaparición de la agricultura y de buena parte de la ganadería las han convertido en un vestigio de otra época. No obstante, como ese otro ave, el fenix, renacen de las cenizas -literalmente- y permiten un cupo exiguo: un máximo de 2 perdices por jornada. Te aseguro que con el trabajo que dan uno se siente más que contento cuando lo consigue y casi tanto cuando te burlan y salen idemnes, ya que así estarán allí otro día más.
Saludos
Maravillosos paisajes Gerardo, que difieren mucho con las parameras castellanas donde otros nos las vemos con las perdices. Contemplando tal escenario, dan verdaderas ganas de cazarlo con un buen pointer de muy buena andadura y muestra firme en pos de las perdices, y así pasar la mañana lo mejor que se pueda.
Enhorabuena por las fotos, por la percha, y por poder disfrutar de esa particular y maravillosa naturaleza.
Un cordial saludo.

