Una de las mañanas de principio de temporada amaneció medio lloviendo, medio nevando, por lo que decidí esperar a que pasara un poco el temporal para salir más tarde.

A pesar de que no terminaba de clarear, a media mañana decidí salir al campo a dar un paseo. Entonces vi un corzo en un sembrado comiendo tranquilamente, pero en la distancia no terminaba de ver cómo era, así que decidí hacerle una entrada.

El corzo tardó poco en saciar su apetito y subirse a una pequeña vaguada desde la que controlaba el territorio desprovisto de vegetación y al resguardo del viento y el agua-nieve.

Una vez elegido el sitio se sentó plácidamente a descansar, momento que aproveché yo para aproximarme por detrás del pequeño barranco.

 

Una vez allí era cuestión de colocar todos los archiperres (rifle, prismáticos, mochila, cámara,…) y disfrutar de una sesión fotográfica.

Tal era la tranquilidad que tenía el corzo, que se permitía pegar alguna cabezadita.

Hasta que en un momento dado comenzó a rumiar

 

 

Aquí lo podéis ver con más detalle:

 

Tras unos cuantos silbidos decidió levantarse y tras la primera carrerita, la pertinente parada para observar.

Zalo Varas