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Corzos, corcitos,corceros

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(@Pedro Camacho Ruiz)
Reputable Member
Registrado: hace 7 años
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Me llamo Tomás y cazo corzos, soy un profesional. En mi pueblo, y desde hace unos años, aparecieron los corzos de buenas a primeras sin saber por qué ni para qué y con ellos llegaron los corceros. Corceros y corzos me dan de comer. El corzo, para los que siempre hemos vivido de los bichos del monte, es fácil de cazar, muy apegado a sus costumbres y con una curiosidad que le pierde casi siempre. He dicho que soy un profesional y no lo he dicho por decir, a los corceros se lo pongo difícil para que no pierdan el vicio y se crean, como hago yo, que cazar éstas cabrillas no tiene misterio.
Madrugar se me da bien y los corzos lo piden a gritos. Así, que todas las madrugadas del año nuevo las paso en el coto y así les pillo las vueltas a los grandes y viejos y a los que no lo son. Es un juego a tres bandas: alimento, cama y careo. Este animal tiene costumbres, que llegan a ser vicios, para llegar a la comida, al agua, y para regresar después a lo seguro y descansar. Cuando el corzo decide lo que sea yo ya he cavilado lo que ha decidido y le pillo en el careo, en su bebedero o en la cama, no falla porque este bicho tiene preferencias y no caprichos y solo tengo que estar en el monte tanto tiempo como él para tenerlo a mi alcance cuando quiera y que lo cace Carlos, mi socio. Pero la caza del corzo exige discreción debido a sus costumbres fáciles de entender, discreción para que no nos lo levante un listo con buenas orejas y mala leche; listos que nunca faltan en el monte y fuera de él.

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Me llamo Carlos y cazo corzos donde quiera que estén. Ya sea en las planicies húngaras, en los bosques polacos, en los campos de cultivos de Gran Bretaña, Francia, donde sea que ellos campen, allí voy yo. Me gusta el corzo, me llena cazarlo y me complace comerlo. No es un animal fácil de cazar. A lo largo de los años he sentido la derrota en muchas ocasiones y siempre se ha debido a las fantasmagóricas apariciones y desapariciones de que hace gala cuando quiere, que es casi siempre, y nos deja con un palmo de narices ya sea de espera o recechando sin ruido las lindes de la arboleda. Le llaman el duende, no sin razones, pero yo no comparto el término; más bien, lo podríamos llamar el fantasma, o el espíritu del bosque, que tanto da.
No puedo negar que lo que me lleva a tan lejanos lugares es su trofeo, y no el pegar muchos tiros a medio-corzos por el gusto de disparar. Al principio me gustaba el número, qué duda cabe, pero el tiempo me ha hecho buscar lo excepcional; yo soy así. Los meses de vigilia de la veda se me hacen eternos soñando con la desveda y temiendo por el corzo aquel que solo pude ver un instante en mi coto, y que puede que a estas horas adorne la pared del furtivo y el estómago de sus familiares. Para mí, el corzo es más que eso pero no se qué... vamos a llamarlo un "mi", delante de "corzo", un corzo que tiene apellidos, concretamente el del lugar por donde aparece y desaparece y con el que puedo recordarlo mejor, discretamente, solo para que Tomás y yo lo entendamos. Los cazadores de corzos debemos ser discretos; no faltarán los furtivos, que no lo parecen, que no pierden una coma de lo que decimos y un paso de lo que hacemos. Cazar corzos es amarlos, temer por ellos y estar celoso de cualquiera que los observe sin nuestro permiso. Mi coto es mío y lo defiendo de furtivos indeseables como es mi obligación y mi necesidad.

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Soy el corzo del Mirador, un nombre que me puso Carlos y que no dice nada de mí. Tengo seis inviernos a la espalda y, por mi gusto y porque valgo, soy el amo de lo mío. Mi bosque de enebros, mi fuente escondida y el pedazo de siembra que me ponen todos los inviernos para cazarme en primavera. Alrededor de todo esto, hasta donde quiero llegar, está mi reino y lo defiendo con sangre ante los intrusos que no respeten lo mío y no me respeten a mí; os puedo asegurar que, después de conocerme, no vuelven a olvidarlo.
Carlos, con Tomás por delante, no falta a su cita conmigo todas las primaveras. Llegan a ponerse pesados, pero no tanto como para que abandone mi tierra. Creen que saben, pero no saben nada. A Tomás lo veo muchas veces porque vive cerca y le dejo mirarme todo lo que quiera. No así a Carlos, que viene a lo que viene y que me consideraba un invento de Tomás. Carlos lleva el arma y las malas intenciones, nada más. Desde mi bosque de enebros, donde me gusta descansar, les veo o les oigo llegar. Cuando van haciendo ruido y hablan mucho sigo con lo que estoy haciendo, cuando intentan no hacer ruido y esconderse sé que vienen a por mí y me dejo caer donde esté. Así quieto, como las piedras del monte, no me pueden ver y yo si; funciona siempre. Aprendí hace tiempo las ventajas de comer de noche y así lo hago desde hace cuatro primaveras. Y nunca olvido retirarme también de noche, sin dejar que la gula por comer o las ganas de recibir el sol en el lomo me pillen en descubierta.
Es notable lo poco que aguantan quietos Carlos y Tomás y lo mucho que se hacen notar; ellos deben creer otra cosa, porque siempre hacen lo mismo y de la misma manera. No es difícil evitarles porque no hacen las cosas por capricho y sí por costumbre, y de esa manera no tengo sorpresas que me lleven a donde no quiero ir. Pero me gusta verles, necesito saber que son ellos y no otros los que aparecen haciendo un ruido de mil demonios por lo alto del valle; a ellos los conozco y les tengo tomada la medida, y respecto a los demás... Me gustan las cosas como están, por eso llevo con orgullo mis seis años a la espalda y sigo reinando en lo mío, porque por mi montaña sólo vienen ellos y nadie más. Y si sigue así la cosa moriré de viejo y morir así no es algo que me vuelva loco precisamente, he visto a muchos colegas dar ese paso y no es agradable de ver: perder la batalla con el intruso, perder tu reino, perder tu compañera y quedar solo y morir después, no es un buen final que digamos...
Quizá un día me deje ver antes de que lleguen las sombras de la noche o forzaré un paseo, bien a la vista, ramoneando las flores de la zarza. Espero que, después, Tomás no se crea lo que no es y Carlos no cuente mentiras para vestir su derrota final a sus amigos que no conozco, espero que reconozcan que nadie acabó con mi vida salvo yo mismo, porque así será. Pero hoy no ocurrirá, ni puede que el año próximo tampoco, me divierte todavía mi vida, y más ahora que los estoy viendo "escondidos", "sin hacer ruido" y con los prismáticos rebuscando en todas direcciones menos en la que estoy tumbado. Por cierto, que Carlos está echando culo y Tomás se me ha resfriado, ¡pobres!



   
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(@Gerardo Pajares Bernaldo de Quiros)
Famed Member
Registrado: hace 7 años
Respuestas: 3503
 

¡Muy bueno! Te has hecho esperar pero ha merecido la pena.

Muchas gracias.

Saludos

Gerardo Pajares



   
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(@Alfonso Treviño )
Noble Member
Registrado: hace 7 años
Respuestas: 1715
 

Mucha enjundia!!!!
Realmente brillante el enfoque.

saludos,
Alfonso.



   
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(@fernando lopez )
Eminent Member
Registrado: hace 7 años
Respuestas: 17
 

Muy buen relato. Muchas gracias!



   
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(@jaime-melendez-thacker)
Honorable Member
Registrado: hace 7 años
Respuestas: 653
 

Enhorabuena amigo Pedro, me ha gustado mucho.

El uso de la primera persona desde la óptica del animal me ha recordado a cierto libro, un clásico que todo buen cazador conoce y tiene en su boblioteca.

Un abrazo, y a ver si te dejar ver más por aquí, que andas muy caro de ver.

Jaime



   
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(@borja-sanz)
Trusted Member
Registrado: hace 7 años
Respuestas: 74
 

Hola Pedro! Muy original tu relato. Hasta he llegado a sentir empatía por el corzo. Enhorabuena!
Saludos,
Borja Sanz.



   
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(@Anónimo 876)
Registrado: hace 16 años
Respuestas: 49
 

¡ Divertida secuencia ! ... esperamos más.

Saludos



   
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(@Leopoldo Osborne Cólogan)
Honorable Member
Registrado: hace 7 años
Respuestas: 504
 

Pedro,
bonito relato y desde los tres personajes. Gracias.

Jaime ¿Te refieres al venado llamado EL FANTASMA? Me encanta, lo he leído varias veces.



   
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(@Pedro Camacho Ruiz)
Reputable Member
Registrado: hace 7 años
Respuestas: 404
 

Gracias a todos. Como Carlos hace y el Corzo dice: soy un cazador de corzos mediocre. Es fácil darse cuenta.
Respecto a tus recuerdos, amigo Jaime, no sé si te refieres a Solitario o a Bambi, los dos hablaban y son clásicos. Uno era un cochino poeta y romántico y el otro un ciervo un tanto ñoño, como sabes, y ninguno se parece a mi Corzo, que es un chulo con sentimientos.
Qué larga se hace la espera... debería estar prohibido no cazar.

Pedro Camacho Ruiz



   
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(@jaime-melendez-thacker)
Honorable Member
Registrado: hace 7 años
Respuestas: 653
 

Evidentemente Pedro, era al jabalí solitario de Foxá a quien hacía referencia, por hacerle hablar en primera persona, y no tanto por el parecido de su personalidad.

Lo de Bambi mejor dejarlo, jeje, que me enveneno y luego digo cosas que no quiero.

Un abrazo,

Jaime



   
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(@Francisco Javier López Maraver)
Honorable Member
Registrado: hace 7 años
Respuestas: 655
 

Muy muy bueno. GRACIAS por compartirlo aquí. Es de lo mejorcito que he leído en mucho tiempo, de verdad, me ha encantado.
Un saludo

F. J. López Maraver



   
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(@gonzalo-varas-romero)
Miembro
Registrado: hace 7 años
Respuestas: 976
 

Precioso Pedro!!!

Mucha creatividad la tuya. Me gusta la forma de contar las cosas que has elegido. Enhorabuena por el resultado.

Saludos,
Zalo Varas.



   
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(@José Antonio Sáez-Royuela Gómez)
Eminent Member
Registrado: hace 7 años
Respuestas: 37
 

Precioso relato,llega a encantarme y me pone sentimental.



   
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(@Federico Sáez-Royuela Gonzalo)
Honorable Member
Registrado: hace 7 años
Respuestas: 716
 

Pues que me ha gustado mucho. ¡Y los tres llevan algo de razón!



   
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(@Pedro Camacho Ruiz)
Reputable Member
Registrado: hace 7 años
Respuestas: 404
 

Gracias, otra vez. ¿No os parece que de tanto buscarlos, acecharlos e intentar pensar como ellos lo harían nos parecemos un poco más corzos y corceros?
Yo con el corzo no llego a tanto, por falta de ocasiones, pero con los cochinos... cada vez soy más guarro. Será eso.

Pedro camacho Ruiz



   
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