Tras las primeras horas de la mañana, los ciervos se retiran a lo más espero del bosque a pasar las horas centrales del día, aunque siguen berreando periódicamente para evitar cualquier intento de incursión de otro congénere.

 

Pero tras éste descanso, por la tarde, comienzan los movimientos de las hembras y los machos vuelven a su tarea de congregar y acaparar el mayor número de ellas.

El control sobre éstas es máximo, inspeccionando frecuentemente una por una para ver cual está receptiva.

Los momentos de tranquilidad y reposo son pocos, por eso los aprovechan al máximo, aunque sin dejar de hacer notar su presencia, en algunos casos este estado de esfuerzo, trabajo, falta de alimentación y estrés puede causar la muerte de algunos ejemplares.