Fotos para el concurso fotográfico.
Los primeros compases de la temporada son críticos en la vida del corzo. El invierno empieza a quedar atrás como un recuerdo de privaciones y son muchas las labores pendientes de cara a la incipiente primavera.
Los machos más avanzados ya muestran sus defensas completamente limpias y se afanan en ocupar los mejores territorios en pugna con sus rivales. Las luchas y carreras se suceden hasta que el ganador ocupa la zona de privilegio y mantiene alejados a los pretendientes al trono de su pequeño reino.
Los ejemplares más jóvenes, cubiertas todavía sus cuernas de la borra aterciopelada, vagan en busca de algún rincón en el que no generen molestia en los señores dominantes, que no dudarán en expulsarlos con malos modos. Parecen perdidos, asustadizos... en sus primeros pasos independientes como adultos.
Paradójicamente, grandes machos que anticipan un notable trofeo, se mantienen gregarios y unidos a grupos familiares sin que todavía hayan iniciado el proceso de descorreado. Sin duda, serán grandes trofeos, pero su ciclo vital lleva un mayor retraso.
La hembras, siempre atentas a cuanto sucede alrededor, pastan los primeros brotes tiernos que trae el anticipo del buen tiempo y muchas de ellas se hacen acompañar todavía de sus crías añales de la pasada primavera.
Los machos jóvenes más tiernos, que apenas apuntas unos incipientes cuernos en forma de pequeños mogotes, observan descuidados y curiosos al humano que los inmortaliza y disfruta de su presencia.














