Todos los años lo mismo. Cantidad de cazadores con los que hablo me cuentan sus lances y uno tras otro me relatan como puede ser que hayan fallado un corzo a 50 , 80 , 100 metros cruzado y parado. A lo que siempre le pregunto .-¿ Fuiste a ver el tiro? Raudos me contestan que no, pues el corzo salió corriendo. Entonces viene la siguiente pregunta . Pero cuantos metros viste correr al corzo?? A lo que muchos me contestan 10 20 , 30 metros algunos ni eso.
Ya se que esto es el abc del cazador de rececho y que se ha dicho infinidad de veces . Pero no se por que no llega el mensaje . Hay cantidad de cazadores que no miran el tiro a ver si encuentran alguna señal o evidencia de su acierto o fracaso . En algunos casos corceros consumados .
Supongo que la gente ve tan frágil un corzo comparado con el jabalí que con un calibre grande les parece imposible dar a un corzo y que no se quede planchado.
Son infinidad las veces que ves como un corzo con el corazón o pulmones literalmente partidos es capaz de correr 30- 40 metros sin dar ninguna señal aparente de llevar la muerte encima. Mi primer corzo cazado a 8 metros con escopeta le saqué el corazón y los pulmones y si no es por que a 40 metros le ví dar un mal salto creía que lo había fallado pues no llegué a ver donde caía.
Este mensaje es para las personas del foro que escribís en revistas del sector hagáis hincapié pues creo sinceramente que es una asignatura pendiente.
Un saludo a todos.
David Sanz
Pues que totalmente de acuerdo, y además después hay que disponer de un perro de sangre y de un conductor. La caza ni empieza ni acaba con el tiro (vamos, digo yo).
Un saludo
Tienes toda la razón, David, pues esto no sólo es el ABC -como dices- del cazador de rececho: en cualquier modalidad (espera, montería, etc.) hay que ir al tiro, donde muchas veces se encuentra uno gratas sorpresas.
Ya que nos arrojas un comprensible guante a los que escribimos de vez en cuando, copio a continuación unos párrafos de mi recientemente publicado libro "Cosas de Corzos":
"El corzo, contra la creencia común, no es en absoluto un animal blando, pudiendo recorrer –aún con un tiro bien colocado- varias decenas de metros antes de caer muerto. Son precisamente los tiros más mortales, colocados en pleno costado, los que en numerosas ocasiones provocan la huida impetuosa de un animal aparentemente indemne, sin manifestar síntoma alguno de haber sido alcanzado por el impacto. Por ello, y como debe hacerse siempre con cualquier animal de caza mayor, hay que registrar detallada y minuciosamente el lugar del disparo y los alrededores e intentar seguir la carrera del animal durante unos cien metros, incluso en el caso de que el corzo no haya dado ninguna muestra de haber sido herido.
Conviene, si se albergan dudas de la letalidad del disparo (y más aún si se tiene constancia de haber malherido al animal), dejar pasar un cierto tiempo antes de arrimarse al tiro, a fin de dejar al corzo “enfriarse”, evitando así que, sacando fuerzas de flaqueza, pueda arrancarse y huir ante la llegada del cazador, complicando las cosas.
La experiencia ayuda mucho, aún en ausencia de rastro de sangre, a saber si se ha hecho blanco: el propio convencimiento del cazador de haber apuntado y disparado correctamente, el ruido del impacto de la bala al hacer carne –que en bastante ocasiones puede oírse, aunque haya que saber reconocer su característico sonido-, la manera más o menos aturullada de correr del animal tras el disparo, o el que se haya detenido o no a ladrar, entre sorprendido y desafiante, tan pronto como se siente a cubierto, son síntomas que deben valorarse para insistir o desistir en la búsqueda de la pieza. En más de una ocasión –como recompensa a mi obstinada perseverancia en el cobro- me he llevado la alegría de tropezar, oculto tras de cualquier mata o sumergido en dos palmos de hierba, con un corzo que no había dado antes ninguna gota de sangre ni hecho extraño alguno en el momento del tiro.
Por supuesto que el concurso y la colaboración de un perro de sangre –no sólo habitual sino incluso legalmente obligatoria en algunos países en cualquier rececho- es la mejor y más eficaz opción para garantizar el cobro. Este tema, sin embargo, es tan amplio que desborda el alcance de estas líneas y merecería un libro entero que, en español, aún desgraciadamente no existe."
Un abrazo:
Pablo Ortega
Con relación a este asunto, y después de trabajar algunos años con guardas de caza qeu acompañan en las cacerías he comprobado lo siguiente:
- Hay guardas que acompañan a cazadores que nunca o casi nunca dejan piezas heridas. O mueren en el acto o el cazador ha fallado.
- Hay guardas que tienen mala suerte con los cazadores, siempre cogen a los chambones que andan dejando piezas heridas.
La diferencia entre estos primeros guardas y los segundos son varias:
- Los disparos se hacen desde lejos, generalmente desde cerca del vehículo.
- Se tiene prisa por terminar la cacería u obtener la mayor renta en número de piezas abatidas
- No se revisa el lugar de la huida de la pieza
- Y lo más importante, los segundos llevan siempre un perro especialista en ratrear piezas heridas
Si esto es así en los recechos qué decir de las batidas. Las piezas referenciadas por Álvaro son el resultado del control de tiro en batidas francesas. Doy fe de que en las españolas las cifras son similares o peores.
Saludos

