Para todos los bichos son días clave en la prosperidad de su prole y visto que la propia vida no tiene mayor sentido que la supervivencia de la especie, hacen las labores de padres lo mejor que pueden, jugándose el tipo si es necesario.
Este corcino que apenas superaría el Kg. de peso tiene un futuro incierto. Su madre resultó atropellada en la carretera y los insistentes gritos del bichillo nos llevaron hasta él. Por más que buscamos y escuchamos no dimos con su posible hermano. Sin saber qué hacer y a falta de mejores opciones, quedo consignado para su crianza a una señora del pueblo que tenía cierta experiencia con ganado, y que ya había criado algún otro en el pasado según nos contó. No era más que la menos mala de las soluciones que allí se propusieron.
Esta otra familia no tiene ningún problema. La corza me había visto cerca de donde tenía escondido uno de sus corcinos y decidió cambiarlo de sitio. Lo malo del asunto era despertar al corcino que no quería moverse ni poco ni mucho. Para que se levantara no le quedó otro remedio que tirarle de las orejas, meterle un buen rechupeteo y obligarle a que la siguiera.
Una escena para el recuerdo, de una ternura especial.
Saludos a todos.
Mario Bregaña
Hola Mario! Qué gusto poder ver todo eso! Menudo estirón de orejas se ha llevado el pequeñajo... Enhorabuena y gracias por compartirlas.
Un saludo.
Borja Sanz.
Una vez mas enhorabuena.
Saludos,
Oscar Barajas
¡Muy bueno MArio! Nunca había visto nada parecido a ese tirón de orejas. ¡Cómo son las madres!
Muchas gracias por compartirlo.
Gerardo Pajares
Qué elegantes son incluso de pequeñajos! La última foto me encanta, es una casualidad de la foto, un rizo del pelo, o parece que el corcino apunta lo que podría ser los botones??
Un saludo y gracias como siempre!
Alfonso Urbano López de Carrizosa
Precioso Reportaje Mario, hay que ver las cosas que hacen las madres por sus crias, nunca habia visto nada igual, eso es un "tiron de orejas" en toda regla jeje,
Gracias por compartirlas
Saludos
Mario me vas a llevar a la ruina, bueno tu y la crisis, he tenido que salir a comprar algunos sombreros, afortunadamente he descubierto que para el verano se pueden comprar por Internet unos sevillanos estupendos, con la cinta hecha de tela de capote de torero, ya solo me los quito ante tus fotos.
El sabado estuve haciendo una espera a los cochinos, tengo un puesto precioso que por sus formas he bautizado como "El Confesionario", al final y ya bien oscuro me entró el sujeto esperado, me he negado a utilizar luz artificial contra él y no pude disparar aunque asistí a todo un concierto de gruñidos y bufidos amenazadores emitidos contra sus congeneres que pretendián compartir su cena, antes disfruté de las aventuras de una pareja de azulones en un charca, los venados que bajaban a beber no les importan un comino, con un zorro tomarón posiciones en el centro de la charca sin perderle de vista, a los rabilargos les tienen ojeriza y los quitaban de su entorno airadamente, cuando un halcon sobrevolo la charca la pareja se sumergió durante un largo rato, pude ver sus picos asomar entre los juncos pero ni un movimiento delator, si no llego a tener los Leica y saber que estaban allí no los descubro, a las nueve menos veinte entraron a bañarse y a beber tres cochinas con una tropa de al menos doce cochinetes sin graduación de tamaños variados, los patos tomaron las de Villadiego aunque pasado el peligro volvieron, por cierto las cochinas y su tropa no osaron ni acercarse a la cena del gran macho, se conoce que la tiene marcada con una señal de prohibido que yo no logro descubrir, en fin una noche magnifica con el solo inconveniente de las garrapatas que por eso de mantenerlas alejadas de las zonas más recatadas te obligan a estar como un buzo. Llevaba la pequeña Lumix en el morral pero no me atreví a moverme pues al puñetero cochino lo he visto parado, observando a la orilla del monte, durante más de una hora tomando nota del entorno, a él le delataron las orejas yo no quise que me delataran las manos con la Lumix y perdí unas buenas fotos.
Un cordial y admirado saludo, Julián Coca











