Al margen de que la compacta y el fotógrafo no diéramos para más, el vendaval me cimbreaba como quería, por lo que lo del pulso para esto de las fotografías sencillamente no existía, motivo por el cual pido disculpas por anticipado, y sirvan las imágenes que a continuación siguen para ver a unos diferentes grupos de corzos en las tierras del páramo que es donde en esta ocasión tocaba rececharles y nada más.
El primer grupo de la mañana resultó ser el más numeroso.


Un segundo grupo algo más nítido, pero siempre con mala luz.


Quiso la casualidad que en esta fotografía se dieran cita por un momento mis dos mayores pasiones cinegéticas.


De regreso a casa, el último grupo en la mitad del rastrojo.

Un cordial saludo.
Muy chulas Andrés, por aquí ya empiezan a agruparse también. La luz un poco apagada, pero era la que tenías.
Saludos

