Son unas fotografías de mediados de noviembre que había dejado algo arrinconadas, pero como ahora apenas dispongo de tiempo libre para salir con la cámara, - el irresistible atractivo de las perdices de los domingos, las pocas horas de luz, y la incesante demanda de los pequeños de la casa, - son sin duda alguna los principales motivos de mi abandono momentáneo.
En cualquier caso se trata de la última familia fotografiada durante este año, en la cual el macho aún conservaba su trofeo.







Fue un rececho al atardecer, y de regreso a casa los volví a encontrar ya transponiendo el viso.

Un cordial saludo.
Precioso deforme!!!
Gracias por las fotos,
Pedro Ampuero

