La berrea del ciervo no sólo sirve para marcar el territorio de los machos, este sonido es una muestra más de poder y corpulencia, por lo que con este sonido se evitan también las luchas y peleas innecesarias.

Pero en algunas ocasiones estos enfrentamientos entre machos son inevitables, produciéndose quizás el momento más espectacular que se puede vivir durante el celo del ciervo.

  

 

La forma de las cuernas de los ciervos está diseñada para que estas hagan contacto en el momento de la lucha, consistiendo la batalla en un pulso de fuerzas entre los rivales. La conformación evita que los contendientes se pinchen con las puntas, aunque en algunos casos esto resulta inevitable, produciendo heridas que pueden causarles graves problemas de salud a los machos.

Las arremetidas son constantes, buscando sacar al rival lo más lejos posible de los dominios que se defienden, siendo los empujones con los cuartos traseros la forma de conseguirlo.

Los sonidos que se producen al chocar las cuernas son escuchados desde muy lejos. En este caso dicho sonido hizo acudir a la zona a otro ciervo que esperaría su momento para medir sus fuerzas.

Llegado el momento el más débil emprende la huida, siendo momento de demostrar el vencedor todo su poderío.

 

Pero en la época de reproducción no hay descanso ni tregua y tras una batalla puede ser buen momento para intentar vencer a un rival y quedarse con el territorio y las hembras de éste.

Finalmente el más poderoso de los contendientes vence la contienda y hace gala de su poder, comunicándoselo al resto de congéneres mediante su estremecedor sonido. Los machos más fuertes serán los que logren reproducirse con el mayor número de hembras y dejar su descendencia y, por selección natural, se transmitirán los mejores genes a generaciones venideras.

La berrea terminó pero el año que viene por las mismas fechas volverá escucharse ese sonido tan característico como es la berrea del ciervo.