Que 2015 ha sido, está aún siendo, en España un año histórico en lo que a lo climático se refiere, no lo duda nadie. Temperaturas máximas y olas de calor inacabables como las que, una tras otra, llevamos bastantes semanas padeciendo, no podían dejar de tener su influencia en el campo y en los animales que en él habitan. A esta inusual y asfixiante canícula, instalada al menos desde primeros de julio entre nosotros, puede deberse en buena medida la desaparición de los corzos del escenario, que han reportado diversos participantes en estos foros, claramente preocupados por este hecho. Mis propias observaciones -o, mejor, la falta de ellas- de las últimas semanas coinciden con esa impresión, en la que abundan también otros varios correos o whatsapps de carácter privado con los que algunos corceros han consultado en los últimos días mi parecer sobre el tema. Pienso al respecto que no hay que ser catastrofista y si, como es de esperar, el termómetro vuelve en septiembre a los niveles que debiera, una vez pasados esos días en que, tras el celo, los animales desaparecen para recuperar fuerzas, lo más probable es que volvamos a ver los corzos donde solían, comiendo la primera ricia o las bellotas más tempranas. Y si es así, aquí paz y después gloria.
De todo lo vivido en estas últimas semanas, sin embargo, lo que a mí más me ha dado que pensar es lo sucedido en una zona de parameras, a unos 1.400 m de altitud, que frecuento y cazo desde hace ya casi dos décadas. El entorno es el que puede verse en la foto.
Pues bien, allí este año, por primera vez desde que se recuerda (e incluyo entre los recordantes a los más viejos del lugar) y como consecuencia de los calores tempranos, duraderos e intensos que hemos padecido, han cosechado antes de acabar el mes de julio, lo que ha implicado un cambio radical, de la noche a la mañana, en el hábitat y las condiciones de alimento y cobertura que encontraban los corzos. Como consecuencia de ello, no sólo los machos que yo tenía controlados desaparecieron hace ya un par de semanas súbitamente de escena sino que también lo hizo casi cualquier otro ejemplar de corzo. El que desapareciesen, sin embargo, es normal, pues al ajetreo inusual de gente y cosechadoras por el campo, incluso de noche, y al estado de desnudez en que tras la siega quedaron aquellos páramos, se añadía la inmediata entrada en los rastrojos de los varios miles de cabezas de ganado lanar que pastan en la zona para aprovechar la poca paja que dejan las máquinas. Es evidente que en tales condiciones los corzos se vieron forzados a retirarse de allí. Pero así ha venido siendo siempre, año tras año, desde que los corzos, en su expansión por la Castilla mesetaria, decidieron ocupar también zonas como a la que me refiero. Hasta ahora, sin embargo, a los corzos les compensaba establecerse en el hábitat que proporcionan aquellas parameras entre marzo y agosto, pues si bien en los primeros meses de este período la comida escasea, las siembras de invierno, aunque ralas, les permiten subsistir bien hasta que brota la hierba, los espinos y rosales de lindes y ribazos. Una vez esto se produce, allá para mayo, y las siembras crecen, los animales encuentran unas condiciones de alimento (y también tranquilidad) ideales para su existencia.
Pero es evidente, a poco que se piense en ello, que toda la estrategia de la especie para ocupar este nicho estepario, tan alejado en principio del habitual en el Capreolus capreolus, estaba basada en un hecho fundamental: que la cosecha (y, por tanto, la necesidad de irse con la música a otra parte) en aquellos páramos se producía siempre (hasta este malhadado 2015) a partir de mediados de agosto, con el celo ya en gran medida concluido. Este año, sin embargo y lamentablemente, los animales (machos territoriales, hembras e incluso juveniles) han sido forzosamente desplazados de sus feudos por la prematura, repentina y radical modificación de su hábitat causada por la cosecha. Y ello antes de haber podido cumplir con la función reproductiva, lo que ha hecho que todo el esfuerzo y gasto de energía invertidos durante meses para marcar o defender territorios hayan sido inútiles.
No sé qué capacidad de relacionar hechos o sacar conclusiones tiene un corzo (no creo que nadie lo sepa), pero la naturaleza es sabia y dinámica y por ello intuyo que si lo de este año se convierte en norma y no en excepción, ver corzos en determinadas zonas habituales para la especie durante las últimas décadas volverá a ser una excepción.
Buen verano a todos:
Pablo Ortega.
Coincido plenamente contigo Pablo, de hecho lo hemos conmentado en foros privados, pues soy una de aquellas personas bastante preocupado por el tema.
En mi coto ha sido un año bastante atípico é inusual, espero y deseo que sea algo anormal y no se convierta en algo comun. Sí es cierto, que en mi zona, se cosecha a finales de julio aunque este año, sobre el 20 estaba todo recogido, esto unido al tremendo calor, creo que ha sido la causa del casi inexistente celo y como consecuencia de la falta de avistamientos de corzos trofeos.
Saludos y felices vacaciones a todos.
Joaquin Garrido
Buenas tardes amigos,es evidente que el celo de otros años,ha reinado por su ausencia,por lo menos en las zonas que yo frecuento desde hace muchos años,(Zamora y Cuenca),pese a ello,les hemos podido ver,alejados de las hembras,de madrugada,sobre todo en Cuenca ,que aprovechando las esperas que tengo concedidas para los cochinos,se les ha visto entrar a lo poco que queda de esparceta,sobre las 2,30 am.En Zamora pudimos abatir un par de ellos el último fin de semana,ambos al amanecer y tras rececharlos en dos arroyos que aún tienen algo de agua,por el contrario en Cuenca nos ha resultado imposible. Confío pues que en Septiembre podamos hacer algo,aunque en Zamora con los venados bajando de la Culebra,sospecho que será mucho más difícil.
Suerte pues a todos,y buenas vacaciones al que las pueda disfrutar en agosto.
Saludos,Javier
Buenas a todos,
Interesante tema el expuesto por Pablo, es evidente que los rigores de este verano no son algo normal y que sus consecuencias no se escapan a ningún ser vivo que habite en nuestra España.
Como lo que nos ocupa es el corzo, soy de la opinión que amén del adelanto que han sufrido las cosechas , los corzos son mucho más sensibles a la disponibilidad de agua que a cualquier otro elemento,me explico:
En una valle en el que en primavera y durante la primavera parte del verano se veían numerosos corzos, llegaba Julio y Agosto...y allí no quedaba un rabo, este se fue repitiendo año sí y año también. Hace dos años que decidimos cortar por lo sano y abrir una fuente que había quedado soterrada y que solo los mas viejos del lugar recordaban su emplazamiento
Se abrió la misma con una excavadora y de la noche a la mañana se hizo la luz, resaltar que alli también cosecharon durante la primera semana de Julio, hay tractores, empacadoras, y lo mas estridente.... a partir de las 21.00 concierto de "carburos reunidos" cada 15 minutos.
Pues bien, es llegar las 22.00 y aquello parece un vergel de animales acudiendo al agua, corzos, perdices, zorros e incluso alguna que otra piara de jabalíes se dejan ver a plena luz del día cerca del agua. Hace dos años esta estampa era inimaginable...,
Cuando alguien me pregunta que puede hacer para que haya mas corzos en su coto...que debe o no debe cazar, cuánto y de que manera, siempre les contesto lo mismo, "agua, agua, comida..y más agua", el resto ya te lo responderá el campo.
Saludos y buena caza
O.Prieto
socio 223
Lo de la ola de calor y el adelanto de las cosechas es un hecho, pero yo no creo que a los corzos les afecte tanto. A los que esperaban dar con ellos y no los han econtrado, sí,npero los corzos se han mudado de sitio et voilà.
Hablando de la cosecha, por donde cazurreo yo he visto cosechar muchísimo en verde para forraje, porque no iba a valer para nada.
Un saludo para todos desde Galicia, 22º, el paraíso!
Alvaro Mazón


