EL pasado sábado, durante la visita a la Exposición de la Cuerna del Corzo que se puede ver en el Museo de la Fauna Salvaje, debatíamos sobre si la presencia o no de múltiples puntas tiene o puede tener una base genética. Yo argumentaba que no. Al menos en principio todo apunta a que el aumento en el número de puntas en las cuernas del corzo obedece a traumatismos y no a la variabilidad genética. Por suepuesto que hay individuos que presentan variaciones de la cuerna relacionadas con la herencia. Estas variaciones se centran sobre todo en la conformación general: cuernas abiertas o cerradas, gruesas o delgadas, de puntas más o menos largas, relacionadas con la posición de las puntas, más altas o más bajas, etc. Pero poco o nada debe tener que ver con un número de puntas mayor a tres. Es más, sí que puede haber tendencia, poco seleccionada por cierto, hacia cuernas con menos de tres puntas, pero poco o nada hacia cuernas de 4 o más puntas.
Lo que he leido de diferentes autores avala la tesis traumática, y de otra parte si repasamos a todos los parientes más próximos del corzo veremos que el modelo de tres puntas por cuerna es muy estable. Esta estabilidad nos habla de una inercia genética muy grande al cambio en este modelo de cuerna. Así si se mira al Corzo siberiano (Capreolus pygargus) o los corzos asiáticos (Capreolus pygargus bedfordi), al Ciervo de los pantanos (Blastocerus dichotomus), al Ciervo de la Pampa (Ozotoceros bezoarticus), al Huemul (Hippocamelus bisulcus) o a la Taruca (Hippocamelus antisensis), veréis como sus cuernas se parecen más o menos a la del corzo y que el número de puntas raramente excede de tres (salvo en el mayor de ellos) y que con frecuencia presentan anomalías similares a las del corzo.
El corzo, por su comportamiento agresivo, y por el medio en el que vive, reúne las condiciones para sufrir bastantes golpes en la cuerna en crecimiento, y con seguridad esto es la causa de la abundancia de cuernas curiosas que podemos encontrar.
Saludos

