Este año, como siempre, y van ya tres, te vi al comenzar la temporada. Alli estabas. En tu rincón favorito. Yo pasaba con mi coche y tu, seguro de ti mismo, me mirabas desafiante. Estabas en el mismo lugar en el que el pasado año te peiné los lomos en una atardecida. Y muy próximo al sitio en el que mi compañero de andanzas te lanzó un par de salvas hace dos años.
Son ya tres años y tu aspecto empieza a denotarlo. Ya tenías un trofeo respetable la primera vez que nos vimos. Ahora, espectacular.
Dejé de verte. Y de pronto, una tarde casi noche, te intuí otra vez. Te habías corrido unos cientos de metros a una parcela cercana en busca de jugosos girasoles. Allí estabas otra vez, en medio de la parcela. Desafiante te intuía.
Hasta cuatro anochecidas más te volví a percibir. Eras una sombra solitaria que cuando escuchabas el ronroneo del vehículo comenzabas elegantemente a poner distancia entre ambos. Sin prisa, sin perder la compostura,... pues te sabías a salvo en esas circunstancias.
Hace unos días decidí esperarte. Imaginé el mejor lugar para apostarme y lo puse en práctica. Debajo de un chaparro y protegido por unos plumeros que me quitaban de la vista de incomodos curiosos.
El reloj fué pasando. Fuiste absolutamente puntual. Las diez de la noche te abía calculado y apareciste a falta de un minuto, con los ultimos minutos de luz.
Cogí los prismáticos y te desnudé. Sorpresa. Cogí mi cámara fotográfica y a 130 metros te hice una bonita foto.
Despacito, con sigilo, fuí recogiendo todos los achiperres. Había disfrutado como un niño. Había imaginado la espera, había escogido el lugar, había adivinado tu horario y te había hecho una bonita foto. Me fui sin hacer ruido, como si nunca hubiera estado allí. Tu seguiste cardando los líneos de pipas. Todo había terminado.... por ahora.
Que mas daba que no fueras el macho que llevaba noches soñando y al que casi le había contado las perlas de las cuernas!! Eras una bonita hembra solitaria que me había permitido hacer un aguardo maravilloso.
Mi macho ya aparecerá otro día en ese o en otro lugar. Como los fantasmas. Como el fantasma que fui yo la pasada noche...
Jose Maria del Cuvillo
Y el fantasma reapareció.... Hace unos días me llamó mi amigo Fernando que me ayuda con el coto. Dando una vuelta a la finca, ya sin armas a mano, al fondo de una rastrojera, en su sitio, allí estaba el señor dando buena cuenta de las ricias de septiembre.
Y yo que me maliciaba que me lo habían espabilado, que si está muy cerca de la carretera, que si los furtivos nos están buscando las vueltas, que no puede ser, que seguro que ya cuelga en la pared de un desaprensivo, etc....
Pues no señor. El duende hizo de duende o se transformó en fantasma, que me da lo mismo. El caso es que allí sigue y cada año mejor, como los buenos vinos.
Ya se donde iré el primer día de temporada, allá por abril....

