El pasado fin de semana me decidí a cobrar un corzo, que llavaba viendo ya algunas semanas. Al animal le había notado que cojeaba algo, pero no tanto como para decidirme a tirarlo, dado que el corzo parecía joven (unos tres años) y con posibilidad de ir a más.
Le ví ya aparentemente descorreado el 9 de Abril, y desde entonces, en las dos ocasiones que lo volví a ver, con buena luz y los 60 aumentos del Swarovsky, observé que se le mantenían restos de correal en la horquilla superior de ambas cuernas, lo cual me llamó la atención pues, como es bien sabido, es la zona que habitualmente antes queda limpia, ya que es la queda más expuesta a los frotamientos con las matas.
Como el otro día, tres semanas más tarde, ví que los restos de correa seguían allí, y además me pareció que el bicho cojeaba más que las otras veces, me decidí a tirarlo. Tras un bonito e intenso rececho, arrastrándome por un pelado y con un ojo puesto en él y otro en las tres corzas que comían en la misma siembra, me arrimé a sesenta metros y lo puse patas arriba.
Al llegar y analizar el animal en busca de la causa de la cojera, me encontré una singularidad que nunca antes había visto, ni oído hablar de ella: en una de las manos, tal y como se ve en las fotos que adjunto, tenía una sóla pezuña, como una porra. De la otra uña, no había ni rastro.
Al destazar y desollar el corzo aún me encontraría más sorpresas: no menos de veinte perdigones de sexta en la cara, cuello y, sobre todo, en la mano deforme. Los perdigones estaban enquistados entre la piel y los músculos.
Al preparar el trofeo he comprobado, por el desgaste de la mandíbula, que el animal es más viejo de lo que yo pensaba (cuatro o cinco años) y que además carecía también de incisivos (en la mandíbula inferior, lógicamente, ya que arriba no tienen nunca). En este caso la mandíbula inferior presentaba una callosidad similar a la de la mandíbula superior.
Me cuesta pensar, sin embargo, a pesar de la perdigonada que debió recibir el animal, que la carencia de incisivos y la deformidad de la pata, aparentemente congénita, puede tener que ver aquello. ¿Y la permanencia inhabitual de correal en la cuerna?. ¿Alguien tiene alguna opinión que pueda arrojar algo de luz sobre el asunto?
Pablo Ortega
Otro detalle de la mano.
Lateral
Pablo,
Personalmente no poder aportar nada a tus comentarios, lo único que me llama la atención es lo mal trajeado que estaba el corzo, el cuellecito que tiene, su tamaño, el correal en las contras...
Si no fuera por lo comentas de las mandibulas yo siempre hubiera pensado que se trataría de un corzo joven.
Saludos,
Juanra Mesonero
Personalmente creo que es una "monodactilia" por un error en la diferenciación embrionaria del metacarpo. De todos modos eso lo revelará una radiografía o el descanado y limpieza de la pieza osea que Pablo tiene conservada.
Lo de la cojera puede no tener nada que ver, ya que los perdigones son causa suficiente. En varios casos he reportado el hallazgo de perdigones en corzo con cuadros lesionales -inflamaciones en rodillas por ejemplo-.
Lo del correal sin terminar de limpiar no es tampoco un asunto extraño. He visto varios casos de que permanezcan este tipo de capuchones dérmicos totalmente apergaminados en las puntas de corzos adultos. Lo del pelaje depende mucho de la condición de la foto, de la época del año, y por supuesto de la salud. Los perdigones on una mala enfermedad...
Saludos
Gerardo Pajares

