El verano va llegando a su fin y para la mayoría las vacaciones se acabaron, mucho más lejano queda el recuerdo del celo del corzo, ese momento tan esperado como difuso y efímero, en el que muchos esperan encontrar los mejores corzos.
Como dijeron algunos en su momento, no por estar en celo se ven (o si) corzos como si fuesen flores en primavera, pero si es cierto que una vez que localizas un corzo "encelado" con una hembra, es mucho más fácil acercarse a ellos, ya que de la único que hay que preocuparse es de que ellas no te vean; los machos ni ven ni oyen más allá de los 10-15 metros de distancia que les separan de sus hembras.
En una de esas jornadas de finales de julio, concretamente el día 26, ya bien entrada la mañana y encontrándome de retirada (aunque en esta época no hay mala hora de caza,) pasó por delante de mí una hembra a paso ligero a escasos 40 metros. Como se quedó tras una zarza decidí seguir andando para aproximarme, al segundo de tomar mi decisión vi a mi izquierda (dirección de la que venía ésta) a un macho, que hizo lo propio conmigo, por lo que decidimos mirarnos el uno al otro.

Creo que no nos gustamos mutuamente, a él le gustaba más su corza y a mí, él no me terminaba de convencer. A pesar de verme, ni ladró ni me prestó la menor atención y decidió seguir los pasos de su hembra.

Como ella no estaba muy por la labor de entregarse, pegó una pequeña carrerita, seguida de su galán, lo que les hizo y trasponer por delante de mí.

Como había muchos brezos y apretaba el calor, imaginé que no andarían muy lejos por lo que decidí avanzar en línea recta por donde se escondió la pareja.
Al llegar la zona por donde habían traspuesto, de un gran brezo de un par de metros de altura y a escasos 8 metros de mí, se levantaron los dos.
Pasados unos segundos de inmovilidad el macho comenzó a rodear el brezo y a aproximarse para ver que había sido ese pequeño ruido que les había molestado. Al verme a escasos 12 metros se fue aproximando a mí y se quedó parado mirándome a unos 8 metros.

Una vez superados los nervios iniciales, comencé a hacerle fotos y aunque los brezos que nos separaban me limitaban un poco, pude sacar varios primeros planos.

Tras las fotos el macho volvió a no hacerme caso, ni ladrar, ni irse, ni nada y volvió a por su corza como si yo no estuviese allí, la pena es que la hembra también salió a curiosear y me vio, lo que hizo que se espantaran.
Al día siguiente, sobre la misma hora y en la mima mata donde los vi por primera vez el día anterior, se volvió a levantar la pareja. Una pequeña carrerita y se pararon a observar.

Otro cruce de miradas y la hembra se volvió a llevar al macho.

Una nueva experiencia con un bonito retrato de recuerdo.

Saludos,
Zalo Varas
Buen reportaje Zalo ¡¡ Si es que cuando un macho va detrás de una hembra, parece que lleve orejeras, como los machos ... (sirva este comentario para todas las especies, silvestres o no...,-)).
Abrazos
Enhorabuena Zalo,
Las fotos bien le valdrían "para el carnet". A mi el macho sí que me gusta, no parece especialmente viejo pero la cuerna me gusta.
Un saludo y gracias a los que seguís animando el foro con fotos.
Alfonso Urbano López de Carrizosa
Precioso Reportaje Gonzalo, vaya primeros planos que sacaste imagino que aguantaron bastante, como dice Javier cuando un macho anda encelao pierde la cabeza,
Por cierto vaya 26 de Julio (San Joaquin y Santa Ana) mas corcero que tuvistes jeje aunque haya otros que jamas olvidaran ese dia.
Abrazos
Felicidades por esas fotos y gracias por compartir tu experiencia.
Saludos
Gerardo Pajares
Muy buen reportaje Zalo.
Ese corzo merece la pena seguirle la pista para el año que viene.
Un abrazo,
Oscar Barajas

