Desde hace meses algún vendedor de fantasias cinegéticas ha emprendido un proceso de publicidad viral basada en el envío de documentos en pdf con fotografías de animales muertos con trofeos descomunales.
Si bien no tengo la evidencia sí que me da la impresión de que esos trofeos, al menos muchos de ellos, provienen de granjas, en realidad animales criados en cautividad, soltados -que no liberados- para que alguien les arrime un escopetazo y se haga la apertinente fotografía.
A ello se suman ahora corzos que exhiben grandes pelucas. Meses atrás el CIC alertaba de la situación que se está produciendo en ciertos países del Este de Europa, en los que se manipula química y quirurgicamente a los animales para provocar este tipo, y otros, de trofeos desproporcionados.
Más allá de la postura dignísima del CIC de rechazar y condenar estos manejos, creo que la propia legislación europea en materia de bienestar animal lo impide y espero que se produzcan intervenciones judiciales en el tema.
En todo caso es bueno tener presente que conseguir un trofeo enorme de la mano de estos orgánicos puede tener mucho de manipulación, poco o nada de suerte y no es necesaria nada de habilidad.
La caza fue paradigma de destreza, sufrimiento, paciencia, habilidad, perseverancia, fortaleza, tesón y gran conocimiento del monte y sus criaturas. De la mano de estos vendedores de fantasías deja de ser caza para ser otra cosa que no sé calificar. ¡Qué lastima que algunos mezclen sus retratos con estas pobres bestias domeñadas con otras de gente que realmente sí ha cazado.
Saludos
Gerardo Pajares

