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perros de sangre

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(@Usuario anónimo)
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Gerardo,

Lo de llevar al perro al campo de tiro lo he hecho muchas veces. El perro se queda mirando a la diana muy tenso pero ni ladra ni sale corriendo, como esperando ver algún bicho.
Cuando estoy en el campo es mucho mas complicado, como te he dicho solo lo llevo cazando cuando el cazador soy yo o mi mujer. Si voy de guía no lo suelo llevar, lo dejo en el coche y voy a buscarlo si lo necesito.
De todas formas cada día va un poco mejor, desde el año pasado estoy utilizando un collar de adiestramiento. Aunque no me gusta y al perro menos, parece muy efectivo.
Un saludo

J.M



   
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(@Isaias Sanchez Perez)
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Interesantísimo y enriquecedor asunto este de los perros para rastreo de piezas heridas.

Servidor practica la caza en batida de jabalí, básicamente, además lo hago en la puerta de mi casa. En su día, hace algún tiempo, decidí hacerme con un perro para seguir piezas heridas, los sabuesos que utilizamos habitualmente en las batidas, ofrecen un balance pésimo a la hora de cobrar jabalíes heridos, puede parecer extraño, pero es así, y tiene su explicación lógica, como “mejor” es el perro en la localización y acoso del rastro del jabalí, “peor” resulta si se pretende cobrar con él un jabalí herido.

Quisiera añadir aquí mi pobre experiencia, con el ánimo de compartir errores y aciertos, aunque estos últimos escasos seguramente.

Todo me lo hice yo solito, con lo que había visto y oído sacando conclusiones de aquí y allí, por mi tierra no hay costumbre en el uso de este tipo de perros y experiencia ninguna.
Me hice, con cierta facilidad, de todo un equipo de material de adiestramiento, sangre (siempre de jabalíes abatidos, que además incorporaba otros componentes, es decir no solo sangre), una piel, una larga vara de avellano, una esponjita para impregnar la sangre en el suelo, bueno, y todas las “mariconadas” que se puedan ocurrir.
Me hice, como no, con un perro, un teckel de pelo liso (Rocky) pequeño, y obeso, tenia tres meses cuando empezamos con “las Clases”. A mi me gustan mucho los perros de caza, y he de reconocer que en ese tiempo que dediqué a Rocky, disfruté de lo lindo, lo pasé muy bien saliendo al campo muy a menudo y viendo los progresos de mi perro.
Empezamos con rastros cortos y frecuentes, con abundante sangre, para ir pasando progresivamente a rastros mas largos y escasos. La piel siempre colocada al final del rastro. Rocky seguía bien los rastros, a veces mejor otras peor, pero cuando veía la piel asociaba el final del trabajo y punto, no le entusiasmaba la piel, vamos que ni caso, como si de una pancarta que rezase “meta” se tratara.
A Rocky le apasionaba el queso, así que resolví tratar de animarle con una golosina, le colocaba un trocito de queso debajo de la piel, cuando llegaba y olía el queso se liaba a trabajar con la piel con el objeto de apartarla y zamparse el premio, perfecto, cuando veía la piel de lejos se emocionaba y se liaba con ella, pero no decía ni media, de poco me iba a servir el invento. Hasta que un día Rocky se encontró el trocito de queso dentro de una jaula, una pequeña jaula que con un trozo de tela metálica había construido servidor, se puso muy nervioso, casi histérico, y cuando empezó a ladrar le di un poco de queso, esta operación la repetí varias veces, hasta que el perro acto seguido de ver la piel empezaba a ladrar, reclamando el queso.
Ya metidos en plena temporada jabalinera, llevaba a Rocky a todas las batidas, le hacia seguir todos los jabalíes que se mataban y lo cierto es que siempre ladraba a muerto, a veces los jabalíes habían caído como trapos, pero en otras habían hecho algunos metros, pero siempre eran pequeños rastros y pisoteados, me quedé con la duda de si Rocky hubiera o no ladrado a jabalí muerto de no ser por el invento del queso, pero lo cierto es que ladraba siempre. Al principio no faltaba un trozo de queso en mi bolsillo, pero al poco tiempo dejé de usarlo y Rocky se comportaba igual.

La cosa empezó a ponerse cuesta arriba con el teckel, lo llevaba a mi puesto, casi siempre en brazos, y cuando los sabuesos empezaban a gritar, el artista no se podía estar callado, total, que yo no podía estar por la labor, y los jabalíes no acudían a mi puesto, los vecinos de puesto empezaban a mosquearse y la cosa se ponía fea. Me compré un transportin para gatos, había que ver a ese cazador hacia la parada cargando con todos los chismes, el perro y el transportin… la idea era dejar el perro de espaldas a la batida, pero que si quieres arroz, cuando los sabuesos gritaban él gritaba mas, ni golpes al transportin ni historias, Rocky no se callaba y mordía con todas sus fuerzas la caja.
El maestro había olvidado una faceta muy importante, hay que hacerles entender de pequeños lo que se espera de ellos, y el asunto de la obediencia es fundamental, para mañana es tarde. Decidí dejarlo en el coche, atado, con agua y a la sombra, tampoco, el coche como es lógico siempre anda lo mas cerca posible de los puestos, y el perro liaba la monserga de la misma manera, cosa muy desagradable para todos, así que al final, el Rocky en casita.

Tengo la sensación de que me estoy alargando, perdón por el tostón, dejaré el resto para otro momento….
Saludos,
Isaias.



   
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(@Usuario anónimo)
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Isaias,

Parto de la base que no tengo experiencia en adiestramiento de perros de rastro, pero sí en el adiestramiento de perros de caza menor.
Como tú, cometí la imprudencia con la primera perra que tuve, hoy en día sigue a mi lado, pero sólo la llevo cuando voy solo ó a cazaderos muy difíciles y cuestos, donde se frena mucho y trabaja bien. Al ser la primera y movido por un ansia de tener un perro de caza fenomenal caí en muchos errores de novato, como son, consentir ciertas liberalidades en la obediencia, cazarla antes de tiempo sin una base de obediencia, etc. Al final todo ese cúmulo de despropósitos acaban con una ilusión muy grande y con disgustos y malos ratos. No hay cosa que mas coraje me de, que mi perro moleste a otros cazadores por falta educación.

A raiz de estos errores, lo demás que he tenido y que ahora tengo, no pisan el campo y no ven una piel de conejo o lo que sea sin una base de obediencia sólida y sin contemplaciones. Por citar un ejemplo, tengo un cruce de pointer y braco al que por su caracter tan fuerte y "cabrón", perdonarme la expresión, no le he empezado a cazar hasta que no cumplió un año, por que era indomable y veía que si cometía la imprudencia de acelerarme el tema iba a ser en un futuro no muy lejano irreversible. Ahora, el perro está muy sometido y obedece a la primera, pero todavía cazando le falta, tengo que conseguir dominar más esa pasión por la caza que tiene y le hace "saltarse a la torera" algunas ordenes sin permiso, eso si, las horas, cabreos, preocupaciones, kilometros, y un largo etc. lo lleva en su grupa.

No merece la pena acelerarse en el adiestramiento de un perro de caza, si conoces los padres, genética, seleccionas bien el cachorro, y ves que el animal tiene afición y aptitudes para la caza, después de sentar unas sólidas bases de obediencia el resto del adiestramiento puede resultar más sencillo, aunque a veces nos llevamos el “chasco” y de donde pensábamos que se podía sacar algo, nada de nada. Yo tengo la teoria que es preferible "perder" un año ó dos año adiestrando y luego ganar los próximos disfrutrando al máximo de nuestro fiel amigo que al revés.
Como verás, comentan algunos foreros que el adiestramiento no tiene limite en un perro, siempre se trata de limar vicios, comportamientos, etc.

Un saludo
Valentin



   
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(@Usuario anónimo)
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Isaías, ¿y una foto de Rocky? No lo conozco aún...

Abrazos para antonia, para Eric y para ti, por supuesto.

Gerardo Pajares



   
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(@Isaias Sanchez Perez)
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Seguimos con Rocky.

Lo de mi padre se solucionó con dos días en la UVI, y un marcapasos. El jueves por la mañana lo llevaron a una habitación de planta, y uno de mis hermanos se quedó con él, yo me retiré a descansar.

El jueves por la tarde, se me pasó por la cabeza volver al lugar de los hechos, acababa de aterrizar en mi perrera un cachorro de Fox-Terrier, (Nat). Me pareció interesante llevarle, pese a su corta edad, a ver el jabalí, era mi intención meter este perro en la jauría de jabalí, me agarré los chismes, esta vez si, me armé con la cámara de fotos.
Rocky nos acompañaba en la excursión, al llegar al lugar, del pobre jabalí solo quedaban algunos “indicios”, yo le había sacado a un clarete, y la naturaleza había seguido su curso natural…

En esta ocasión habíamos subido los tres lentamente hasta el lugar donde apareció el jabalí, una vez allí y con la consabida decepción, me dediqué a hacer alguna foto a Nat. Rocky había desaparecido, y yo no me había dado cuenta, de repente me pareció oír el perro ladera arriba, bastante lejos, fuimos subiendo hasta llegar a un canalón muy sucio, allí estaba Rocky entraba y salía del matorral muy entusiasmado, me arrodillé y me metí entre la maleza, un fuerte olor delató la presencia de otro cadáver de jabalí, allí estaba el que faltaba para redondear las cuentas. Le saqué a lo limpio, y les hice unas fotos, una de ellas la que se puede ver en el anterior post.
Me perdí el trabajo de Rocky con este segundo jabalí, no le presté atención al perro.

Toda esta experiencia junto a otras de recuperar jabalíes al día siguiente, me llevaron a la mayor decepción que he tenido en mi vida corcera.

Una tarde de junio, me planté en una pequeña atalaya, a esperar un corzo, el sujeto me las había jugado de todos los colores, y a todas horas, así que decidí plantarme a las seis de la tarde. Hacía un calor espantoso, y las moscas me lo hicieron pasar mal. Con la caída de la tarde, aparecieron un grupo de jabalíes, todos adultos, siete iban, y me deleitaron con algo que, hasta entonces, no había visto nunca, una batalla campal entre lo que supongo seis machos, precedió a una cópula del vencedor, que por cierto y visto con los prismáticos, parecía llevar una bolsa de plástico en el morro, al mirar con el catalejo, resultó ser espuma, babas…impresionante, que cabreo se debió agarrar el bicho…

A eso de las diez y pico, ya casi no se veía, me pareció ver al causante de mis desvelos entre las encinas, cuando le apunté con el visor se vía mejor, efectivamente, allí estaba el artista, decidí tirarle, la distancia no era exagerada, pero entre él y yo había dos barrancos, por el sonido del impacto creí haberle alcanzado, tomé puntos de referencia, y me atravesé hasta el lugar, al llegar no se veía absolutamente nada, con la ayuda de un encendedor, empecé a buscar desesperado, encontré un poco de sangre, y mi confianza en Rocky hizo que decidiera retirarme hasta el día siguiente.

Llegué a casa a eso de las doce, comí algo, poco, y me fui a la cama, a las cuatro de la mañana, y sin haber pegado un ojo, el monumental enfado de mi mujer hizo que me levantase, no podía quitarme de la cabeza el corzo, es que no podía cerrar los ojos sin verle, así que me fui a la perrera cogí a Rocky, y al monte.
Estuvimos al lado del coche mas de una hora esperando que se viera algo, cuando llegamos al punto de encuentro, Rocky empezó su trabajo, se puso histérico, daba vueltas arriba y abajo en un circulo corto, las luces del día me dijeron lo que había pasado, supongo que fueron mis amigos los jabalíes, y para mi dejaron únicamente una patita, bueno un pequeño trozo de lo que fue una patita.
A las doce del mediodía me rendí, por más vueltas y vueltas que dimos, no conseguimos encontrar más que la dichosa patita, el disgusto fue tremendo, y las broncas a Rocky se sucedieron, inmerecidas por supuesto. Total un desencanto tremendo.

Rocky solo duró dos años, al parecer su glotonería fue su perdición, una mañana amaneció muerto en su amplísima perrera, el veterinario dijo que había muerto de una torsión de no se que. Total que murió… de repente.
Nat, murió en acto de servicio, en su segundo año de jauría, su tremendo coraje, le llevó a lanzarse tras un jabalí a un gran canal de agua que alimenta una central, los dos aparecieron muertos en la reja que filtra el agua a la entrada de las turbinas.
¡ Que buenos recuerdos… Que par de perros…!

Ahora tengo otro teckel, (Edy), pequeño también pero este de pelo duro. Aunque me duela decirlo….Ni punto de comparación.

Perdón por los tostones.

Saludos,
Isaias



   
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(@Usuario anónimo)
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Cosas que NUNCA se deben hacer.

Me permito citar algunas cosas que por experiencia sé que nuca deben hacerse si queremos preparar un perro para rastrear piezas heridas:

- Herir a propósito a un animal sin ánimo de causarle una muerte inmediata. Hay personas y momentos que tienen la tentación de disparar a un animal sin otro objeto de ofrecer a su perro la oportunidad de seguir un rastro. He escuchado a algún guarda de alguna reserva de caza de España que tenía la oportunidad de preparar perros ya que tenía que abatir muchas ciervas y podía permirtirse el lujo de dejarlas simplemente heridas. Lo que vi me indujo a pensar que sus perros valían poco o nada.

Además de que desde un punto de vsita ético esto es absolútamente reprobable, lo cierto es que un perro que se está iniciando si debe abordar un rastreo de un pieza herida, por poner un ejemplo de jamón, tiene pocas posibilidades de culminar el rastreo con éxito.

La formación del rastreo debe ser sobre rastros naturales (sin pieza herida) y de salón (con sangre y sin pieza). Cuando el perro demuestre que es perseverante, que sortea dificultades, que tiene afición se le ofrece el rasreo de piezas heridas reales. Si la herida es en el pecho de la pieza mejor, ya que habrá muchas posibilidades de que el perro llegue a ella y la cobre. Si es de tripa también si bien, si se tratara de un jabalí grande o de un venado habrá que tener la precaución de proteger siempre a nuestro pupilo ante la eventualidad de que la pieza estuviese viva. Si la herida es en un miembro es mejor confiar el trabajo a un perro maestro ya que el rastreo puede durar muchas horas y desalentar al novato.

- Suponer donde debe estar la pieza sin que la sangre y el perro nos lo confirmen. En muchas ocasiones la pieza herida intenta cambiarnos el rastro, bien dando giros sobre su rastro, saltos atrás o subiendo taludes y cuestas. Se suele suponer que las piezas heridas no afrontan las cuestas arriba. Eso es falso y ehmos visto en multitud de ocasiones saltos imposibles en piezas heridas de forma fatal. En un rastreo el perro debe llevar la iniciativa y el conductor debe animar a su perro y confirmar que no cambió el rastro. Para ello debe mirar al suelo, comprobar la huella, las manchas de sangre -si es que las hay-, su altura y dirección, el tipo y olor de la misma, etc.

- Entrar a rastrear inmediatamente después del disparo. De forma habitual la mayoría de las piezas heridas, con independencia del alcance de la misma, tienden a tumbarse relativamente cerca del punto en el que se encontraban al resultar heridos. Están estresados, desconcertados y muy, pero muy alerta. en estas condiciones la adrenalina les permite una reacción explosiva, dos saltos o una carrera franca, el cruce de vaguadas, ríos o el rastro de otras piezas y entonces.... nada.

Siempre se indica. Debe esperarse un tiempo prudencial de media hora, pero añadiría que eso depende del tipo de arma y de la herida. En un disparo que alcanza el pecho esto es normalmente suficiente. Escucharemos el tarameo, los estertores, el pataleo, etc. Cuando cese, se espera unos minutos y vamos con el perro al punto de impacto, ¡no a la entrada al monte! El cobro está asegurado. Si le herida es de tripa hay que esperar. Recientemente cobré un corzo 4 horas después de ser herido. El tiro alcanzó el abdomen con salida de tubo intestinal. En el rastro no había ni gota de sangre -esto es muy normal en heridas en abdomen si no se alcanza el híado, bazo o la aorta- el corzo estaba vivo y se levantó y huyó en tres ocasiones antes de que el perro lo bloquease. En el jabalí esto es aún más crítico habida cuenta de su resistencia a la infección y su estrategia de revolcarse en barro y taponar las heridas.

La auténtica dimensión de un perro maestro en el rastreo de piezas heridas nos la da el poder hacerlo cuando han pasado bastantes horas desde el disparo y tener la seguridad de que la pieza se va a cobrar. Pensar en perseguir horas y horas por montes fragosos a una pieza herida convierte esta disciplina en un calvario.

Saludos.

Gerardo Pajares



   
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(@Usuario anónimo)
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Buenos días Gerardo si no te importa me gustaría, hacerte una pregunta sobre los perros de sangre, que por otra parte es un tema que me apasiona.

Tengo dos Teckel, Rocko y Rita, Rocko tiene 6 años y esta en su mejor momento, fuerte, sereno, seguro es el perro de mi vida ( con 6 meses cobro su primer corzo), pero claro los años no pasan en valde y quiero dejar una cria de él, entonces es cuando me hize con Rita, tiene 5 meses y bueno ya a mordido unos cuantos bichos, tengo unas pieles congeladas con la que trabajo de vez en cuando, aunque sobre todo estoy centrado en que aprenda las nociones basicas de obediencia.
Mi dilema es el siguiente, yo quiero sacar a recechar esta Primavera a Rita, para que vaya entrando en harina, pero me parece injusto por Rocko que tendra que quedarse en casa por primera vez, siempre me acompaña a los recechos, tu como actuarias?, llevar a los dos, cada día uno, no se tengo un dilema moral, por favor dame tu opinion.

Un fuerte abrazo.



   
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(@Usuario anónimo)
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Mi experiencia es que si llevas a los dos trabajará el perro maestro. Metidos en harina nadie arriesga. Mi consejo sería emplear a Rita y dejar a Rocko. Si con Rita no resuelves y si Rocko es un perro ya bregado en el rastro no pasará gran cosa porque transcurran unas horas y tengas que recurrir a él. Acuérdate, eso sí, de ir marcando bien el rastro ya que podrás confiar menos en la más joven.

Eso que te ocurre a ti nos pasa y ha pasado a todos. Yo he tenido castigado a Trasto durante 2 años porque confío ciegamente en su madre. Este año quiso que Runa estuviera recién parida y me viese en la obligación de recurrir a su retoño. El resultado fue excelente.

Suerte.

Gerardo Pajares



   
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(@Usuario anónimo)
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Hola Patxi:

Esa cosa se llama "bringsel". Se trata de un objeto que cuelga del collar del perro y que éste toma en la boca al encontrar la pieza muerta y regresa en busca del conductor. Se utiliza en el cobro libre con perros de razas dedicadas preferentemente a la caza menor o perro de muestra como musterlander, bracos de pelo corto o duro, o inlcuso con pointers, pero nunca con rastreadores como sabuesos de Baviera, Hannover o teckels.

Estos perros reciben el nombre alemán de Bringselverweiser. El adiestramiento de estos perros está bien descrito en el libro de Henri Fuster "Le Chien de sang". Primero debe cobrar el perro a distancia, luego se adiestra en el cobro forzado. Luego se le enseña a coger el bringsel sobre un señuelo (una piela fresca), a portar y a devolver el bringsel sobre el señuelo. Inicialmente se enseña con trailla. Debe estimularse al perro para que no muerda la pieza o señuelo y se concentre sólo en el bringsel.

Como dice Henri Fuster la búsqueda libre tiene sin embargo sus límites. Difícilmente un perro de muestra "aguantará" a un ciervo o a un gran jabalí herido. Además la búsqueda libre con bringsel no permite que el perro haga un rastreo muy largo, regrese y conduzca al maestro a la pieza. Se reserva para rastreos relativamente cortos y especialmente en el caso de corzos.

Como bringsels se pueden utilizar muchas cosas incluida una pezuña curada de corzo.

Y no, no conozco a ningún español que lo realice con corrección si bien sí he escuchado de algún perro educado en Alemania que ahora está por España.

Saludos

Gerardo Pajares



   
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(@Usuario anónimo)
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Hola amigos foreros,

tengo perros de rastro desde mi abuelo pero hace poco conocí un hannoveriano y me he quedado enamorado de la raza.
Me gustaria saber más acerca de ellos antes de hacerme con un cachorro.
Os agradeceria mucho la información.

Gracias y que os traigan mucho los reyes



   
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(@Usuario anónimo)
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Hola Jonathan:

El hannoveriano es sin lugar a dudas un perro singular. Tiene quizás la mejor nariz para el rastreo de piezas heridas, y con el bloodhound puede que sean las narices más finas del mundo canino. El hannoveriano es el auténtico especialista en el rastreo de piezas heridas y todo lo demás es posible que se derive de él.

Esta raza está reservada para guardas o guías altamente especializados y no es aconsejable para realizar pisteos ocasionales. Conseguir un cachorro no es nada sencillo y menos aún obtener su carta de origen y su inscripción en los registros oficiales. La raza es propiedad de un selecto club que desde hace unos 200 años cuida de ella con un enorme celo. Creo que para que un hannoveriano esté en su sazón no debe bajar de 40-50 rastreos por año, entendiendo que para ellos un recorrido de 200 metros desde el punto arranque a la pieza no es nada.

Otra particularidad de esta raza es que la ortodoxia permite realizar parte del trabajo sin la correa de rastreo. Insisto una vez más que el rastreo de piezas heridas se debe realizar siempre con el perro de la correa. Pues bien, en esta raza está permitido liberar al perro después de realizar un levante de una cama de sangre, esto es, después de rastrear de la trailla y si la pieza está aún viva, y si esta se levanta y huye se puede liberar al perro de la correa para que persiga, acose y bloquée a la pieza.

El adiestramiento de estos perros es también muy particular. Se insiste en que deben ser adiestrados originalmente en el rastreo natural de piezas sanas si bien con la condición de que escoja un individuo en particular y no cambie el ratro por muchas piezas que lo crucen. Se trata de estimular desde jóvenes la resistencia al cambio para una rza que se utiliza cunado todas las demás son incapaces de discernir el rastro. Son capaces de tomar el rastro de una semana de antigüedad -aunque desde el punto de vista de la caza eso es irrelevante ya que el animal tendrá poco provecho- y llegar a acabarlo sin cambiarse. Para adiestrarlo el guía debe disponer de tiempo para ir al campo sin el perro, ver la pieza a seguir, ver su huida, y después de 5-7 horas acudir con el perro de la correa y ponerle en el rastro. Igualmente debe utilizarse en el rastreo el "sabot" o zapatos de madera en los que se insertan las pezuñas de animales cazados. Estas pezuñas se pueden congelar y descongelar de forma sucesiva y llegan a durar una año. Con ellas se marcan rastros y después de transcurrir 6 a 12 horas se trabaja con el perro.

Más adelante se empieza con la sangre, que para esta raza es muy fácil de seguir y no tiene misterios.

En todo caso es bueno saber que es la raza de rastreo con el adiestramiento más largo y complicado. Un Sabueso de la montaña de Baviera o un teckel son mucho más sencillos, más baratos y de menos gasto.

Espero que esto ayude. Saludos.

Gerardo Pajares



   
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(@Usuario anónimo)
Registrado: hace 1 segundo
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Muchas gracias Gerardo,

La verdad es que vas a tener razón y creo que un sabueso de Baviera va a ser mejor elección y más barata.

Muchas gracias.



   
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(@Pedro Ampuero )
Reputable Member
Registrado: hace 7 años
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Me ha encantado el tema , que pena que no sigais contandonos cosas.Muchisimas gracias a todos!!

Una pregunta, a que llamais collar con virador?

Otra cosa, os poneis algo en los pies para que a la hora de hacer el rastro no siguan vuestras huellas?

Teneis unos perros preciosos!

Un saludo

Pedro Ampuero



   
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(@Gerardo Pajares Bernaldo de Quiros)
Famed Member
Registrado: hace 7 años
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Pedro, son este tipo de collares [Img] [/Img]

Este fin de semana tendremos tiempo de charlar sobre el rastreo de piezas heridas y con seguridad verás a Runa trabajando. Tu te ocupas de las fotos y de los videos.

Abrazos



   
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(@Gerardo Pajares Bernaldo de Quiros)
Famed Member
Registrado: hace 7 años
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Pedro,

Te coloco unas fotos de los chanclos. Este está hecho por mi en 15 minutos con una tabla de castaño un bolso de cuero que le quité a mi santa -casi me mata- cuatro tornillos, dos pletinas y un cordón. Se introduce la pezuña por arriba de modo que las uñas sobresalgan del nivel del suelo. Creo que es mejorable pero funciona muy bien.

Saludos



   
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